Entrevista a Abel Aparicio «¿Dónde está nuestro pan?»

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Hablamos con Abel Aparicio por teléfono mientras tratamos de que esta pandemia desaparezca de la faz de la tierra como lo ha hecho, terriblemente, la minería y todo lo que ello aparejaba. La segunda edición de “¿Dónde está nuestro pan?”, Marciano Sonoro Ediciones, 2020, está actuando como acicate para conservar como un tesoro todo lo que allí sucedió. Las luchas y las vivencias de estas gentes que lo dieron todo para conservar lo mejor que tiene la humanidad, su libertad.

Has escrito poesía, libros de viajes y diferentes artículos de para diversos medios de comunicación. La primera pregunta es obligada, ¿dónde te encuentras más cómodo, como poeta, escribiendo artículos para medios de comunicación o como novelista?

La cuestión es que mi pasión por la bicicleta de montaña me ha llevado a descubrir diversos lugares que tienen mucho que contar y que no se han contado aún. Con la poesía se pueden expresar ideas y sentimientos en esencias muy pequeñas, en pocos versos decir mucho. La novela es lo contrario, contar algo y mantener al lector enganchado doscientas o trescientas páginas sin que se aburra era algo que me daba vértigo. Es difícil decir dónde me encuentro más a gusto. Con esta novela me divertí mucho escribiéndola, pero también lo pasé mal porque cuentas cosas terribles. Quizá la novela sea donde más disfrute.

¿Por qué un libro como “¿Dónde está nuestro pan?” ¿Qué te llevó a escribir un libro de estas características?

Quería contar no sólo una, sino tres historias. Gracias a la bicicleta de montaña que mencioné anteriormente me adentré en la zona noroeste de la Cepeda y en la parte este del Bierzo, dos comarcas leonesas con zonas agrestes, arroyos, sendas y muchas arboledas. Era un sitio idílico para ambientar una novela. Otro punto fue ver el patrimonio industrial lamentablemente abandonado desde Tremor de Arriba hasta Torre del Bierzo y la zona de Brañuelas, que me llamó mucho la atención. Pero, además del paisaje, me impresionó el paisanaje. Hombres y mujeres de estos pueblos que vivieron historias muy potentes. Nos solemos fijar en grandes figuras, grandes nombres, pero me interesaban las pequeñas historias. Una revuelta del pan protagonizada por 39 mujeres que si hubiera ocurrido en otro país hubiera sido reconocida; un atraco a un tren tan importante como fue este, digno de película o de serie, el segundo asalto más importante de España en cuanto a cuantía económica, no es conocido ni si quiera en la zona donde se produjo, entre las estaciones de Brañuelas y la Granja de San Vicente y, finalmente, el relato de “La línea”, y la historia de una familia represaliada que tuvo que huir al monte por reivindicar unas mejores condiciones laborales para los mineros. Tres historias tan potentes y tan importantes que me empujaron a escribirlas en cuanto tuve noticia de ellas.

¿Has estado en esa línea férrea entre los dos túneles?

Creo que soy la persona que más ha estado entre esos dos túneles del mundo. Lo conozco en todas las estaciones, sé cómo cambia el paisaje y por dónde huyeron y cómo prepararon el asalto. Eso sí, ese asalto no se hace si no hay nadie dentro de la compañía que hubiera proporcionado información. Está ficcionado, porque no tengo pruebas de esa colaboración, pero creo que es evidente. Ellos eran del Bierzo más oeste y esa zona del Bierzo este, o eres de allí o no la conoces. 

El libro es una declaración de amor hacia la lucha de los trabajadores, la lucha de las mujeres y, sobre todo, hacia la comarca del Bierzo y la cuenca minera leonesa. A colación de esto, el pasado 27 de diciembre el Ayuntamiento de León aprobó en pleno una moción presentada por Unión del Pueblo Leonés para desvincularse de la Comunidad Autónoma de Castilla y León y crear una comunidad autónoma propia, la Región Leonesa o País Leonés, ¿qué opinas al respecto?

