La hipocresía farisea en la crítica a Venezuela

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Si Maduro es un «dictador» por tensar la situación social para recuperar la soberanía en la gestión de los recursos de su tierra, ¿qué son entonces nuestros gestores que con falacias justifican que entreguemos parte de nuestro PIB a una guerra injusta? ¿Qué son nuestros gestores que a escondidas comercian armas con genocidas? ¿Qué son quienes aseguran que nos protegen con un escudo social mientras miles de familias son desahuciadas y los parados malviven con limosnas de 400 euros?

Paralelamente a la cuestión puramente geopolítica y militar (que no voy a repasar porque considero que cualquier lector sensato puede entender que el secuestro de Nicolás Maduro supone un caso más a sumar en la larga trayectoria de barbarie imperialista, histórica y estructural para el atlantismo) se está produciendo otra batalla sin balas ni misiles, pero también importante, que es la batalla de las ideas.

También en paralelo, dicho sea de paso, transcurre otra batalla no menos importante, que es la legal, pues ya los propios secuestradores han tenido que dar pasos atrás en sus acusaciones de narcotráfico y reconocer que algún supuesto cártel no existía realmente. Sin acusaciones por delitos comunes o penales, nos encontraríamos entonces ante el verdadero rostro de la «detención», que se encuadra dentro de un contexto de guerra y por tanto evidencia que estamos ante el secuestro de un prisionero de guerra.

El tiempo y el transcurrir de los hechos nos llevará a vislumbrar la verdad de todo esto, y sabremos si las rocambolescas narrativas sobre pactos ocultos y traiciones palaciegas, con las que nos entretiene la tertulianada española en nómina, son ciertas o no. Mientras tanto, se produce otra lucha que es mediática e ideológica, en la que por supuesto los reaccionarios opinadores españoles (ya sean de la derecha o de la más derecha aún) han dictado ya su veredicto, sin juicios ni pruebas: Maduro, justa o injustamente detenido, es un dictador. Y por tanto la crítica se enfoca en las abruptas maneras trumpistas, pero no en la «necesidad» de realizar un «cambio» en Venezuela.

Se trata de un repulsivo juicio, falaz y fariseo, en el que no solo participa el grupo dominante capitalista, sino desgraciadamente también parte de los supuestos amigos de la izquierda (y que es mucho más bochornoso cuando se realiza desde España). Observemos algunos detalles, basados en tres aspectos: los argumentos contra la figura del propio Maduro, los argumentos económicos contra la gestión bolivarianos, más la hipócrita crítica enfocada en Trump.

La autopercibida izquierda española no decepciona. Quienes aseguraron que los desahucios estaban prohibidos y lograron hacer de España un paraíso del rentismo, nos aseguran que Venezuela no es una democracia, y que por tanto lo feo está en las formas, no en el hecho.

El doble rasero en la crítica a Maduro

Resulta muy llamativo que desde Europa poseamos la agudeza visual, propia de un halcón, para vislumbrar las supuestas injusticias en el desarrollo de la Revolución Bolivariana, allende el océano. Es un proceso similar a la visión extraordinaria que escudriña los entresijos de China o Rusia, traspasando con supervisión de rayos X los Urales. Este superpoder de riguroso escrutinio tiene una kryptonita, que es algo tan simple como la distancia corta. En el mano a mano el escrutador analista pierde su capacidad y no es capaz de ver la presencia de los fondos de inversión en su propio barrio, aunque le echen de su propia casa, ni aprecia la mano de los fondos europeos aunque los tenga delante de su cara, que sustituyen la industria de su propio pueblo por pelotazos ecosostenibles.

Algo similar sucede con Maduro. De Maduro, como antes también de Chávez, conocemos su pasado, su familia, sabemos cómo viste, cómo habla, cómo baila, se realizan sobre él toda serie de suposiciones, que habitualmente suelen ser peyorativas y despreciativas. En cuanto se produce el secuestro, la mayoría embebida por esta propaganda tiende a pensar lo peor, es un teatro, un acuerdo entre bambalinas. Que murieran voluntarios cubanos en el trance no importa, incluso añade un matiz misterioso más, enseguida se culpa además de las muertes a personajes en las sombras.

