Ucrania: caso práctico de la equidistancia y sus consecuencias

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«Si en una mesa hay sentados un nazi y 10 personas que le respetan, en esa mesa hay sentados 11 nazis».

—Dicho alemán popular.

«Si en una situación de injusticia eres neutral, has escogido el lado del opresor».

Desmond Tutu, arzobispo anglicano sudafricano y premio Nobel de la paz por su labor contra el apartheid.

No esperaba otra cosa de la derecha patria —incluyendo aquí a un sector del PSOE muy abundantemente representado en el gobierno con ministros como Escrivá, Nadia Calviño, Margarita Robles, etc— que un seguidismo ciego de la OTAN ante cualquier crisis internacional.

Pero lo que vi en Sol el día 25 me sacó de mis casillas: gente supuestamente de izquierdas repitiendo la propaganda antirrusa de esta organización. Sí, sí, ya lo sé: muchos de ellos dicen que están contra TODAS las guerras y que ni Putin ni OTAN, estableciendo la clásica pantomima equidistante. Para ellos Putin no es más que otra forma de imperialismo y otro tirano abusando de poder sometiendo a gente indefensa. Además, es absurdo identificarse con él desde la izquierda dado que no es comunista, la Rusia actual no es la URSS, y en todos los países hay grupúsculos nazis. Qué demonios, parece que quieren pasar a Putin al otro lado, como un estigma vergonzante, insistiendo en sus pasadas reuniones con líderes de la ultraderecha europea. Pues permítanme, señores de la izquierda confusa, que les replique.

Empecemos por una absurda idea que se ha extendido, la de que los comunistas rusos repudian la guerra. Bien, la postura oficial del Partido Comunista de la Federación Rusa la tienen aquí. Por obra y gracia del traductor de Google pueden leerla, y es muy clara al respecto. Pero hay algo más: no tenemos ni idea de lo que opinan los comunistas ucranianos, ya que, pese a que en las elecciones de 2012 consiguieron el 13 % de los votos, en 2015 los partidos comunistas fueron ilegalizados. Parece que, de entrada, entre el gobierno nazi otanista salido del Maidán y Putin, está claro cuál es peor para los comunistas. No son lo mismo. Ni el gobierno de Kiev es democrático, como he llegado a oír, desde el mismo momento en que ciertos partidos e ideologías están prohibidos.

Esta es una realidad que lleva de inmediato a la segunda razón de por qué el «eslomismismo» no es aplicable en este caso: en Ucrania no hay grupúsculos nazis, hay un batallón Nazi, el Batallón de Azov, integrado en el gobierno. No, no lo digo porque «no piensen como yo» —algún día un facha o progre equidistante que me vuelva a soltar esa frase comodín va a terminar por hartarme, avisados quedan—. Lo digo porque llevaban esvásticas, porque rendían homenaje al colaborador de la ocupación nazi original Stepán Bandera, y porque se jactaban de matar gente por su ideología o raza. Aquí tienen un titular de cuando presumían de matar a sus propios ciudadanos en el este del país. Los que dicen que tan malo es Putin como los ucronazis, deberían responder, en tal caso, por qué mientras los gobiernos de Kiev quemaban vivos a sindicalistas o izquierdistas, como ven aquí, y mataban niños por su etnia han estado completamente callados y en pocos días han llenado las redes sociales de proclamas y se han lanzado a las calles contra Rusia. Es cierto que todos sabemos para quién trabajaban esos medios, pero podrían haberse enterado a poco que hubieran hecho el esfuerzo.

¿Que Putin se ha visto, seguramente para desestabilizar países de la OTAN, con varios líderes de extrema derecha o puede haberles dado algún tipo de ayuda? Francamente, no los diferencio, señores progres engañados, de cuando los fachas dicen que el comunismo y el fascismo son lo mismo por el pacto germano soviético de 1939. A la hora de la verdad, Polonia, gobierno de extrema derecha integrado en la OTAN, es de los países más atlantistas, y hasta el supuesto gran amigo de Putin Viktor Orbán ha condenado su intervención en Ucrania, por más que, por cierto, haya sido equidistante entre Putin y la UE en la responsabilidad de la guerra. Como ustedes, señores progres del «ni-ni».

