“Gobierne quien gobierne el Feminismo no se vende”

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“GOBIERNE QUIEN GOBIERNE EL FEMINISMO NO SE VENDE”

Yo estuve en la Concentración de València del 26J Por La Defensa De la Agenda Feminista y Contra Las Leyes Trans, y cuatro días antes estaba en la Manifestación convocada por la Coordinadora Feminista de València y la Federación de Asociaciones del Consejo estatal de Mujeres Resilientes de la Violencia de Género, al final de la cual, en una performance, hubo una quema simbólica de frases típicas machistas que alimentan y sostienen la Violencia de Género: “No vales para nada”, “Eres una inútil”, “Todo lo que tienes me lo debes a mí”, “No te atrevas a decirme que no”, “Ni te imaginas lo que puedo ser capaz de hacer si te enfrentas a mí”, ”Me obligas a hacerte daño”, “¿Pero quién te has creído que eres?”…

El Manifiesto que recogía las reivindicaciones que motivaron la Manifestación 22J se iniciaba con esta denuncia:

“La situación en el ejercicio de los derechos de las mujeres en el contexto global está experimentando un grave retroceso.

El compromiso político ha de traducirse en políticas estatales que defiendan, garanticen y promuevan los derechos y la protección de las mujeres.

Mientras los feminicidios (que son la expresión más brutal de violencia contra las mujeres) aumentan, las instituciones se muestran cómplices porque no ponen los medios para prevenir y combatir esta grave vulneración de los Derechos Humanos. Es urgente incidir para que el Estado cumpla con sus obligaciones de promover actuaciones de prevención, educación en Igualdad y no violencia, medidas de protección de los derechos de las mujeres y acciones contundentes contra la impunidad de hombres maltratadores.

No podemos ni queremos seguir soportando la violencia institucional que practica la Justicia Patriarcal”.

El Manifiesto que recogía las reivindicaciones que motivaron la Concentración 26J se iniciaba e incluía lo siguiente:

“El retroceso en la protección de nuestros derechos como mujeres es ya desgraciadamente una realidad incontestable. La ofensiva de la alianza entre el Patriarcado y el Capitalismo neoliberal contra las mujeres en general, y contra el  Movimiento Feminista en particular, está llegando a una situación criminal tanto en nuestro país como en el resto del mundo, subvirtiendo todas nuestras reivindicaciones y penetrando en todo nuestro ordenamiento jurídico.

El Movimiento Feminista toma las calles hoy para exigir tanto al gobierno central como a los autonómicos:

  1. El cumplimiento íntegro de la Agenda Feminista y la paralización y derogación de las Leyes Trans.
  2. La modificación y ampliación de la Ley de Violencia contra las mujeres.
  3. La aprobación de una Ley Abolicionista de la Prostitución.
  4. La derogación de la instrucción del Ministerio de Justicia que permite el registro en España de bebés nacidas/os de la Explotación Reproductiva de mujeres.
  5. El fin de la tramitación de Leyes Trans que borran a las mujeres y destruyen nuestros derechos, así como la derogación de todos los artículos que introducen la Agenda Queer en nuestro ordenamiento jurídico.
  6. Denunciamos el pacto de silencio que impide que se escuchen las voces críticas de las Feministas y de multitud de voces expertas en los medios de comunicación públicos”. 

Los dos Manifiestos se inician denunciando el mismo hecho: hay un retroceso a nivel global en la implementación y el desarrollo de Leyes y Políticas Públicas Igualitarias, y eso afecta directamente a los derechos de más de la mitad de la Humanidad, es decir, a las mujeres. Y en ambos Manifiestos se pone en evidencia la dejación de funciones que a este respecto está manteniendo el actual equipo de gobierno.