Mi pregunta es ¿por qué no se tiene la misma facilidad para juzgar a otros personajes cuando son occidentales y están revestidos de la «formalidad» del «orden basado en reglas»? Por ejemplo, ¿por qué al escuchar a Ursula von der Leyen no relacionamos inmediatamente su figura con los escándalos de contratos opacos de insumos farmacéuticos? ¿Por qué al escuchar a Kaja Kallas no pensamos al momento en situaciones extrañas de su marido en cuanto a movimientos empresariales? Se trata de casos conocidos que cualquiera de ustedes puede comprobar en una simple búsqueda, ¿por qué no se hace el mismo mecanismo de relación?

¿Por qué cuando estos personajes nos hablan de que los rusos usan chips de lavadoras, o se quejan de que los chinos hagan dumping empresarial al fabricar coches eléctricos mejores y más baratos, no pensamos directamente que son unas indocumentadas que no merecen representar a nadie? Pero esto sí lo hacemos en el otro lado del océano, ¿verdad?, porque usan chándal o bailan cumbia o por cualquier otro motivo.

La Revolución Bolivariana (que no parte de la nada, sino que es la respuesta digna de todo un pueblo en el contexto de las injusticias de la histórica barbarie del Plan Cóndor en toda Latinoamérica) implementó un amplio conjunto de misiones sociales financiadas con los ingresos petroleros, enfocadas en reducir la pobreza y la exclusión. La pobreza por ingresos se redujo drásticamente: del 49.4% en 1999 a alrededor del 27-32% en 2013. La pobreza extrema cayó del 21.7% a menos del 10% en el mismo periodo. El coeficiente de Gini (que mide la desigualdad, donde 0 es igualdad total) mejoró: pasó de 0.498 en 1999 a 0.397 en 2012.

Las Misiones educativas, según la UNESCO, alfabetizaron a más de 1.5 millones de personas y declararon al territorio «libre de analfabetismo» en 2005. se realizaron cientos de millones de consultas médicas gratuitas, y se redujeron indicadores como la mortalidad infantil (de 21.4 por mil en 1999 a 12 por mil en 2012). El Gobierno entregó más de 4 millones de viviendas, entregadas en propiedad, mayoritariamente a familias de bajos recursos, de manera gratuita o con financiamiento altamente subsidiado. Se construyeron grandes centros urbanos en todo el país. ¿Por qué estos datos no son conocidos, pero sí nos llegan elucubraciones sobre totalitarismo y censura?

Y por último, estos personajes que exigieron las actas en las pasadas elecciones venezolanas, alineándose con la crítica de la oposición ultra derechista venezolana y alentando las sospechas de manipulaciones, ¿por qué no exigen que la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, sea inmediatamente puesta al mando y permiten que el propio Trump les diga que esa señora no tiene ningún respaldo ni en su propio barrio?

La Ministra de Sanidad española, del spin-off de Podemos, Más Madrid, admite la necesidad de un cambio en Venezuela. Mientras tanto, ella cede a los chantajes de las aseguradoras privadas y es absolutamente incompetente para derogar la ley 11/97, al tiempo que sus paisanas mueren por errores de diagnóstico en cuestiones tan simples como un cribado de cáncer de mama.

El doble rasero en la crítica económica

Aparte de la crítica personalizada en las figuras principales de la Revolución Bolivariana, existe otro tipo de propaganda centrada en la gestión económica. La diáspora venezolana se ha repartido entre España y los países vecinos como Colombia o Perú, donde llegaron a producirse graves problemas de intolerancia y rechazo. Existen incluso planes de inmigración gestionados por EEUU (teóricamente detenidos por la administración trumpista) como el parole humanitario que facilita el abandono de su país a los venezolanos, de manera similar a como sucede con Cuba o Nicaragua. Es un verdadero trasvase de fuerza de trabajo de un país hacia otros países que son los verdaderos culpables de la pobreza.

En esa inmigración se introduce un mensaje oculto: el socialismo conduce a la pobreza, por tanto no existe alternativa al orden capitalista y la «izquierda» no debería empeñarse más que en mejorar las condiciones de vida dentro del marco del libre comercio y la sacrosanta propiedad privada. There is no alternative, que dijo doña Margaret.

