Cómo identificar al imperialismo en España (I) El falso embargo de armas al genocidio

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En esta serie de artículos se pretende realizar una actualización del concepto imperialismo. La claridad de esta abstracción se antoja necesaria, debido al deterioro ideológico que supone el actual vaciamiento de contenido de una categoría histórica, puntal tradicional en la izquierda de clase. Se cuestionará en estas entradas cómo ese deterioro no es casual, sino que sigue la lógica de mantener velada la inoperancia de los partidos progresistas en España, que tan funcional resulta al propio imperialismo. Se expondrán en este y siguientes artículos ejemplos de la actualidad, siguiendo el método de aplicar los datos materiales a la dialéctica del conjunto.

En este se comienza por el caso del embargo de armas, pero al tratarse de la primera entrada de la serie hay una introducción general. Por ello facilito el siguiente esquema para el lector que desee saltarse la parte inicial y acudir al ejemplo concreto del embargo si es su deseo:

1. El debate sobre el imperialismo
2. Cómo situar al imperialismo hoy
3. La inoperancia de los partidos progresistas, funcional al imperialismo
4. El falso embargo de armas a Israel (ir a esta parte del artículo)

1. El debate sobre el imperialismo.

La velocidad a la que se mueve la actualidad en nuestros días es tan vertiginosa que resulta muy complicado analizarla. Pareciera que los sucesos avanzan más deprisa que nuestra capacidad de diseccionar sus motivaciones políticas y que ya no existen referentes ideológicos. A ello contribuye sin duda el hecho de que estemos asistiendo al horror del genocidio en Palestina, y la impotencia de comprobar que no surge una respuesta organizada internacionalmente para detenerlo. Además, en Siria hemos sido testigos de cómo su pueblo fue abandonado de una manera semejante en manos de criminales fanáticos.

En Europa, los gerifaltes de la UE pretenden recaudar millonarios créditos de guerra para detener la “amenaza rusa”, mientas asfixia a su propia economía boicoteando sus recursos. EEUU vive en una permanente tensión interna que trata de solucionar con extravagantes medidas arancelarias para ganar tiempo en su derrota tecnológica y comercial. Si a ello sumamos las permanentes injerencias del neoliberalismo contra legítimos gobiernos en Latinoamérica, los movimientos de liberación de la opresión neocolonial en África o las recurrentes primaveras «espontáneas» en Asia, la sensación de totum revolutum es apabullante y agota la capacidad de análisis de cualquiera.

En esta moderna Babel buscan su acomodo las diferentes perspectivas de la izquierda. En el revuelo vertiginoso de la cambiante actualidad, el concepto imperialismo ha sido tan manoseado que probablemente se pueda afirmar que ha perdido gran parte de su capacidad de servir de referencia conceptual para los diferentes movimientos dentro de la izquierda. A ello contribuye que, lógicamente, la configuración mundial ha cambiado en las últimas décadas. Era más sencillo identificarlo en los tiempos en los que el Che nos recordaba que “al imperialismo ni tantito así”.  

Tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU se arroga el papel de nuevo líder mundial consintiendo que le sigan como aliados los países alineados en subordinación económica. Esa situación de dos bloques desaparece junto con el hito soviético y el neoliberalismo sin rival extiende sus tentáculos en el globalismo.

Independientemente de que haya controversia en la manera de definir las identidades de los diferentes países y en especial los más poderosos económicamente, existe una certeza y es que la situación hegemónica de EEUU (en la que el imperialismo gira en torno a una estructura encabezada el país norteamericano y es sostenido por sus aliados y subordinados) ha dado paso a una nueva configuración mundial en la que los poderes económicos se reacomodan en torno a un mundo ya no unipolar.

La teoría de los clásicos marxistas y principalmente la leninista sigue siendo vigente como método para analizar los procesos sociales. En el famoso texto sobre el imperialismo como fase superior del capitalismo, Lenin expuso los rasgos que caracterizan al imperialismo en su época. La fase actual, pese a las grandes diferencias con los tiempos en los que Lenin describió al imperialismo, siguen demostrando que la dominación imperialista continúa precisando de la guerra (Palestina, Ucrania, Siria, Yemen, los bloqueos y permanentes amenazas militares a Cuba o Venezuela), pero fundamentalmente se manifiesta en dos formas: la dominación del capital financiero y el uso de la fuerza para la acumulación de capital a costa de los países dependientes.

