La ayuda humanitaria que Cuba necesita es el fin del bloqueo genocida norteamericano

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Este contenido forma parte del especial #EnDefensaDeLaRevolución que desde El Común hemos lanzado para arrojar luz en las tinieblas informativas sobre los sucesos que están ocurriendo en Cuba. Defender la Revolución y su legado, frente a aquellos que hacen uso de la mentira para intentar tumbar un sistema es nuestro granito de arena en esta desigual batalla contra los mass media.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI un país imponga un bloqueo económico a otro, contra el resto de los 184 países integrantes de la ONU, y la comunidad internacional lo permita? La Asamblea General de las Naciones Unidas se pronunció una vez más en junio de 2021 de forma abrumadora contra el bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos a Cuba y exigió que se ponga fin a esas medidas coercitivas unilaterales. La resolución de rechazo al embargo a Cuba obtuvo esta vez 184 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones (Colombia, Brasil y Ucrania). ¿No es hora ya de que desde la ONU se imponga un bloqueo económico a Estados Unidos hasta que no cese en su bloqueo genocida de Cuba?

Bloqueo genocida que impidió la entrada de un buque proveniente de China con instrumental médico para enfrentar la Covid. Bloqueo genocida que impidió la compra de respiradores a empresas norteamericanas. Bloqueo por el que, salvo contadísimas licencias, las empresas de Cuba no pueden vender nada en el mercado más cercano y potente del mundo, EEUU. Ni comprar allí, lo que multiplica los precios de sus importaciones desde mercados distantes. Bloqueo por el que el principal emisor de turismo del mundo está vetado para la Isla. Bloqueo que impide que los productos de Cuba puedan llegar a otros mercados. Bloqueo por el que las compañías europeas presentes en la Isla son perseguidas por la Ley Helms-Burton, que ahuyenta las potenciales inversiones. A toda esto hay que añadir 242 nuevas sanciones aprobadas por Estados Unidos en los últimos cuatro años. Pero ningún medio de comunicación europeo o español habla del bloqueo y el embargo. En todo caso para decir que es una excusa…, del «régimen cubano». Ni siquiera le llaman gobierno.

Es un ejercicio de manipulación mediática de primero de carrera de periodismo y un ejercicio verdaderamente cínico que los mismos medios de comunicación que han pasado de puntillas por los actos de represión policial, con decenas de muertes, por los regímenes de Colombia y Chile, hablen ahora de “represión” en Cuba, donde las protestas han sido respondidas, de manera pacífica, por la inmensa mayoría de la población cubana que apoya el proceso revolucionario. Es tal la manipulación mediática de los medios de comunicación empresariales occidentales, buena parte financiados por Estados Unidos, que amplifican incidentes minoritarios y periféricos ocurridos en puntos concretos de la Isla, presentando incluso imágenes de protestas ocurridas en otros países como ocurridas en Cuba, mientras silencian las decenas de actos multitudinarios de apoyo a la Revolución que se producen en toda la Isla.

Como en España y en la mayoría de países Cuba está viviendo un repunte de contagios de Covid. Y como en España y en la mayoría de países su economía se ha visto afectada por la pandemia, especialmente el sector dependiente del turismo. Y, también como en la mayoría de los países ha habido protestas. En Cuba una parte de la población minoritaria en la localidad de San Antonio de Los Baños ha salido a la calle a protestar. La diferencia es que la derecha política y los grandes medios de comunicación en toda Europa y América, pasando por algunos cargos políticos como Borrell, alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, lo utilizan en el caso de Cuba como excusa para desestabilizar el país, e intentar intervenir violando su soberanía y derrocar al gobierno cubano.

La estrategia del presidente norteamericano Biden y de los halcones de su administración es la habitual hoja de ruta que sigue el manual de la CIA: en primer lugar, presentar la situación del país como de emergencia (en este caso sanitaria) aunque sea absolutamente falso (Cuba ha sido el único país de la zona que ha logrado desarrollar varias vacunas contra la Covid y el primero que logrará vacunar a toda su ciudadanía con vacuna propia, prestando incluso asistencia médica a decenas de países con sus brigadas sanitarias), como ha pasado en todos los países que han invadido; y en segundo lugar, anunciar como método de ayuda y salvación en este caso un supuesto “corredor humanitario”, un sistema en el que se puenteen las instituciones cubanas dejando al país a merced de la intervención extranjera. Como tantas veces en la historia de Estados Unidos, la Unión Europea y la OEA, la apelación a la intervención humanitaria en Cuba es solo un pretexto y coartada para acabar derrocando gobiernos que no les son afines a sus intereses y pretensiones geocoloniales que siguen manteniendo.

Por eso el único corredor humanitario que Cuba necesita es que la comunidad internacional ponga fin al bloqueo genocida norteamericano creando un bloqueo internacional económico, financiero y comercial al régimen norteamericano, tóxico e invasor que ha hecho todo lo posible por aumentar las penurias del pueblo cubano, tal como han instado la práctica totalidad de los países integrantes de la ONU 29 veces ya. ¿Hasta cuando vamos a seguir permitiendo la impunidad del régimen genocida norteamericano? ¿Hasta cuándo buena parte de nuestros dirigentes políticos en España y en Europa seguirán siendo cómplices de este genocidio con su silencio o su directa implicación? Quizá sea hora de salir a la calle en toda Europa para pedir un corredor humanitario que nos libere del colonialismo imperialista norteamericano de una vez, que ya estamos en pleno siglo XXI.

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Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de León. Doctor en Ciencias de la Educación. Licenciado en Filosofía. Diplomado en Trabajo Social y Educación Social. Ha trabajado también como educador social, como maestro de primaria, como profesor de secundaria, como orientador en institutos y como responsable de atención a la diversidad en la administración educativa. Especialista en organización educativa, desarrolla su labor docente e investigadora en el campo de la educación intercultural, el género y la política educativa. Entre sus publicaciones se encuentran: La asignatura pendiente (Plaza y Valdés, 2020), La educación en venta (Octaedro, 2020), Educación para el bien común (Octaedro, 2020), La revuelta educativa neocon (Trea, 2019), Neoliberalismo educativo (Octaedro, 2018), La polis secuestrada: Propuestas para una ciudad educadora (Trea, 2018), La educación que necesitamos con Alberto Garzón (Akal, 2016), Qué hacemos con la Universidad con Adoración Guamán y Josep Ferrer (Akal, 2014), Desvelando la historia. Fuentes históricas coloniales y postcoloniales en clave de género con Mary Nash (Comares, 2013), Educación pública: de tod@s para tod@s. Las claves de la “marea verde” (Bomarzo, 2013), Qué hacemos con la educación con Agustín Moreno (Akal, 2012), Educación Intercultural: Manual de Grado (Aljibe, 2012), “Decrecimiento y educación” con Carlos Taibo en Decrecimientos (Catarata, 2011), La Memoria Histórica en los libros de texto (2012), Globalización y Educación Crítica publicado en Colombia (Desde Abajo, 2009), Unidades Didácticas para la Recuperación de la Memoria Histórica (Ministerio Interior, 2009), Globalización neoliberal y sus repercusiones en la educación (El Roure, 2007), La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos (CIDE, 2004), Investigación desde la práctica: Guía didáctica para el análisis de los videojuegos. (CIDE/Instituto de la Mujer, 2004).

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