Qué es la dialéctica. Lefebvre

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Toda actividad y toda conciencia han sido siempre contradictorias, porque encerraban un choque con la naturaleza y choques entre grupos y clases sociales. Pero la conciencia clara de la contradicción suponía condiciones complejas: nivel ideológico elevado, vocabulario adecuado, eliminación de las formas turbias y emotivas del pensamiento, tensión extrema de las fuerzas humanas, de la acción sobre la naturaleza y del movimiento de la historia. Así es que esta conciencia sólo se podía formar lentamente.
H. Lefebvre

Nos acercamos a este pequeño librito, de menudo tamaño pero de intenso contenido, quizás un poco enrevesado para el lector no experimentado en el vocabulario filosófico, pero que con paciencia puede aportar bastante luz al estudiante o militante revolucionario. Henri Lefebvre fue un filósofo y sociólogo marxista francés, autor de varios textos relacionados con la dialéctica, como Qué es la dialéctica, texto en el que se propone explicar y defender la dialéctica como el método fundamental para entender la realidad.

Se deja a un lado en este artículo la polémica del autor y del humanismo socialista francés contra lo que estimaban rigidez dogmática soviética. Para Lefebvre, el marxismo tendía al dogmatismo bajo la perspectiva del materialismo dialéctico (Diamat). Lo consideraba una especia de catecismo que los militantes debían aprender para aplicar de manera mecánica, lo que observaba como lo opuesto a la dinámica cambiante de la interpretación social y sus diferentes momentos. No nos toca ejercer aquí de jueces, aunque sí podría decirse que el tiempo no ha favorecido al autor francés en esta polémica. Más bien podríamos pensar que precisamente la ausencia de una disciplina política aplicada a la filosofía, que caracteriza a Occidente en la actualidad, ha sido el mejor caldo de cultivo en el que ha proliferado la dispersión, el posmodernismo y la decadencia. Añoramos una tradición de formación sencilla y directa como la que procuraban los ideólogos del Diamat, pero también consideramos necesarias las aportaciones como la de este texto.

Lefebvre define la dialéctica como la lógica del movimiento y la contradicción. Para poder comprender sus complejos aspectos, la opone a la lógica formal, que es estática y se basa en principios que nos recuerdan a los axiomas de las ciencias exactas. La dialéctica entiende que todo está en constante cambio y transformación. Este movimiento surge de las contradicciones internas que existen en la realidad, en la naturaleza y las sociedades.

En el texto se continúan los razonamientos de las leyes clásicas formuladas por Engels para explicar cómo funciona la dialéctica, la Unidad y Lucha de Contrarios (todas las cosas contienen en su interior fuerzas opuestas en conflicto y esa lucha es el motor que impulsa el cambio); la Transformación de la Cantidad en Calidad (los cambios pequeños y graduales, cuantitativos, acumulados desembocan en un punto de ruptura que produce un cambio grande, cualitativo); la Negación de la Negación (una tesis es negada por su antítesis, y de este conflicto surge una síntesis que supera a ambas, esta nueva síntesis se convierte a su vez en una nueva tesis que será negada, continuando el proceso, en una superación hacia un estado superior).

Una idea muy importante que debe quedar grabada de las enseñanzas de Lefebvre es que la dialéctica no es un esquema rígido que se pueda aplicar como un patrón a cualquier realidad. Es un método de análisis, una forma compleja de la lógica, que requiere estudiar la realidad concreta para entender sus contradicciones específicas y su movimiento real. Es una guía para la acción y el pensamiento, no un dogma que aplicamos como se aplica un termómetro para que nos proporcione la medición exacta de una temperatura.

Por ello dialéctica está estrechamente relacionada a la praxis (el tandem teórico-transformador). La veracidad de un análisis dialéctico se prueba en la práctica, en su capacidad para explicar la realidad y para transformarla. Nunca dejemos de lado la tesis de juventud de Marx: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de transformarlo».

Visto de este modo, la dialéctica es la herramienta intelectual adecuada para las ciencias sociales, en especial las que se refieren a la política, la economía o la sociología, pues es la lógica más adecuada para comprender un mundo en constante cambio, analizar las contradicciones de la sociedad (en nuestro caso la que nos toca vivir, la capitalista) y por conclusión actuar para transformar la realidad hacia una más racional y justa (socialista).

Actualidad del texto

La inevitable pregunta sobre la actualidad tiene en este caso una respuesta muy obvia. Al tratarse de un método, sigue vigente y mucho más para analizar la crisis del capitalismo contemporáneo. Las contradicciones internas del sistema son hoy muy palpables en un momento de grave crisis capitalista en el entorno principalmente del marco de la Alianza Atlántica. Por ejemplo en el aumento de la distancia entre riqueza y pobreza masiva. La desigualdad se acrecienta como forma de lucha de contrarios entre la acumulación de capital y el progresivo deterioro de las condiciones de la clase trabajadora. Esa desigualdad sin precedentes en pocas manos y el aumento de la pobreza genera tensiones sociales. La dialéctica proporciona entonces el marco para no ver estos hechos como aislados, sino como síntomas conjuntos de una contradicción sistémica.