Yo soy partidario de la autonomía del País Leonés, por muchos motivos, no sólo en su base histórica, que también, sino que existe una base cultural, organización de concejos, una forma de entender los bienes comunales que se mantuvo en León, cultura, tradición oral, es totalmente diferente de Castilla. No tengo nada contra de Burgos, Palencia o Ávila, pero no somos Castilla. Esta unión se produjo por dos motivos, uno, como se dijo por parte de Martín Villa, que fue quien orquestó este engendro de Comunidad, que la idea era hacer dos comunidades muy grandes, Castilla y León y Castilla-La Mancha, en el centro de España para contrarrestar el nacionalismo catalán y vasco, que por cierto, al final no sirvió de nada como se puede observar. La otra opción, que se barajó fue hacer una comunidad de León con Asturias, pero como también dijo Martín Villa, demasiado minero rojo junto. Ellos echaron sus cálculos y no les fallaron porque ahora mismo Castilla y León lleva siendo gobernada por la derecha desde el 87. En cuanto la peculiaridad del Bierzo, con una comunicación con Galicia muy importante, creo que no se entiende el Bierzo sin León, ni León sin el Bierzo.

A cada generación le toca defender los derechos fundamentales, ¿crees que la nuestra lo está haciendo bien? ¿Qué ha podido cambiar?

Libertad Aurora, la protagonista del tercer relato, me dijo en su casa de Almagarinos que ella sabía quiénes eran los suyos, y eran los que no tenían dinero. “Los capataces, los jefes de la mina, esos, no eran los míos”. Le dije que acababa de definir en dos frases la lucha de clases. Una mujer de 87 años define mejor la lucha de clases que mucha gente de mi generación. Y luego dijo otra cosa que yo creo que fue un toque de atención a nuestra generación. “No puedo entender como alguien que cobra el salario mínimo está votando lo mismo que los dirigentes del IBEX.” 

¿La cuestión está en la invención de clase media?

Es que ni me la mentó, porque no existe. Sólo estamos los que trabajamos y los dueños de la empresa. Cuando veo a gente de mi generación trabajando ocho horas cuando tienen un contrato de cuatro y votan a la extrema derecha o la derecha extrema, creo que vamos hacia el abismo. Me parece increíble que esta señora se dé cuenta y ellos no. Nuestra generación está perdiendo el foco sobre la clase social a la que pertenece cada uno.

En cierto modo el primer relato, el que da título al libro, ¿dónde está nuestro pan?, supone la constatación de que incluso las pequeñas victorias son importantes. ¿Encierra una enseñanza moral para la clase obrera? ¿Sin lucha no hay victoria?

Claro, yo lo cuento en las presentaciones del libro. Un grupo de 39 mujeres en el año 41, que tenían desde los 16 años hasta los 70, era impensable que fuesen a protestar al Ayuntamiento dirigido por un alcalde falangista. Todo el mundo les decía que esa lucha estaba perdida, pero lo hicieron. Se estaban jugando ser obligadas a tomar aceite de ricino, corte de pelo al cero, ser arrastradas por el pueblo, violaciones, cárcel, una paliza y, por qué no decirlo, la cuneta. Porque que no se nos olvide que en el Bierzo se fusiló gente hasta los años cincuenta. Estas mujeres se estaban jugando todo eso. Creo que es un ejemplo de lucha. El pan por el que luchaban les correspondía por ley por medio de la cartilla de racionamiento. Creo que es un ejemplo de compromiso y lucha, muchas veces en contra de la opinión de sus maridos y sus padres. Es un ejemplo clarísimo de lucha contra ese mantra de “ni lo intentes”.

En el segundo relato, Tren 485, un grupo de maquis llevan a cabo un acto de rebeldía y de justicia, ¿crees que hay un conocimiento fundado de los maquis en este país? ¿Se ha estudiado suficientemente el tema?

Creo que no. En el Bierzo sí son conscientes de ello porque aquí hubo una figura que trascendió, Manuel Girón Bazán. Sí que hay conocimiento de que hubo muchos huidos en la zona, de hecho en el Bierzo se fundó la Federación de Guerrillas León-Galicia, la primera organización de guerrillas de todo el estado, y fue en Ferradillo en el año 42. Hay un conocimiento de lucha antifranquista con nombres y apellidos. En el conjunto del Estado creo que no hay tanto conocimiento como se debería. No se conoce lo suficiente la lucha clandestina que hubo en este país como si se tiene, por ejemplo, en Francia durante la II Guerra Mundial. Es un gol más que nos metieron durante la transición.

