Heroína queer

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No, no es una mártir del movimiento LGTBIQAP+++ que se haya inmolado en la defensa del colectivo que va camino de agrupar más caracteres que el abcedario chino. Lo que tiene mérito considerando que los auténticos “trans”, aquellos que presentan una anomalía en su desarrollo sexual embrionario (ADS), es inferior a 1 caso por cada 2.000 nacidos vivos, es decir, el 0,05% de la población española, y los que se agrupan bajo las siglas L o G o B ni son una anomalía, ni unos enfermos, ni nada que se le parezca, y los QAP y resto de identidades sentidas o escenificadas están a medio camino entre el circo Price y la consulta psiquiátrica.

Pero antes de contar que es la heroína queer repasemos un poco de historia sobre la introducción de las drogas en España.

Desde mediados de los setenta se detectó un incremento del consumo de estupefacientes en los barrios obreros y ciudades dormitorio de las grandes ciudades que iba más allá del consumo de hachís. Era de heroína y cocaína de alta pureza –y ésta segunda para otros grupos sociales de más poder económico y nivel social medio-alto-, y ambas a precios muy baratos.

Aquella entrada de heroína causó estragos entre la juventud de los barrios obreros y aunque también tuvo efectos (daños colaterales dirían los estrategas) entre los hijos de las clases altas, en la periferia de las grandes urbes fue terrible. Al deterioro físico e intelectual que suponía el consumo se añadió el sida a principios de los 80. Sus efectos se han prologado durante lustros.

Las causas socioeconómicas que propiciaron esta situación son conocidas y darían para otro artículo, sólo como recordatorio habría que consultar las tablas de paro entre los años 1973 –con la primera crisis del petróleo- y la entrada en la Unión Europea en 1986 que supuso un previo paso de desmantelamiento industrial en España.

En las encuestas del CIS este fenómeno del consumo de drogas se reflejó en que entre los años 1985 a 2005 las drogas junto con la seguridad ciudadana –a la que se la unía indisolublemente- estaban junto con el paro y ETA entre las primeras preocupaciones de los españoles. Si en mayo/85 la preocupación era de 17,5 puntos, en junio/88 era de 49,0 -superando a ETA-. Hoy, la preocupación por las drogas a mayo/20 es de 0,1 y a ETA ni se la menciona. El paro sigue siendo la primera preocupación. Lo era en 1985 y lo sigue siendo hoy.

http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html

Hay quien veía que detrás de esa entrada de la heroína, y en menor medida de la cocaína, a precios muy asequibles, una estrategia de Estado y sus FFSS, aliadas con mafias internacionales, para desmontar los movimientos obreros allí donde eran fuertes. Era una teoría con visos conspiranoicos bastantes acusados, y más allá de que la policía usase ocasionalmente los servicios de algún camello como confidente no parece que esa haya sido una estrategia montada desde el Estado. Al menos eso es lo que Juan Carlos Usó expone en libros como “Drogas y cultura de masas” y “¿Nos matan con heroína?”

Otros, como Justo Arriola Etxaniz con su libro “A los pies del caballo. Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herria”, defendían esta tesis del Estado como promotor de la expansión de la heroína para desmantelar el “Movimiento Nacional de Liberación Vasco”, que diría Aznar años más tarde.(https://elpais.com/cultura/2018/05/06/actualidad/1525623298_548149.html).

Esta teoría de la presencia del Estado en la extensión de las drogas también era un reflejo de lo sucedido en Italia pocos años antes, donde los grupos “La Guerriglia Comunista y Squadre Proletari Armate acusaban al gobierno de la Democracia Cristiana de estar detrás de la introducción masiva de heroína para desmovilizar a los jóvenes y a los obreros de las fábricas”[1]. De hecho, en 1978, la Guerriglia Comunista, un grupo que formaba parte de las Brigadas Rojas, asesinó a varias personas en la ciudad de Roma acusándolas de traficantes. Y en Milán la Squadre Proletari Armate -un grupo cercano a Primera Línea-, desarrolló una corta campaña contra el narcotráfico[2].

Fuese o no una conspiración del Estado, que no es el objetivo de este artículo aclararlo, si no el de señalar las consecuencias -lo relevante-, por analogía, de las similitudes que se dan entre la “facilidad” con que los 70-80 se movió la heroína -y otras drogas- y la amenaza que hoy se da para los menores con las leyes “trans” aprobadas tanto a nivel autonómico como la que se tramita en estos momentos en el Parlamento. Y tanto en uno como en otro caso ambas con graves efectos. Los de los años 70-80 ya de sobra conocidos y los que se avecinan vislumbrados en lo que ha sucedido y sucede allí donde este tipo de legislación se aprueba.

Esos efectos en los años 70 y ss., fueron barrios asolados por la droga, descampados y parques llenos de jeringuillas, asaltos al pequeño comercio y farmacias: “Número de “asaltos o robos a farmacias en busca de estupefacientes en Madrid”: 5 en 1975, 60 en 1976, 529 en 1977. “El punto álgido del consumo de heroína en España fue el año 1980, luego aparecen los problemas”” (https://www.elsaltodiario.com/drogas/heroina-en-madrid-imagenes-que-vuelven-al-barrio)

Hoy, las consecuencias se adivinan por lo visto en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, etc., donde las leyes de “Auto identificación de género” (AidG) han dado lugar a hormonación y procesos de cirugía a menores con efectos devastadores para ellos, convirtiendo la “AidG” en un reclamo publicitario con el que personajes del mundo del espectáculo como Ellen Page pasa a ser Elliot Page, con el aplauso de las miles de clínicas que han hecho un negocio de la mutilación de menores.