Pero esta falta de compromiso con la Agenda Feminista por parte de los partidos de izquierda lleva años produciéndose, un claro ejemplo es el completo abandono de las directrices establecidas por la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva de mujeres y hombres, que establece la necesidad de llevar a acabo, “una acción normativa dirigida a combatir todas las manifestaciones aún subsistentes de discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y a promover la igualdad real entre mujeres y hombres, con remoción de los obstáculos y estereotipos sociales que impiden alcanzarla. Esta exigencia se deriva de nuestro ordenamiento constitucional e integra un genuino derecho de las mujeres, pero es a la vez un elemento de enriquecimiento de la propia sociedad española”.

Muchas Feministas hemos abandonado la doble militancia tras comprobar que el “compromiso feminista” de nuestro partido era una impostura, ya que no existía el más mínimo interés por cumplir con el principio rector de la mencionada Ley Igualitaria de 2007: “La ordenación general de las políticas públicas, (ha de hacerse) bajo la óptica del principio de igualdad y la perspectiva de género, (…) buscando la prevención de esas conductas discriminatorias y encaminadas a la previsión de políticas activas para hacer efectivo el principio de igualdad. La Ley nace con la vocación de erigirse en la ley-código de la igualdad entre mujeres y hombres”.

Yo solté el lastre de la doble militancia a la espera de una única Militancia Feminista Política, que se vea reflejada en un Partido Feminista con Representación Parlamentaria, y cada vez son más las compañeras Feministas que toman esa misma decisión, porque cada día que pasa es más que evidente que nos sobran razones para dar ese paso.

En 2004 Esperanza Bosch (psicóloga, profesora y Directora de la Oficina de igualdad entre mujeres y hombres de la Universidad de las Islas Baleares) y Victoria A. Ferrer (psicóloga, profesora e investigadora en estudios de las mujeres, feministas y de género) publican “La voz de las invisibles. Las víctimas de un mal amor que mata”, fruto de una investigación llevada a cabo durante más de diez años. Estos son algunas de sus conclusiones:

“Cuando se denuncia una situación de injusticia, cuando se quiere destapar la caja de los truenos para poner en evidencia una realidad que obstinadamente se ha mantenido oculta, se pretende, en último extremo, actuar sobre las estructuras de poder, cambiar las normas del juego, para conseguir que en el juego de la vida no sigan ganando siempre los mismos.

Nos parece fundamental subrayar que estamos ante un problema social y no individual, que sus causas no son puramente individuales sino culturales e ideológicas, y consideramos prioritario por parte de las instituciones la toma de conciencia y el desarrollo de políticas públicas encaminadas a visibilizar el hecho de que la violencia contra las mujeres es un problema social de primera magnitud, para que  como sociedad nos volquemos en la prevención: si sólo se actúa individualmente, negando la evidencia de que la violencia contra las mujeres es un cáncer que consume a la sociedad, nunca se afrontará la necesidad de planteamientos globalizadores que cuestionen las relaciones intergénero. Los estereotipos sobre masculinidad y feminidad están directamente relacionados con los procesos de aprendizaje cultural, y con los complejos procesos de socialización a los que estamos sometidas/os desde el mismo momento del nacimiento, y no son características que vengan determinadas por la biología, por eso entre las estrategias a medio-largo plazo, enmarcadas dentro de la prevención de la violencia de género son prioritarios los modelos educativos basados en la coeducación, que abarquen desde la educación infantil a la superior”.

Pero ni un solo partido de izquierdas español ha demostrado estar comprometido con la remoción de esas estructuras de poder, y así, mientras que el Movimiento Feminista exige un cambio del pernicioso modelo socioeconómico blindado por el Patriarcado y el neoliberalismo más depredador, la izquierda busca una acomodación en ese mismo modelo; lo que ya no hay manera de disimular es que mientras que el Movimiento Feminista exige la implementación y el desarrollo de políticas igualitarias que socaven la desigualdad estructural e impidan el ejercicio de las prácticas de dominio, la izquierda reivindica una diversidad permeable con esas mismas prácticas y permanece ciega y sorda ante la opresión y la desigualdad inherentes a nuestro proceso de socialización.