Aún cabe otra comparación, que Putin ha ocupado un país igual que lo que ha hecho tantas veces Estados Unidos o Israel y que hay que estar contra todas las invasiones. Parece que todos nos hemos olvidado del mes anterior, cuando la los ucronazis coqueteaban con la OTAN, y bombardeaban las regiones del este del país, como llegaron a hacer en fecha tan tardía como el 17 de febrero. No creo que ningún país estuviera dispuesto a consentir tropas de una organización internacional abiertamente hostil y con capacidad nuclear a menos de 100 kilómetros de su capital. ¿Saben, por cierto, que en 1990 Helmut Khol y el secretario de estado de Bush padre, James Baker, prometieron a Gorbachov que la OTAN no avanzaría «ni un centímetro hacia el este»? Desde entonces varios países del antiguo bloque oriental han entrado en ella. Por contra, Moscú llegó a retirar sus tropas de la frontera y solo consiguió que los ucronazis se envalentonaran y comenzaran otra operación contra la población del Donbass. Es decir, aquí amenazas previas ha habido bastantes, al contrario que en Yugoslavia o Iraq.

Por otro lado, aun contando Rusia con el tercer ejército más potente ahora mismo sobre la tierra, ¿es tanta su posición de fuerza? Al menos en la propaganda no. Es una conclusión evidente viendo las reacciones a esta intervención y a otras similares de otros países. Rusia es malísima por inmiscuirse en la política del pueblo de Ucrania, pero casi nadie se acuerda del apoyo explícito, con visita del senador americano John Mc Cain incluida, a los golpistas del Maidán en 2013.

Mc Cain apoya a los ucronazis en la plaza Maidán en 2013

Se comenta muy a menudo la dificultad de la UE y la OTAN para aplicarle sanciones económicas que no repercutan en nosotros. Aun así se están aplicando todos los medios para intentar amedrentarlos, aunque sean meramente simbólicos: se la está dejando fuera del festival de Eurovisión, se está presionando a deportistas para que no compitan contra oponentes rusos, se están sobre impresionando rótulos de No a la Guerra en las retransmisiones de los partidos de fútbol… Que yo recuerde, Israel —mención especial merece la foto de condena de la intervención rusa de un grupo de colonos israelíes desde territorios palestinos— participa todos los años sin problemas en Eurovisión, sus equipos en las competiciones europeas —forzando límites no ya políticos, sino geográficos—, y Estados Unidos no tuvo reacción de ninguna federación deportiva tras Iraq, tras Libia, tras Afganistán… El mismo Afganistán donde la intervención soviética, por cierto, sí le costó a la URSS de entonces el boicot a los juegos olímpicos de 1980. Con la aquiescencia de buena parte de la misma izquierda que ahora se escuda en que la Rusia actual no es la URSS.

Sin duda, este punto, esta superioridad mediática de la postura hegemónica, es el desencadenante de que buena parte de la izquierda europea haya aceptado el marco de juego de la OTAN: si uno se opone al fascismo debe añadir que también al estalinismo. Si uno se opone a la OTAN debe añadir que también a Putin. Si no, uno es un pelele de Rusia manipulado por sus canales de desinformación, no como todos los progres y fachas desnortados que piensan libremente sin que nadie les haya inducido y repiten la propaganda de la OTAN que ven hasta en los partidos de liga. Mientras, los anticomunistas o atlantistas nunca necesitan justificar nada. Ahora el lema de No a la guerra es utilizado a favor de la OTAN, a eso hemos llegado.

¿Para quién es bueno esto? Bien, ya han visto que no para los países que coquetean con la OTAN, pregunten a Georgia o a Ucrania, que a la hora de la verdad no tuvieron el menor respaldo de los que les enfrentaron a Rusia. Finlandia y Suecia corren el riesgo de ser los siguientes. Piensen que la misma propaganda que hace que nos avergoncemos de una operación contra un gobierno nazi asesino de 14000 personas y que iba a meter a la OTAN a las mismas puertas de Rusia, nos dice ahora que debemos asumir que el gas sea más caro y vivir peor para aislar a Moscú. Al hablar de posibles presiones económicas a Rusia, la industria de diamantes belga y el sector del lujo italiano han presionado para no entrar en los paquetes de sanciones. Pero bueno, es usted libre de seguir llamándose de izquierdas mientras usa el lema de No a la guerra precisamente a favor de los que motivaron su creación y deja que la OTAN avance, los nazis quemen viva gente y los capitalistas se aprovechen aun a precio de que su gas se encarezca.

A la izquierda, el jefe de los colaboracionistas durante la invasión nazi de 1941, Stepán Bandera, rodeado de estandartes de la UPA, la organización de dicho movimiento, en uno de los monumentos que tiene en Ucrania levantados por el gobierno nazi/otanista ucraniano. A la derecha la misma bandera nazi en la plaza de Cibeles en la manifestación «por la paz» de Madrid. Ustedes mismos.

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