¿Qué consecuencias tiene manifestarse contra el rearme de la mano de promotores del rearme?

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Participé en la manifestación del pasado sábado en Sevilla, que convocaba a organizaciones de toda Andalucía. Aparte de la disciplina debida a las organizaciones en las que participo, me movió el conjunto de las necesarias reivindicaciones del manifiesto de los convocantes: denunciar el gasto militar, exigir salida de la OTAN, señalar el genocidio del pueblo palestino.

Suelo acudir a manifestaciones y concentraciones habitualmente, pero hacía años que no coincidía con grupos de PCE, de Izquierda Unida o Podemos. Ocurre que, para el próximo sábado, se anuncia una convocatoria semejante, esta vez en Madrid. Y a esta se va a adherir, aparte de los citados, el partido Sumar. Esto me plantea, como mínimo, una serie de dudas.

¿Es esto una circunstancia sin trascendencia? ¿Qué consecuencias tiene involucrar en un movimiento popular contra el rearme a partidos que han sido y son (en la anterior legislatura y la vigente) parte del Gobierno que promueve el rearme?   

En mi opinión, el análisis mueve a descubrir innumerables incoherencias, pero resumo en una consecuencia principal: fomenta la enajenación, la incapacidad de situarse políticamente y ser consciente de la situación real en que se vive.

Y esto sucede porque promueve el idealismo frente al materialismo, de manera que el razonamiento dialéctico, propio y necesario de la izquierda, queda invertido (esto es, en nuestra forma de ver el mundo, sitúa a nuestras ideas y percepciones por encima de la observación objetiva de las circunstancias materiales).

Esto que dicho así suena muy rimbombante, en realidad es algo que no precisa de una gran preparación ni un derroche de inteligencia. Es simplemente ser consciente del orden social. Como diría un amigo: «lo importante es saber para quién se vendimia«.

Lo cierto es que la mayoría de estos simpatizantes o inscritos, que ven su realidad a través de lo que le cuentan las TVs y medios afines a esos partidos, desconocen cómo es la estructura social del mundo que les rodea. Y no es porque sean tontos o poco preparados, sino porque existe un enorme aparato ideológico desarrollado para que no puedan ver otra realidad que la que le proyectan.

Valoren ustedes mismos un ejemplo: estos partidos, los de la parte percibida como más a la izquierda del Gobierno de Coalición, se manifiestan públicamente en contra del comercio de armas con Israel; sin embargo, sabemos que este comercio existió en la anterior legislatura y existe en la actual (bastaba buscar en internet los contratos públicos).

¿Aún creen que son pérfidamente engañados por el PSOE? Y si es así, ¿cuántas veces pueden ser engañados sin molestarse y romper la relación?

Recordemos otros ejemplos: las declaraciones institucionales de «prohibición de los desahucios», los anuncios de «cambio de paradigma» del mercado laboral, hay decenas de ejemplos en todos y cada uno de los puntos del acuerdo de coalición.

De esta forma, el primer concepto que desaparece, como por arte de magia, es el del Estado. Para ellos no existe el Estado capitalista como estructura ideológica y política superior que se encuentra por encima de las decisiones particulares de los partidos. Nos explican que existe una casta, o una trama, o unas cloacas, o que se puede rogar la comprensión y buena voluntad de los empresarios y rentistas, o de la Casa Real, o apelar a la gracia de los diversos Amancios, cuestiones etéreas, idealistas y nunca materiales.

Es lógico promover este tipo de fantasías, pues si creemos que las clases sociales no existen, tampoco existe la lucha de clases, y por consiguiente no es necesaria una entidad a nivel estatal que concilie y apacigüe las contradicciones, y si no es necesaria es que no existe. Lo tapamos como se tapa al sol con un dedo.

Una vez que se establecen estas peculiares normas de juego, todo es posible. Por ejemplo, poseer el don de la ubicuidad y poder situarse simultáneamente como Gobierno y como oposición. Estar del lado de las reivindicaciones obreras y, a la vez, de la Patronal. Del lado de los inquilinos pero también de los rentistas. Apoyar al pueblo saharaui y simultáneamente traicionarlo. Y un largo etcétera.

Esta enajenación sigue su curso a niveles superiores y del mismo modo se desconocen las verdaderas estructuras políticas a nivel internacional. Para ellos, las actuaciones de la UE o la OTAN son debidas a las voluntades de ciertos mandatarios, no de los grandes intereses económicos. Por eso funciona tan bien la jugada de la sede central de la pantomima bipartidista, la de EEUU, Obama versus Trump. Lo más maravilloso de Biden, como decía la funesta portavoz de Sumar.

¿Por qué no se incluyen en las reivindicaciones contra el rearme que cese la censura que impide valorar si Rusia es verdaderamente o no un enemigo?

¿Por qué no se exige que se realicen verdaderas soluciones diplomáticas para Ucrania y no los paripés actuales en los que una negociación de paz es previamente torpedeada con ataques de inteligencia europea con riesgo nuclear?

Por supuesto es sabido que solucionar todos estos graves problemas es enormemente complicado. Pero la solución de los problemas, hasta del más grave, pasa por entender cómo y por qué funciona ese problema. Y no, la solución no pasa por el buenismo, por la expresión del deseo. Ni las guerras, ni el rearme, ni el genocidio se pararán con los carteles de «no a la guerra» que sacan los actores en la Gala de los Goya, mientras gobierne Trump para callarse luego, o para darse golpes en el pecho hoy por Palestina y dentro de unos días hacer lo mismo en cualquiera de las «revoluciones primaverales» que la prensa les coloque ante los ojos.

Así que, si realmente queremos ser parte de la solución de esta barbarie, y no parte del problema, abramos los ojos. El enemigo es muy poderoso y posee herramientas colosales. Se necesitará una gran unidad en torno a una inmensa mayoría social, una mayoría que una vez unida tenga la fuerza (la tendrá) para detener el actual despropósito. Pero para que esa unidad funcione debe ser real, material, no basada en vaguedades ni sandeces. No hagamos el juego al capitalismo y al imperialismo caricaturizando a la imparable fuerza de un pueblo unido.

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