Desde el Movimiento Feminista las voces de reputadas expertas han analizado y explicado el origen y el mantenimiento de la desigualdad estructural que padecemos:

Mª Elena Simón Rodríguez (Experta en coeducación, formadora de profesorado, analista de género y escritora, fue la primera mujer decana del Colegio de Doctores y Licenciados de Alicante):

“Las mujeres hemos sido conceptualizadas como puro cuerpo sexual y reproductivo (y ahora lo somos aún más si cabe y con un complaciente colaboracionismo), y esa heterodesignación nos ha impedido acceder al conocimiento y al poder, producir cultura o ciencia, ocuparnos de cuestiones públicas, obtener ganancias propias. Ahora ya no se nos impide, pero se nos valora poco en estos ámbitos o se nos interponen obstáculos que nos sobrepasan. Hemos sido nombradas y sometidas a normas rígidas de comportamiento para así poder mejor servir a los varones, sin roces ni competencia en espacios de vida, tarea y poder, moldeadas como complemento de los hombres.

Las erróneas ideas de “superior-inferior” aún están insertadas en la mayoría de las conciencias. A pesar de la evidencia comprobable de que mujeres y hombres nacemos desnudos, con inteligencia y capacidad para realizar distintos  aprendizajes, y por tanto, diferentes, iguales y libres, todavía están sumamente arraigados todo tipo de prejuicios, claramente visibles en los roles y estereotipos de género, mantenidos por aquellos a los que les interesa que exista confusión entre diferencia sexual (natural) con desigualdad de género (cultural).

Respecto a las mujeres, estos restos de mentalidad desigualitaria son especialmente graves: simplemente porque somos la mitad del mundo y por tanto no constituimos un colectivo humano específico, al igual que los hombres por el mero hecho de serlo tampoco lo constituyen. Sin embargo el tratamiento que recibimos es el propio de un grupo humano relegado al que se le atribuyen características específicas y comunes, formas y modos de conducta, habilidades, rasgos de personalidad, cualidades o defectos repetidos en todas nosotras. En realidad somos sometidas a una minorización simbólica, a un estereotipo congelado.

Quienes sufren la heterodesignación, soportan una serie de normas y definiciones sobre lo adecuado o no adecuado, conveniente o no y una intervención exagerada sobre sus propios sentimientos, expectativas de vida y deseos, que lograrán que la mayoría no se proponga ni siquiera cambiar esta heterodesignación, pues la creen derivada de la condición genética. Así que fácilmente asumirán una “identidad femenina”, identidad impuesta por medios poderosísimos: tradiciones, costumbres, creencias, modelos repetidos hasta la saciedad, imaginario colectivo, expectativas sociales y personales, oportunidades, premios y castigos.

Esta identidad, que se confunde con la especificidad de la esencia sexual femenina derivada del cuerpo reproductor, tiene que ver con los mandatos patriarcales básicos para que la división del trabajo funcione y las relaciones de poder se conserven y nos mantengan a mujeres y hombres especializados en distintos ámbitos de la vida en los que no debemos coincidir, sino complementarnos” (“Hijas de la igualdad, herederas de injusticias”, 2008).

Rosa Cobo Bedia (Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, profesora, fundadora y primera directora del Seminario Interdisciplinar de Estudios Feministas de la Universidad de La Coruña, asesora del Ministerio de Igualdad, ha impartido cursos y conferencias sobre Sociología del Género y Teoría Feminista):

“Todas las culturas están construidas sobre una red de estratificaciones, y las investigaciones antropológicas han puesto de manifiesto que es la división sexual del trabajo en formas distintas para mujeres y hombres la que configura la estructura central sobre la que se asientan todas la sociedades conocidas hasta ahora, y ha consolidado el sustrato de opresiones, subordinaciones y desigualdades propias de las sociedades Patriarcales.

Desactivar prácticas de dominio es extraordinariamente complejo y entraña una enorme dificultad, por eso sólo puede ser removido y socavado a través de la lucha colectiva en la práctica política. Y ése es el objetivo que el Movimiento Feminista a través de la Agenda Feminista se fijó, por eso se configura como un proyecto político de transformación social dispuesto a socavar los puntales que sostienen los patriarcados contemporáneos y a drenar el cenagal neoliberal que lo alimenta.