Como las compañeras de Contra el Borrado de las Mujeres lo cuentan por extenso y con pelos y señales de, esta vez sí, la existencia de un lobby y conspiración para sacar adelante este disparate de las leyes “trans”, os dejo el enlace a su magnífico trabajo  (https://contraelborradodelasmujeres.org/financiacion/).

¿Y cuál es la analogía entre lo sucedido en los años 70 y 80 con la heroína con lo que hoy ocurre con la promoción en todo tipo de situaciones de las políticas de AidG?

Pues que tras esa supuesta conspiración del Estado, denunciada por la izquierda extraparlamentaria de entonces, son hoy sus sucesores -y no sólo ellos- los que apoyan desde los parlamentos autonómicos y el nacional la puesta en marcha de leyes de AidG. Lo que entonces les parecía una forma de guerra sucia contra el movimiento obrero hoy lo ven como una liberación de la opresión que sufre -no ese 0,05% de población que tiene una ADS-, sino ese indefinido mundo del transgenerismo que “no pueden ser” lo que en su deseo –supremo criterio de autoridad- dicen que son contra toda evidencia biológica y racional, pero a estos “trans” y sus apoyos la realidad, la razón y la biología les importa una higa. Ya se sabe que eso de la razón son cosas de CISetcéteras.

Si en los 70-80 para distribuir la heroína se necesitaban camellos que a pie de obra atendiesen el menudeo de la papelina, hoy quienes hacen esa tarea de mantener en el día a día la ficción de que los “trans” no tienen sus derechos humanos atendidos son escritores, articulistas, artistas en los Premios Feroz (https://www.elplural.com/fuera-de-foco/samantha-hudson-travesti-acudido-premios-feroz-camiseta-acab_260987102), cadenas públicas de ocio como TVE (Playz) o privadas (HBO, Netflix…), empresas que patrocinan estos saraos inyectando el dinero que se necesitan para copar cada día con noticias los medios y dar pie a las campañas de las farmacéuticas apuntándose a “la diversidad” como Novartis, p.e., etc., en un suma y sigue difundiendo el esperpento ideológico de que el deseo individual de ser es el criterio por el que debe regirse toda la legislación, y que oponerse a ello es un “delito de odio”.

Las consecuencias de la entrada masiva de la heroína barata y de alta calidad en los 70 no se vieron inmediatamente, sino con el tiempo, y salvo casos contados no alcanzaron visibilidad en los medios si no era ligado al aspecto de la inseguridad ciudadana. Sólo las asociaciones vecinales, Madres contra la droga, etc., estuvieron al pie del cañón desde el primer momento y cuando sus efectos no eran aún evidentes denunciando la situación.

Hoy son las asociaciones feministas, como las de CONTRA EL BORRADO DE LAS MUJERES las que alertan de las consecuencias que tendrá que los protocolos escolares conviertan a los docentes en comisarios políticos del género, contra el que llevan luchando todo su vida; del riesgo de que los padres puedan perder la patria potestad porque se opongan a la aberración de aceptar que su hijo o hija, por no cumplir las estereotipadas reglas de género deban ser considerados como que viven en un cuerpo que no es el suyo y ser objeto de tratamiento hormonal para llevarlos a “su verdadero ser”; las que avisan que a quien va a perjudicar estas normas será a los auténticos trans, que lejos de buscar el foco mediático lo único que desean es ser atendidos en su ADS.

Y las feministas sobre todo nos avisan de cómo el fin último es eliminar la diferencia basada en el sexo por el que se sabe que existe violencia sobre la mujer por el hecho de serlo, los techos de cristal, las diferencias salariales y de promoción en las empresas, la ausencia en los puestos de decisión… Y para cuando estas consecuencias sean tan evidentes, cuando se vea que lo que se ha tardado años en construir en políticas de Igualdad desaparece de un plumazo, que las demandas de menores inducidos a “transicionar” se acumulan en los juzgados, entonces, como ahora empieza a suceder en el Reino Unido, se revisarán las barbaridades dadas por buenas en mor de la “inclusividad y la diversidad”, pero ya será tarde para muchos menores que habrán pagado con su salud estas “alegrías”. Y será tarde para las reivindicaciones del feminismo, porque en el pack de la “diversidad” entra también la legalización de la prostitución y la gestación subrogada.

Y a ello habrán contribuido en primer lugar los lobbies abanderados por la Open Society de Soros, luego las compañías que sacarán un beneficio directo: farmacéuticas y clínicas de cirugía estética, empresas de gestión de vientres de alquiler, etc., que gracias a la eficaz labor de mercadeo de sus distribuidores -camellos- de ideología transgenerista: periodistas, artistas, articulistas, empresas patrocinadoras, políticos, sindicatos… han popularizado esa idea neoliberal de que el deseo, muchas veces inducido, es lo único que cuenta.


[1] García Varela, P (2021). La campaña de GUERRIGLIA COMUNISTA Y SQUADRE PROLETARI ARMATE contra la heroína a finales de los años 70 en Italia. Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

[2] Opus cit.

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