2. Cómo situar al imperialismo hoy.

Para no entrar en la farragosa polémica sobre la caracterización de las potencias actuales como imperialistas o no, que excedería la pretensión de esta entrada inicial, podríamos centrarnos en nuestro análisis sobre estas premisas, en continuidad de las tesis leninistas: el uso del capital financiero (la fórmula clásica capital bancario + capital industrial en la forma actual extendida a los nuevos recursos monetarios que se destinan a la inversión en actividades económicas) y el uso de la fuerza (militar o en el uso de sanciones, bloqueos, recortes y otras expresiones híbridas, también violentas) para la dominación de los monopolios sobre la soberanía de los países dependientes.

El imperialismo en la actualidad opera mediante mecanismos más complejos y menos explícitos que en los siglos XIX y XX, aunque mantiene elementos centrales descritos por las teorías clásicas. Entre ellos:

  • la dominación financiera, mediante el control de mercados y sectores estratégicos (tecnología, energía, alimentos). También mediante la deuda con instituciones como el FMI o el Banco Mundial, controladas por potencias occidentales; estas instituciones imponen ajustes estructurales que obligan a los Estados a privatizar recursos o recortar gasto social (véase España).
  • la influencia geopolítica y militar, por ejemplo en las bases militares y alianzas (Estados Unidos, por ejemplo, posee unas 750 bases militares en 80 países, véase de nuevo España). Esa influencia es reflejada también en las guerras híbridas y sanciones (contra Irán, Venezuela o Rusia). Permite además la venta de armas para alimentar conflictos en regiones inestables.
  • la guerra monetaria: el dólar como moneda de reserva global permite a EEUU imponer sanciones y controlar transacciones internacionales (sistema SWIFT).

Así pues el imperialismo ya no se basa principalmente en la ocupación territorial directa (aunque sigue existiendo, en Palestina, Siria, Sáhara Occidental), sino en el control económico, financiero y tecnológico. Los actores incluyen no solo estados, sino corporaciones, fondos de inversión, y élites transnacionales. La dominación de los monopolios es más sutil: deuda, desigualdades comerciales, nuevas formas de colonialismo tecnológico y control cultural e ideológico.

    «Estamos en abril de 2022, pero parece abril de 1937 en Gernika», dijo el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en una videoconferencia frente al Pleno del Congreso. Aquel día los medidores del cinismo alcanzaron sus cotas más altas. El Pleno aplaudió la petición del mandatario sobre dinero español para armar a Ucrania contra Rusia, unos créditos de guerra que hoy persisten y además impuestos obligatoriamente sobre un porcentaje del PIB.

    3. La inoperancia de los partidos progresistas, funcional al imperialismo

    Fuera del método materialista y dialéctico, los análisis sobre la situación internacional son muy variopintos y en algunos casos llegan al esperpento. Los apoyos de los partidos progresistas en el Reino Unido, Francia o Alemania a los créditos de guerra contra Rusia -mientras las economías de estos países se desplomaban-, han llevado a la incongruencia de que partidos de derechas aprovecharan el oportunismo de señalar la obviedad de que esas políticas europeas estaban resultando calamitosas para las clases populares de estos países. Las izquierdas y las derechas europeas se miraron en los espejos deformantes, devolviendo a la opinión pública imágenes grotescas, y en ello perseveran.

    Esto sucede también en España, donde los partidos que apoyan o forman al Gobierno de Sánchez se preocuparon más por buscar trazas de imperialismo en el lejano oriente que en su propio país, mientras se sentaban a las mesas de negociaciones españolas los representantes de fondos de inversión como BlackRock, o mientras desde Bruselas les dictaban los recortes que debían obedecer para mantener el gasto en armas.

    Este desatino añade un componente de aturdimiento, dentro del ya embrollado panorama internacional, para terminar de convertir en un milagro el hecho de que una persona de la clase trabajadora de cualquiera de los países europeos pueda ser consciente de la situación en que vive. En este panorama desalentador, el sentido común aconseja reorganizar desde lo básico las posiciones de inicio en la lucha obrera de cada país.

    El antiimperialismo es por esencia internacionalista y solidario, si bien para ser efectivo debe empezar por ser consciente de la propia situación. Analizar el momento concreto de cada situación concreta. De poco va a servir a la lucha internacional el apoyo de un pueblo que se encuentra sometido a la opresión imperialista, sin que ningún referente político de su propio país le advierta de ello. Antes bien, el inmenso poder ideológico absorberá su esfuerzo o lo diluirá con artimañas, a la vez que el deterioro en las condiciones de vida de la clase trabajadora redundará en su dificultad para organizarse.