El Patriarcado, como todo sistema de dominio, se socava desde dentro y desde fuera. Desde dentro con las luchas Feministas, que son luchas políticas, puesto que el Feminismo es una Teoría crítica de la sociedad y por tanto es una práctica política que forma parte fundamental de cualquier utopía colectiva de transformación social, y eso la izquierda tiene que entenderlo y asumirlo, ya que ante la necesidad de la transformación social mostrada por el Feminismo y su análisis crítico de la alianza que dos sistemas de dominio, el Patriarcal y el Neoliberal han establecido, ni por parte de la izquierda tradicional ni por parte de la nueva izquierda encontramos respaldo y un compromiso firme de colaboración.

Y desde fuera, ya que por primera vez el Patriarcado está siendo cuestionado por grupos de varones. A lo largo de la Hª ha habido figuras individuales masculinas muy críticas con la opresión por sexo que sufrían las mujeres, y que políticamente  se significaban por reclamar la emancipación para las mujeres, pero ahora, y eso no había ocurrido antes, contamos, aunque de momento son muy pocos, con grupos de varones que se han articulado políticamente para distanciarse críticamente de un sistema de dominio que les proporciona beneficios y privilegios. Este hecho en unos tiempos que son difíciles es un motivo para la esperanza.

Y creo que es una tarea pendiente para el Feminismo visibilizar la importancia que tuvo y tiene que históricamente la mayor parte de la izquierda se haya articulado en torno a la idea de Igualdad material, porque la idea de Igualdad desarrollada durante todo el proceso educativo permitirá la comprensión por parte de los varones de que no es posible asumir el Principio de Igualdad y negárselo a más de la mitad de la Humanidad.

El Feminismo se construye a través de un discurso de reivindicación de la RAZÓN, lo que reivindica el Feminismo es la construcción de las mujeres como sujetos racionales en 1ª instancia, y en sujetos políticos en 2ª instancia, es por ello que el Feminismo siempre va de la mano de esos momentos históricos en los que la RAZÓN y la CULTURA son convertidos, por las sociedades de esas épocas, en herramientas poderosas de cambio social”. (Ponencia “La perspectiva Feminista y el debate con el Multiculturalismo”, septiembre 2015)

“Quien toma conciencia de un problema está en condiciones de resolverlo”, y el Feminismo lleva casi cuatro siglos de toma de conciencia, casi cuatro siglos de estudio, reflexión y análisis crítico de esa red de estratificaciones que configuran toda comunidad humana, a las que aludía Rosa Cobo, cuyo nódulo central es la socialización diferencial y jerárquica de mujeres y hombres establecida por el género. Todo ese enorme bagaje intelectual sienta las bases y consolida la estructura de la Teoría ética y política Feminista, ella impulsa la Vanguardia, alimenta el Movimiento y avala la Agenda Feminista.

“Gobierne quien gobierne el Feminismo no se vende” es uno de los lemas que cantamos en las Concentraciones del 26J. Más alto y más claro no lo podemos decir.
#HartazgoFeminista
#NosSobranRazones

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Purificación Liétor González. Licenciada en Psicología, siendo su área de formación y actividad profesional la Psicología Sanitaria. Nació en 1968 y eso le permitió conocer de primera mano la militancia política en clandestinidad en la figura de su padre y en su carnet del PCE. Es la nieta mayor de dos abuelas analfabetas cuyos maridos sí sabían leer y escribir, es más, su abuelo paterno llego a ser Secretario General del PSOE durante la República en su pueblecito de Jaén. Pasó de feminista anónima a activista feminista cuando conoció la primera sentencia de La Manada de Pamplona de la Audiencia de Navarra, y pasó de votante a militante de Podemos cuando en su Municipio se quedaron a un puñado de votos para tener un concejal mientras que VOX conseguía dos.

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