Etología política

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Recuerdo que en los programas de El hombre y la Tierra Félix Rodríguez de la Fuente contaba cómo en las luchas por el liderazgo entre los machos en las manadas de lobos raramente moría el vencido. Bastaba que el perdedor se tumbase mostrando el vientre al vencedor, que podría de un mordisco acabar con él, para que éste interrumpiese su ataque.

Mientras duraba la lucha la manada observaba sin intervenir, a la espera de ver quién era vencedor, y una vez claro quién ganaba, le seguían. El vencido podía permanecer en la manada a la espera de su oportunidad futura o marchar a fundar su manada. El equilibrio quedaba asegurado. Pero eso ocurre entre lobos, en la política, y sin tener que recurrir a Hobbes, las cosas tienen otros tintes.

En la especie humana los mecanismos de inhibición del ataque, cuando el vencido está a tu merced, están anulados en muchísimos ejemplares de la especie; y no sólo eso, sino que incluso la vista del vencido anima a infligir más daño y a los miembros más timoratos de la manada a sumarse al despiece del vencido con más inquina aún que el vencedor. Quieren mostrarle su adhesión enseñando los belfos tintos de sangre del que antes adulaban.

Para quien tiene un mínimo de sensibilidad este linchamiento produce profundo asco; y sólo así se entiende la simpatía que Casado ha podido despertar en sus últimas horas como líder del Partido Popular.

Porque por su comportamiento político como jefe de la oposición ha estado a la altura del más mediocre y ruin de los personajes que hayan pasado por el Congreso.

Pablo Casado llega a la presidencia del PP para que no gane Soraya Sáenz de Santamaría, que le daba mil vueltas, pero que tenía el inconveniente para los barones del partido de tener criterio propio.

En Casado se daba esa situación que Susana Díaz describió para Pedro Sánchez, “este chico no sirve, pero nos vale” -luego, “este chico” mostró tener más fondo del que se sospechaban Díaz y quienes le hicieron la cama en el Comité Federal en octubre de 2016-. Pero esa es otra historia.

Casado es un modelo del joven que hace carrera dentro de un partido, que desde chico para todo a presidente va subiendo peldaño a peldaño en el organigrama a la estela del preboste que le apadrine. La historia de Isabel Díaz Ayuso es un calco en ese sentido de la de Casado.

Todo su mérito político hasta el momento de llegar al estrellato ha sido identificar al padrino o madrina adecuado, seguir su carrera y no pifiarla en algún “mandao”. Así vas pasando de asistente a dirigir un gabinete a ser concejal o diputado autonómico, hasta que llega el gran momento.

Una vez que estás en ese puesto privilegiado el mantenerse es complicado. Por un lado tienes a quienes te han aupado, que quieren cobrar su apoyo; a los que has “vencido”, que pueden esperar su oportunidad a nada que te descuides; y, los amigos que siendo de tu cuerda, y en principio apoyos, llegan a pensar que si tú estás ahí ¿por qué no ellos?

Y este es el caso de Díaz Ayuso, que de la noche a la mañana, y siendo una perdedora en 2019, que se salva por el apoyo de Ciudadanos de caer en el olvido, y con buen ojo para actuar llega a la mayoría en un golpe de audacia en mayo de 2021 que la hace venirse arriba.

Y aquí se le presenta el problema a Casado. Desde que le regalaron el puesto de presidente no ha logrado ningún éxito que dé a la manada más poder. Llega a la presidencia en julio de 2018 y desde ese momento y pasados los primeros momentos de euforia ha ido encadenando derrota electoral tras derrota: Andalucía, País Vasco, Cataluña; y aunque en Andalucía le salve la cara Ciudadanos, y tengan que apoyarse en Vox puntualmente, su balance es decepcionante.

A tal punto llega su poco atractivo político que en Galicia Núñez Feijóo no sólo quita de los carteles electorales el símbolo del partido sino que la presencia de Casado en la campaña de 2020 es anecdótica. Y para rematar la faena Díaz Ayuso barre en Madrid en 2021 con un discurso voxero sin complejos.

En esta situación, el líder de la manada tiene que hacer algún movimiento que señale quien manda, y aconsejado -mal- por García Egea o de motu proprio, se le ocurre que la jugada de Díaz Ayuso podría funcionar en Castilla-León, donde, como en Madrid, llevan aún más años gobernando solos o en coalición.

Aspira Casado conseguir a la mayoría absoluta a costa de Ciudadanos, parar a Díaz Ayuso dejando a Vox como un partido residual en la España profunda y mostrar que la única alternativa es él.

Pero todo se tuerce casi desde el inicio de la campaña: El discurso que se marca desde Génova no coincide con el de Mañueco; los motivos de convocar anticipadamente no se los cree nadie; plantear que ganar en Castilla-León es la antesala de la victoria en unas generales, pasando por las andaluzas es un error, porque los castellano-leoneses lo que les preocupa es lo inmediato en unas provincias que se despueblan día a día.

Otros errores serían centrarse en lo “rural” y olvidar la industria, como es el caso de Fasa-Renault, el excesivo protagonismo de Casado, que si sale bien, pues miel sobre hojuelas, pero si falla, como ha pasado, te hundes.

En conclusión, que lo que parecía una jugada maestra acabó con un PP con cara de circunstancias la noche electoral, un Vox casi levitando -más de un 1.000% de escaños ganados, de 1 a 12- pidiendo la vicepresidencia ya, y en Génova tentándose la ropa.

Era ya la cuarta pifia electoral del período Casado, y visto lo visto, Moreno Bonilla se apresura a decir que de “venga, que después voy yo” -por un posible adelanto en Andalucía- a “hay que agotar la legislatura” -para alivio de Juan Marín- es un envainársela de manual.

Ahora sí que está el líder en entredicho: O muerde o le matan. Y se le ocurre subirse al caballo de la regeneración democrática, a él, que ha sido del PP desde 2004 y ha visto volar sobres por Génova, pagos en B y otras cosillas se le ocurre ponerse digno con la corrupción y tira de denuncia “anónima” para cargarse a Díaz Ayuso, y dejar claro al resto de la manada que con él no se juega.

Pero Díaz Ayuso se entera y ataca primero y a degüello. Nuñez Feijóo se dice “tate, que lo mismo este becario luego saca algo de yates y narcos…” y cierra filas con Díaz Ayuso, y aunque al principio los “incondicionales” apoyan al líder de la manada pronto caen en la cuenta de cómo se carga a Díaz Ayuso puede cargarse a cualquiera de ellos, y entre que la ex dueña de la charca madrileña -Aguirre- sale en defensa de su pupila las cosas se le complican a Casado, que de amenazar con un expediente a Díaz Ayuso a cerrarlo con urgencia se hunde en cuestión de horas.

Y ya sólo queda asistir al entierro “con dignidad” del líder de la manada, si es que se encuentra algún resto de él, porque el ataque de la jauría ha sido de tal calibre que a más de uno hasta nos ha dado un pelín de pena, pero más por el espectáculo de miserables lameculos mordiendo la mano que les dio de comer que por la víctima, aunque también un poco, para qué negarlo.

Coda: Al acabar este artículo me entero que la víctima ha quedado viva hasta abril. Error de la jauría, en un mes en política pueden construirse y derribarse imperios, y la prensa ha mordido en las facturas del hermano de Díaz Ayuso y eso le va a pasar factura, entre otras cosas porque esta no cuenta con simpatías más allá de Madrid, de modo que mientras no enrede fuera de la Puerta de Sol a lo mejor la dejan vivir, como a Aguirre.

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