    Partidos desclasados de la «izquierda» europea contribuyen a popularizar la idea de las potencias no occidentales como enemigos, al mismo tiempo que colaboran con el deterioro de la propia economía europea y el expolio de los servicios públicos, en favor de los intereses económicos del entorno de la Alianza Atlántica.

    Continuando el método que estábamos aplicando, enfocado a la situación concreta de España, observamos que esta dominación del capital financiero obtenida mediante la fuerza y que socava los recursos nacionales en favor de intereses foráneos (imperialismo) se manifiesta de la siguiente manera:

    • Políticas de la Unión Europea (UE) y Políticas de Austeridad: con motivo de la crisis capitalista de 2008, la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) impuso duras políticas de recortes sociales, privatizaciones y reformas laborales que debilitaron el estado de bienestar español y beneficiaron a los acreedores del norte de Europa. Del mismo modo las Reglas Comerciales y Presupuestarias, las normas de déficit y deuda priorizaron el control de la inflación sobre el pleno empleo o la inversión social.
    • Dominio de Capital Extranjero en Sectores Estratégicos, fondos de inversión internacionales son accionistas mayoritarios o muy significativos en empresas del IBEX. Esto significa que decisiones estratégicas se toman fuera de España, priorizando la rentabilidad para inversores globales sobre el interés nacional o local. Sucede así en la Energía: Empresas extranjeras tienen una participación importante en el sector energético español. Esto otorga a gobiernos y capitales extranjeros un poder enorme sobre el precio de la luz y el gas, y sobre la política energética española.
    • Adquisición de Empresas Nacionales por Fondos Buitre: Las adquieren, las cargan de deuda, recortan costes (muchas veces mediante despidos), venden sus activos (inmuebles, patentes) y luego las vuelven a vender o las dejan quebradas. Su único objetivo es el beneficio financiero a corto plazo, no el desarrollo industrial o el mantenimiento del empleo en España.
    • Dependencia Tecnológica y Digital: gigantes tecnológicos dominan el mercado digital español sin casi competencia local. La presión de Estados Unidos para que España excluya a la china Huawei de su red 5G es un claro ejemplo de imperialismo tecnológico y geopolítico, donde España se ve forzada a alinearse con los intereses estratégicos de una superpotencia.

    Ninguna de estas circunstancias es advertida por los partidos que conforman o sostienen al Gobierno teóricamente progresista, debido a que la propia existencia de esos partidos (y el permiso para que participen del juego) proviene de las aceptación de las normas del entorno UE. Salir de ese cerrado «monopolio político» y contradecir sus normas equivale a ser desterrado al ostracismo fuera de los grandes medios y de los recursos que concede el Estado.

    4 El falso embargo de armas a Israel

    4.1 Un embargo «retórico»

    La presión social (boicot de la Vuelta Ciclista y las grandes movilizaciones organizadas por los movimientos pro Palestina) han obligado a los partidos progresistas españoles a multiplicarse en redes sociales y medios informativos para demostrar públicamente su postura con respecto a Israel. Se trata de llevar el relato a una posición en la que se empatiza con la indignación popular, a través del rechazo diplomático y de la presencia de sionistas en actos públicos o deportivos. Incluso el Gobierno ha pretendido desligarse de su relación con Israel anunciando un cese del comercio de armas, cuestión muy escandalosa y que fue denunciada en diversos medios como el nuestro (Les doy un dato: la relación comercial sobre armas con Israel).

    El Centre Delàs publicó informes que demostraban que el Gobierno continuó el comercio de armas con Israel también en la anterior legislatura con Podemos en posesión de carteras ministeriales. Además el tráfico de armas con destino a Israel se mantuvo igualmente en territorio nacional. Esto es debido a la trampa retórica que se explica aquí.

    Aunque esto supone un avance en la concienciación de los votantes y seguidores de estos partidos, no deja de ser un gesto retórico. El gobierno español de Pedro Sánchez y su coalición «de izquierdas» ha sido uno de los más críticos en la UE con el genocidio y ha abogado por el reconocimiento del Estado palestino y un alto el fuego. Esta actitud podría sugerir que el anunciado embargo de armas es cierto.

    Aunque la norma implica la prohibición de la compra y la venta de armamento y cualquier otro tipo de material de defensa o de doble uso, además de las denegaciones de tránsito de esos materiales, el propio texto permite una salida para esquivar este veto: la autorización puntual del Consejo de Ministros «cuando la aplicación de la prohibición prevista en dicho artículo suponga un menoscabo para los intereses generales nacionales».

