¿Eso se llama feminismo?

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Una de las cosas que más envidio de algunos escritores es su capacidad para de una anécdota construir una historia en que lo aparentemente banal se convierte en un espejo de algo más profundo, y en ocasiones una categoría general de lo que comentan.

Envidio esa capacidad para meter semana a semana en las 1.000 palabras contratadas en el suplemento de turno una idea sobre lo que les venga en gana, decir lo que se les ocurra, hacerlo bien y encima cobrarlo.

Y ojo, que hacerlo bien no significa que se esté de acuerdo con lo que diga, sino, simplemente, disfrutar con esa lectura por lo bien construida, el enfoque del asunto, la novedad del tema o, incluso, la coincidencia con el punto de vista y conclusiones.

A los y las columnistas, que lo son por su probada capacidad literaria, no se les pide que sean, además, técnicos o expertos en nada más, de modo que pueden escribir sobre la última decisión del Gobierno, ley tramitada o empedrado de la acera con absoluta libertad de cátedra.

Esa libertad para escribir de lo que sea sin tener ni puñetera idea del asunto en cuestión es un chollo intelectual que al resto de los mortales les está vetado. Y cualquiera que no haya pasado por un Planeta, Nadal o Adonais tiene complicado publicar con esa libertad de pensamiento.

Libertad que en muchos casos se debe a la propia vergüenza personal por no meterse uno en camisa de once varas y soltar una cuñadez que quede negro sobre blanco para la posteridad. Pero si eres de ese selecto grupo de escritores con derecho de columna, ancha es Castilla.

Y esa es la actitud con la que Rosa Montero abordó en su columna Maneras de vivir el artículo Eso no se llama feminismo, sin que acabe de aclarar qué es el feminismo sin la agenda feminista.

Artículo de Rosa Montero en El País de 27/03/2022.

Quiere darnos alguna pista cuando escribe que este año no fue a ninguna de las dos convocadas: “La oficial y la alternativa … La alternativa, ya saben, era la que defendía la abolición de la prostitución y estaba en contra de la ley trans. Dos posiciones que no comparto”.

Y no las comparte porque ella está porque “la prostitución acabe”, pero sin prohibirla, porque “si prohíbes a las mujeres ofrecer sus servicios libre y directamente, estás fomentando” el proxenetismo. Se me escapa que lógica usa para llegar a esa conclusión, pero desde luego no parece que la desde el inicio del feminismo como movimiento social éste ha defendido.

Sin entrar, y habría que hacerlo, y mucho, en esta idea de Rosa Montero, lo que asombra es que una autora que se dice feminista ignore que la abolición de la prostitución es una petición histórica y desarrolle la idea contraria en un artículo que titula “Eso no se llama feminismo”.

Porque, ¿qué es eso que no se llama feminismo, señora Montero? ¿La abolición de la prostitución o su postura de desear que se acabe, pero sin prohibir su práctica? Porque suena a algo así como desear que se elimine una enfermedad sin poner los medios para ello. Suena raro, ¿no?

Y si la autora pasa por alto esa reivindicación histórica del feminismo, donde riza el rizo del comentario a calzón quitado y desinformado es cuando mostrando su apoyo a lo “trans”, que tampoco nos dice qué es, asegura que lo “confunden con el travestismo”.

Y añade que es “sino una necesidad biológica”, de ese “25% de transexuales que nacen mujeres, pero se sienten hombres”. ¡Un 25%! ¿Pero de dónde saca el dato? Ni idea, en esa línea del que dispara y luego pone la diana donde dé la bala.

Porque tampoco define qué es transexual en el artículo, salvo ese vago “que nacen mujeres, pero se sienten hombres”, que huele al transgenerismo de alfombra roja al que nos están acostumbrado los reality shows de la televisión con los más variados personajes.

¿Y es creíble el dato del 25%? Pues tanto como si hubiera dicho el 50 o el 75. Total, como eso no se llama feminismo pues qué más da ocho que ochenta. Pero lo de 25% suena a “menudo problemón hay sin atender con lo que dicen los datos que me invento para el artículo”.

Y esa es uno de las características de los columnistas, que tienen barra libre para decir lo que se les ponga en el moño a pesar de la realidad. ¿El 25%? Como si es el 80. Lo ha dicho una escritora famosa, feminista y defensora de los derechos humanos de los trans, pues estará bien.

Y mira que es fácil hacer una consulta para ver que los transexuales, quienes presentan una Anomalía del Desarrollo Sexual (ADS) serían 1 de cada 2.000 nacidos.

Y si en partos hay un 49 % de niñas y un 51 % de niños, en 2020 tendríamos un total de nacimientos de 341.315 repartidos en niñas: 166.473 y niños: 174.842. Fuente INE.

Así, 1 de cada 2.000 partos para niñas serían 83,3 aprox., con una ADS, luego, el 25% unos 20,8. Que sin duda hay que atender de la mejor manera posible en tanto presentan una ADS, pero dicho como ¡un 25% “se sienten hombres”! suena a situación inasumible por su volumen.

Y como cuando se habla de sentimientos no hay ADS ni realidad que valga, sino sólo y exclusivamente SENTIMIENTOS, pues el 25 puede ser hasta poco, porque al ritmo que llevamos de psicosis colectiva igual da un 25% que un 60.

Así, 1 de cada 2.000 partos para niñas serían 83,3 aprox., con una ADS, luego, el 25% unos 20,8. Que sin duda hay que atender de la mejor manera posible en tanto presentan una ADS, pero dicho como ¡un 25% “se sienten hombres”! suena a situación inasumible por su volumen.

Y como cuando se habla de sentimientos no hay ADS ni realidad que valga, sino sólo y exclusivamente SENTIMIENTOS, pues el 25 puede ser hasta poco, porque al ritmo que llevamos de psicosis colectiva igual da un 25% que un 60.

De manera que Montero, que no escribe “para combatir el abolicionismo o defender la ley trans”, nos deja sin explicar qué es eso que no se llama feminismo ni aclara qué es ser trans y sólo nos da un escandaloso 25% de mujeres que se sienten hombres.

Que poco parece para cómo lo llevan las que sí son mujeres, saben que son mujeres y se encuentran con que hay un número indeterminado de hombres que se SIENTEN mujeres que las van arrinconando allí donde pueden. Como si hasta la fecha no lo hubiesen hecho ya lo suficiente.

Por lo que no extraña que concluya el artículo criticando el que “Una de las abolicionistas dijo en Twitter: “Nadie es marxista si no está de acuerdo con los principios del marxismo (…) Nadie puede decirse feminista si defiende cosas contrarias a la agenda feminista”.

Y sin recurrir a la fácil crítica del purismo dogmático con el que cierre la columna, parece elemental concluir que si hay posturas que van contra la agenda básica e histórica del feminismo eso no es feminismo. Y una cosa es que se difiera en la táctica y otra en los principios.

Y un principio básico del feminismo es la abolición de la prostitución; como lo es que el sujeto del feminismo es la mujer, que es una realidad biológica y no un sentimiento, y si eso no se asume, te podrás llamar feminista, pero no lo eres.

Y no es “que algunas se sientan dueñas absolutas de la verdad y las únicas con legitimidad para decidir quiénes son feministas o no”, sino de no olvidarse de los principios, ni aceptar que la prostitución es un trabajo, aun al riesgo de que se etiquete esa postura de dogmática.

Pero seguramente estoy equivocado, porque qué puedo saber de feminismo, sin ser mujer, ni siquiera sentida, y menos escritor. Y de lo de famoso, ni hablamos.

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