El nacionqueerismo

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Hay movimientos que parecen estar en los antípodas en cuanto a su origen, medios y fines, hasta que rascas un poco y ves que son los mismos perros con distintos collares. Y eso es lo que les pasa a la teoría Queer en su planteamiento transgenerista y al nacionalismo: beben de las mismas fuentes y usan los mismos métodos para justificar su existencia, defenderse de las críticas y atacar a sus detractores.

La fuente es el narcisismo, el método la afirmación egocéntrica y su defensa la descalificación de quienes les señalen sus absurdos planteamientos. Tanto los transgénero como los nacionalistas repiten el mismo esquema. Veamos esas coincidencias en cuanto a lo que es más característico en cada uno de ellos.

En primer lugar el sentimiento

Sentimiento que se manifiesta en dos vertientes: la identitaria y la del deseo de ser. La identitaria porque se es lo que se quiere ser, en el caso trans: Mujer. Quien siente y se identifica como mujer, aun sin serlo y en contra toda la evidencia biológica, lo es porque así lo afirma. Y se es porque tal es el deseo personal, primer y único criterio válido para serlo.

El nacionalista lo es porque siente que es de un sitio tan especial y distinto a cualquier otro que no concibe no serlo. Ser español es lo más grande del mundo, un orgullo que envidian el resto de los mortales, pero es que ser vasco, catalán o canario es igual de maravilloso y afirmarse en esa identidad no tiene comparación con ninguna otra, y quien dude de ello es un antiespañol, un botifler o un cipayo según sea el caso.

En ambas situaciones es el sentimiento el criterio sobre cualquier otra consideración. Tan acusado es en el caso del nacionalismo que nos encontramos casos en que sin tener ocho apellidos catalanes se identifican tan a fondo con ese espacio territorial, histórico y mítico que asumen toda la explicación nacionalista como cierta y luchan por su independencia.

Un segundo criterio común sería el de la libertad para decidir

Para el transgenerista este principio es absoluto, hasta el punto de que lo han recreado en forma esperpéntica como la “autodeterminación de género”. No es que la libertad individual no sólo sea un valor a defender en un sistema democrático, sino que es el valor por excelencia ante el que cualquier otro criterio es secundario, y, por supuesto, el bien común un atropello y antesala de la más de las despreciables tiranías.

Si un sujeto, en el uso de su libertad absoluta, y con una interpretación chusquera del principio constitucional al libre desarrollo de la personalidad del artículo 10 decide que es, porque se siente mujer, es que es mujer, y ante esa afirmación no cabe duda o petición de justificación posible. Soy una mujer porque así lo decido y sanseacabó.

Para un nacionalista periférico la libertad de decidir es el eje de toda su existencia. El principio de autodeterminación es sagrado. No hay otro criterio que no pase por su libertad manifestada en forma de referéndum de autodeterminación. No importa que esa alternativa no esté contemplada en la Constitución de 1978, la misma que les asegura su autogobierno, cooficialidad lingüística… ni que no les avale ningún acuerdo internacional de descolonización, a los que con tanta frecuencia hacen referencia, pues no son ni han sido nunca colonias de una metrópoli. Les da igual.

El tercer criterio de coincidencia es la negación de la evidencia

En el caso transgenerista es la negación de evidencia biológica del sexo binario, de que no se puede nacer en un cuerpo equivocado, del cambio de sexo, de que el género y el sexo son lo mismo, “una mujer trans es una mujer”, la patología no existe, etcétera, etcétera.

Para el nacionalista la evidencia a negar es la histórica, junto con la recreación de otra historia tan fabulosa como falsa. Aparecen coronas catalonoaragonesas que nunca fueron tales, países catalanes que nunca existieron, ocupaciones militares de tropas extranjeras que nunca se produjeron, batallas que nunca se dieron, leyendas rosas de hermandad racial que por su ñoñería avergonzarían a Disney.

Su sentimiento es tan especial que necesita una legislación ad hoc

Los transgeneristas dicen vivir una situación tal de falta de reconocimiento de sus Derechos Humanos que deben hacerse leyes a su medida, tal como la Ley Trans. Leyes que la legislación internacional avala, dicen. Se inventan acuerdos, como el de Yogyakarta, declaraciones de la ONU, deforman epígrafes del DSM 5 o del futuro CIE-11 para hacernos creer que están avalados en sus delirios por todas las autoridades políticas internacionales y sanitarias al más alto nivel.

Los nacionalistas sienten que su razón de ser es tan evidente, su historia tan distinta a todos los que les rodean que las leyes deben reflejar ese hecho. Los llaman “derechos históricos”, “conciertos económicos”, “cupos”, “unidad de destino en lo universal”. Lo que sea necesario con tal de dejar claro qué es ser español, gallego, vasco, catalán… y lo que venga. Qué más da la equidad, la solidaridad interregional, la ciudadanía frente a lo tribal… nada de eso importa porque ellos tienen derechos inalienables que se remontan al inicio de los tiempos, que nadie más que ellos tienen.

Los que no son de “aquí” son maketos, moros, charnegos, sudacas… “Los otros”, los que nos quitan el trabajo y adulteran nuestra esencia racial.

La descalificación del crítico

El transgenerismo antepone su deseo a cualquier consideración y ante cualquier crítica razonada sobre su postura el insulto por excelencia no se hace esperar: TRÁNSFOBO. En breve tendrán otra opción: la denuncia y petición de multa a quien ose dudar de su delirio.

El nacionalista tiene un abanico más amplio de descalificaciones según el punto de vista que adopte. Va desde antiespañol o mal español a ñordo, españolazo, godo o colono. Y no es una lista exhaustiva. Las sanciones económicas por no rotular un escaparate en el idioma cooficial ya existen.

En conclusión: Transgéneros y nacionalistas comparten el imaginario del sentimiento de SER como lo definitorio por excelencia del resto de su universo, en contra de toda evidencia biológica o histórica y esperan que el mundo se amolde a sus deseos legislando para ello, si es necesario. Porque de lo contrario, se estarían violando sus derechos humanos.

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