    La realidad es que ese trasiego comercial (los datos reales), según los datos oficiales del Gobierno de España (publicados por la Secretaría de Estado de Comercio), no se detuvo nunca y las exportaciones de material de defensa a Israel continúan tal como vienen produciéndose en la última dácada, también en la anterior legislatura. ¿Qué variará entonces este decreto que se reduce a ciertos elementos como el combustible para «posible uso militar» y que además puede esquivarse? Probablemente variará en un abanico que va de poco a nada.

    4.2 España sometida a intereses imperialistas

    El motivo es porque -tal como estamos intentando explicar en esta entrada- España carece de soberanía para poder determinar no sólo los productos que transitan por su territorio, sino que además carece de capacidad para decidir cuáles productos debe comerciar; más aún, su modelo productivo está decidido y organizado por intereses foráneos, intereses claramente imperialistas.

    Las exportaciones que realiza España, como miembro de la UE, se entienden en el marco de la libre circulación de mercancías. Si una empresa de otro país de la unión (por ejemplo, Alemania) vende ciertos componentes a Israel, y esos componentes pasan por un puerto o aeropuerto español en tránsito (por poner un ejemplo, las bases yanquis), no se consideran una exportación española, sino un tránsito intracomunitario. El gobierno español tiene una capacidad legal muy limitada para impedir este tráfico.

    Es decir, España puede declarar un embargo a nivel retórico (para los medios y redes) y bloquear las ventas directas, pero está obligada por la normativa comunitaria a permitir el tránsito de material de defensa entre empresas de otros países de la UE e Israel.

    Así pues se trata de un acto de pura sumisión, de carencia de independencia funcional, una integración profunda en unas estructuras económicas, políticas y militares de las que es muy difícil desvincularse.

    4.3 Estructura de la sumisión imperialista en España en el «embargo» de armas

    Ese complejo entramado de obligaciones geopolíticas y dependencia de capital financiero (definicion que hemos aceptado de imperialismo), se puede diseccionar en la siguiente estructura:

    • España es miembro de pleno derecho de la OTAN desde 1982. La pertenencia a la Alianza implica asumir una serie de obligaciones: alineamiento de la política exterior de seguridad de España con los intereses de la OTAN. La base naval de Rota (Cádiz), clave para la flota estadounidense, es un símbolo de esta alianza.
    • Las fuerzas armadas españolas usan equipamiento y doctrinas estandarizadas con las de EEUU (aviones F-18, carros de combate Leopard)
    • La industria de defensa española es una subcontratista de grandes consorcios europeos y norteamericanos. Suspender el flujo de componentes afectaría gravemente a la industria nacional.

    Por lo tanto, el imperialismo al que está sujeta España es el euroatlántico, liderado por Estados Unidos y articulado a través de la OTAN y la UE. La normativa comunitaria que impide un embargo real es una muestra de ello.

    4.4 Una contradicción entre el interés del pueblo español y su alineamiento con el imperialismo

    La contradicción en el embargo se explica principalmente por las normas de la UE que priorizan el mercado único y limitan la capacidad de los estados miembros para bloquear el tránsito de material de defensa. Esta situación es un reflejo de la profunda integración de España en las estructuras del imperialismo (OTAN/UE), que genera una dependencia estratégica, industrial y militar que condiciona su política exterior, carente de soberanía.

    Pretender aquí buscar un «imperialismo» más allá de este entorno, diluyendo el concepto hacia supuestas injerencias chinas o rusas es inexacto. Con China, la relación es, en todo caso, de interdependencia económica dentro de la globalización, que además se produce de un modo totalmente ajeno a la violencia con la que esa dependencia es ejercida por la OTAN. Con Rusia, la relación es de antagonismo forzado dentro del marco de la OTAN (créditos de guerra que se exigen a partir del PIB y recortes en servicios sociales).

    En definitiva, tal como se ha tratado de explicar en esta primera entrada, el internacionalismo solidario con los pueblos oprimidos pasa por la necesidad de ser consciente de la propia opresión imperalista a la que estamos sometidos. En esencia, la polémica del embargo a Israel es un síntoma de la tensión permanente entre la voluntad política soberana de un gobierno y las ataduras estructurales que supone pertenecer a bloques geopolíticos y económicos mucho más grandes y poderosos.

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