Otro ejemplo actual podría ser el auge de las derechas más extremas. Aquí podríamos ver un reflejo de la ley de la transformación de la cantidad en calidad, pues el malestar social acumulado (desempleo, incertidumbre) acumulado durante años debería llegar a un punto de ruptura social, que al carecer de referentes opta por su solución en las propuestas políticas reaccionarias, que poseen los medios y los recursos para publicitarse.

Las redes sociales y los medios suelen promover narrativas simplistas (buenos contra malos). La dialéctica es la herramienta intelectual que enseña a pensar en matices, en movimiento, en procesos y en contradicciones. Es un antídoto contra el pensamiento plano. La dialéctica nos arma con un pensamiento complejo y crítico. Nos enseña a buscar las contradicciones detrás de los conflictos aparentes, ver los procesos detrás de los eventos aislados.

La dialéctica en el análisis de nuestra realidad en España

El método dialéctico es por supuesto el más indicado para analizar también la realidad española, con más motivo si se quiere pues tenemos la particularidad de ser un país repleto de contradicciones políticas.

Valga como ejemplo histórico reciente la «resiliencia» del bipartidismo pese a la crisis de confianza en los partidos, a partir de la acentuación de la crisis capitalista inicada en 2008. El desgaste del PSOE y del PP por casos de corrupción, la austeridad y la desconexión con la ciudadanía se acumularon cuantitativamente durante años. El cambio cualitativo debió crear un punto de ruptura y una reacción social. Sin embargo, irrumpieron partidos como Podemos o Ciudadanos, que aparentemente fueron a romper el bipartidismo pero en realidad acabaron reforzándolo, de manera que las históricas reivindicaciones de la izquierda como la salida de la OTAN hoy parecen radicalismos utópicos. Ese desclasamiento de la política española en favor de populismos llevó a que la síntesis reactiva, dentro de este proceso dialéctico, se la apropiara la aparición vergonzosa de la ultraderecha de Vox.

Otro ejemplo puede encontrarse en la crisis de la Vivienda. Tenemos una contradicción Capital-Trabajo muy evidente: la dependencia del modelo del ladrillo y el turismo masivo choca frontalmente con el derecho a una vivienda digna. Los movimientos sociales surgen como antítesis: genera su propia oposición, movimientos de afectados por las hipotecas, plataformas por la vivienda digna, sindicatos de inquilinos, que son la expresión política de la lucha contra esa contradicción material. La solucion es la respuesta políticas que consiguen colocar el tema en el centro del debate, aunque aún estos movimientos no son lo suficientemente intensos como para influir en políticas concretas (ley de vivienda de Podemos insuficiente, impedimentos para la expropiación o los límites al precio del alquiler), mostrando cómo la lucha social es imprescindible para alterar la realidad política.

Hemos vivido en estos últimos días un ejemplo dialéctico maravilloso, con ocasión de las protestas pro Palestina en la Vuelta Ciclista. Se producen varios cambios dialécticos (dialécticos en el sentido de que resuelven o superan la contradicción de un bloqueo de posiciones políticas enfrentadas y se solucionan en una situación nueva): la resistencia de la derecha a calificar las masacres como genocidio. La contradicción se rompe ante el incremento de la indignación y se resuelve en que la presión social establece que es indiscutible la realidad del genocidio. Quedan aislados en el ridículo (hasta dudando de la validez de la ONU) quienes se aferran a que no lo es.

Otro cambio dialéctico: las protestas no son ya valoradas como antisemitismo, el rechazo a Israel es ya sin paliativos ni excusas de “defensa propia” contra “ataques terroristas”. Del mismo modo quienes sigan usando ese argumento quedarán marginados y pierden credibilidad.

También son importantes los cambios en la percepción popular del Gobierno, que ante la presión social se ve obligado a actuar, porque de otro modo ya quedará al descubierto que como sabemos mentían al negar el comercio de armas y al romper las relaciones diplomáticas. Queda evidenciado que para que actúen hay que empujar desde la presión social, con paros y actos de desobediencia, no con batucadas y sonrisas.

La actualidad de Lefebvre, en España o en cualquier lugar, es que su método nos permite ver que la inestabilidad social que estamos viviendo no es un «caos» irracional, sino el resultado de contradicciones profundas que el modelo político y económico decadente ya no puede contener.

La dialéctica nos ayuda a dejar de analizar la política como un simplismo de «quién gana» estático y empezar a verla como un proceso dinámico de fuerzas en conflicto, a anticipar que la inestabilidad es lógica, ya que las viejas estructuras se resisten a morir y las nuevas luchan por nacer. En definitiva, el texto de Lefebvre nos da las herramientas para no quedarnos en la superficie de la actualidad política y profundizar en las fuerzas motrices que realmente la componen.

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