La escasez de acceso a recursos y las necesidades que padecen los hermanos venezolanos son inmediatamente relacionadas con la gestión socialista. Pero nosotros nos preguntamos de nuevo: si esto sucede por el socialismo, ¿por qué en España donde somos profundamente capitalistas, y somos los más arrastrados lacayos del imperialismo, hay familias que necesitan recurrir a la caridad para poder comer? ¿Por qué en España millones de personas comparten habitaciones porque sus salarios no les permiten acceder ni a un miserable estudio?

¿Qué pasa con las sanciones financieras impuestas por EEUU y sus socios? Las sanciones petroleras asestaron un tremendo golpe a la industria que generaba la mayor parte de los ingresos del país en el momento más crítico y haciendo materialmente imposible una recuperación autónoma. Las sanciones han sido aplicadas como respuesta a la supuesta represión de las protestas en Venezuela, financiadas por intereses norteamericanos, así como también las acusaciones de imposición desde el ejecutivo de una Asamblea Constituyente (ANC) controlado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Todas estas elucubraciones podrían resolverse ahora, como decimos colocando en la presidencia a la «pacifista» Machado, pero es evidente que eso es imposible, porque ni la Nobel tiene el apoyo de su pueblo ni las acusaciones de manipulación electoral son ciertas.

Existe un patrón claro, un doble rasero, en cómo la comunidad internacional (aquella del «orden basado en reglas») diagnostica las diferentes crisis. Para los países con gobiernos sumisos, la pobreza y la desigualdad se atribuyen a factores técnicos, a fallas de mercado, falta de competitividad, etc. La corrupción (que no se puede ocultar ni en los países alineados, véase Ucrania) se trata como un problema de gestión individual, no sistémico. Se habla de «casos aislados» o de «retos institucionales».
En cambio, para los países no alineados (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Siria, Bielorrusia, Irán), la pobreza y la crisis se atribuyen casi exclusivamente a la naturaleza «corrupta» y «autoritaria» del gobierno. La corrupción se presenta no como un problema, sino como la esencia misma del régimen. Este diagnóstico justifica medidas «excepcionales»: sanciones, congelamiento de activos, campañas de aislamiento diplomático y narrativas que abogan abiertamente por un «cambio de régimen» como única solución.

Las televisiones españolas nos entretienen con los discursos más surrealistas, siendo la parte más zafia y vulgar de esta batalla ideológica que comentamos. Pero dentro de su zafiedad es capaz de calar en las mentes de los incautos. Ese teatro viene muy bien al progresismo español: parece ser que un diputado de Compromís ha denunciado al torero aristócrata Fran Rivera por pedir que Trump secuestre a Sánchez. Show must go on.

La farisea crítica enfocada en Trump

Con la boca pequeña (así como se hizo en el supuesto cese del comercio con armas con Israel), el Gobierno español ha rechazado el secuestro de Maduro. Es una hipocresía descomunal, el reflejo del bipartidismo neoliberal que llega desde su cede central, EEUU, a una de sus franquicias más sumisas, España. A Sánchez le preocupa tanto la legalidad en los sucesos de Caracas como le preocupan la seguridad del pueblo Saharaui o la libertad de los ucranianos. Nada.

La persecución a la Revolución Bolivariana se produjo tanto con Trump como con Biden. Simplemente Trump asume el rol de malvado en la desesperación decadente del imperialismo atlantista, que sabe que ya sólo le queda la superioridad en la fuerza bruta, una vez que se sabe derrotado principalmente en el aspecto tecnológico, en el aspecto productivo y, además, en el aspecto diplomático de las relaciones internacionales en las que el Sur Global planta cara y presenta un nuevo orden de redes entre países.

La denuncia de secuestro, si fuese noble y no taimada, debería exponer el doble rasero y la hipocresía del sistema internacional. Debería evaluar el impacto material específico de las sanciones como un factor directo en el deterioro de la economía venezolana, que simplemente había tratado mediante su proceso revolucionario gestionar sus ricos recursos de forma soberana.

Los españoles merecemos representantes que nos hagan entender que el rechazo al legítimo gobierno bolivariano se da en este contexto de asedio y guerra económica, donde la población vive en un campo de juego profundamente desigual y coercitivo. Y que ese campo de juego está manipulado por árbitros que nos obligan a aplicar el concepto de «corrupción» y de «pactos políticos» de manera ingenua, como si fuéramos niños o idiotas. En el caso venezolano, es usado como el caballo de Troya de una estrategia de dominación que sí existe, y que podemos llamar por su nombre sin rodeos: imperialismo.

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