Teleperformance no se contenta con la sobreexplotación laboral y amenaza con cerrar centros mediante EREs

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La multinacional francesa Teleperformance, compañía dedicada a la gestión de atención al cliente mediante centros de llamadas, comunicó ayer el inicio de un nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para los trabajadores de todos sus centros en España, situados en las provincias de Sevilla, Jaén, Madrid, Barcelona, A Coruña y León. Estos Eres plantean la posibilidad del cese de campañas enteras de trabajo, como las referidas a Vodafone y Verisure. En el caso del establecimiento de León, Ponferrada, la empresa planea deshacerse de 180 trabajadores, lo que dejaría a la plantilla diezmada y a los pies de la desaparición de ese centro.

En el comunicado la empresa excusa motivos productivos y organizativos. Sin embargo, la trayectoria lamentable de esta empresa sugiere que las verdaderas causas son otras y que los despidos no están justificados.

Ya en verano de 2023, Teleperformance perpetró un despido colectivo en las instalaciones de Sevilla, Ponferrada, Coruña y Madrid, con justificaciones similares. En aquel caso los sindicatos CCOO, UGT y USO cedieron ante las propuestas de la empresa para plantear condiciones de despido que parte de los empleados acababan aceptando con resignación.

Se repite ahora la historia y desde el sindicato CGT advierten una vez más que se trata de un expediente absolutamente arbitrario y que oculta otras estrategias de la compañía. Casualmente, el centro de Ponferrada es uno de los que aporta mayor representación de delegados a CGT.

De la sobreexplotación al despido por deslocalización para abaratar, más aún, el gasto:

El sector del telemarketing es uno de los que padecen condiciones más penosas, dentro del marco de retroceso de derechos laborales que venimos sufriendo en los últimos tiempos. Un sector ampliamente feminizado, que exige una carga de trabajo y una intensidad que afecta a la salud de las empleadas. El 95% de las bajas por incapacidad temporal son motivadas por estrés, ansiedad y depresión.

Una retahila incesante de llamadas, mecanismos para automatizar la continuidad de las llamadas y que el empleado no puede cesar de atenderlas, control permanente de los tiempos de descanso, presiones de los mandos como la asignación de teletrabajo a beneficio unilateral de la empresa y con discriminaciones, permisos o descansos realizados arbitrariamente y sin posibilidad de conciliar o realizar cambios de jornada, son solo algunas de las situaciones diarias que sufren, lo que les lleva a necesitar en muchos casos medicación diaria.

Es decir, la obtención de plusvalía de estos trabajadores está más que asegurada. Hablamos aquí de un agravamiento de la explotación hacia la sobrecarga sin miramientos, para incrementar la productividad. De hecho, este beneficio la empresa lo consigue ampliamente: la compañía obtuvo unas ganancias en 2024 de 523 millones de euros.

Como ya advirtieron portavoces sindicales de CGT, estas jugadas eran previsibles, si desde los sindicatos mayoritarios se asentaba la costumbre de responder a los EREs con negociación de las condiciones, en lugar del enfrentamiento directo y la oposición rotunda.

Obviamente, siendo la empresa una de las compañías referente en el mercado accionarial del sector y que ha aumentado considerablemente sus ingresos en los últimos años, la eliminación de puestos de trabajo sólo puede responder a una estrategia de aumento de los márgenes de beneficio empresarial a través de la merma de puestos de trabajo, sin ofrecer alternativas a los despidos.

La manera de abaratar el gasto de personal estaría en la deslocalización de estos centros para su traslado a otros países donde la legislación es menos exigente (aún menos exigente que en España) y se puedan reducir los gastos en salarios. Del mismo modo, se logra esa reducción de gastos en España mediante la eliminación de los puestos de trabajo deempleados más antiguos o que han llegado a lograr contratos de jornada completa, para sustituirlos por contratos parciales.

Estariamos de esta forma en un nuevo caso de conformismo ante la arbitrariedad de una gran compañía en desmantelar puestos de trabajo, sin que tengan ya ni siquiera que demostrar algún motivo para fingir que no se trata de una estrategia planeada. Además, un sector ya bastante castigado como el de las teleoperadoras, quedaría ya despreciado al nivel de empleos sin demasiada importancia por los que los sindicatos mayoritarios apenas presentan lucha, de modo que acaba prevaleciendo la libre potestad empresarial de disponer a su antojo de los trabajadores, pasando por encima de la dignidad de personas que sólo quieren trabajar y tener una vida digna.

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