Casi todos los protagonistas están fuertemente ideologizados, son comunistas, socialistas, anarquistas, hablan de organización, de lucha obrera, de Marx, de Bakunin. ¿Crees que actualmente existe algún rastro de ideologización en la clase trabajadora española? ¿Y en la izquierda?

Sin querer ser ortodoxo, creo que falta un poco de doctrina o conocimiento de estudios de la organización obrera y social. Es lo que decías antes de la Clase Media, hay una serie de hechos históricos, conocimientos, teorías que te dicen cómo te puedes organizar. Estoy hablando de sindicatos. Verás, hay una viñeta que creo que lo define muy bien: llega una persona a una consulta médica y al contarle lo que le pasa, el médico le dice que no necesita una pastilla, necesita un sindicato. Creo que las reformas laborales se basaron en eso, romper todos los contactos entre obreros, abolir lo colectivo e individualizar las luchas. Cada uno piensa que el problema es suyo, personal, y que estás solo en el mundo. Y ese conocimiento de Marx, Bakunin, etc. creo que en el día de hoy se canaliza a través de un sindicato que es la forma de defender a las trabajadoras y los trabajadores. Y, claro, por esta razón y por errores propios, el sindicalismo está en horas bajas.

Los tres relatos que constituyen la novela tienen diversos puntos de unión, transcurren en tiempos distintos y con diferentes personajes pero se habla de la misma zona, la cuadrilla del Profesor pasa por la panadería que es protagonista en el primer relato y existen, en cierto modo, líneas cruzadas de argumento, ¿a qué responde esto? ¿Es intencionado?

Yo quería ligarlo a una época, desde el 36 hasta mitad del franquismo. La parte que ficcioné en el tercer relato, el viaje de la abuela y la nieta en tren, quise ligarlo a la relación generacional. Nada es casual, ya que cuando tú educas en valores a tus hijos y a tus nietos, por lo general, te salen luchadores y no olvidan de dónde vienen. También quise ambientarlo en una zona geográfica concreta, el Bierzo y La Cepeda, ya que poner nombres, apellidos y lugares concretos, hace más humana la historia.

Escribes mucho sobre las mujeres y su lucha particular. El sufrimiento durante la guerra y la posguerra siempre fue mayor en las mujeres. Fueron el sustento de las familias y de la sociedad, llegas a decir que eran “las alumnas aventajadas del silencio”. ¿Crees que la lucha de las mujeres es la última Revolución que queda? ¿Quizá la más esperanzadora?

Ahora mismo es la batalla más potente a nivel mundial. Sin embargo, no quiero ser de los que cargan sobre sus espaldas toda la responsabilidad, es decir, el ecologismo, el antifascismo, el medio ambiente, la lucha de clases, etc. porque no es justo.

En el último relato, “La Línea” utilizas la música como engranaje de las historias cruzadas del relato. Grupos internacionales como The Class, Metallica o Coldplay conviven con Berri Txarrak, Spanta la Xente o Victor Jara. ¿Qué función tiene la música en tu literatura?

Soy un melómano. Creo que una forma de atraer a más gente, o a cierto público, es a través de la música. Dixebra, un grupo asturiano que canta en asturleonés, tiene un directo que empieza con un paisano mayor diciendo: “está muy bien la literatura pero la musiquina, la musiquina.” Y tiene razón porque una canción la pones una vez y otra y otra, y acaba transmitiendo unas ideas que se te pegan. A mí me impactó muchísimo cuando la selección femenina de baloncesto, hace dos o tres años, tenía como uno de sus himnos el “vals del obrero” de Ska-p. Si escuchas The Class con “Spanish bombs” hablando de Lorca o escuchas Berri Txarak con “Maravillas Lamberto” o escuchas los Chicos del Maíz hablando de lucha de clases, esa “musiquina” que va llegando y llegando te cala, inconscientemente lanza un mensaje de clase.

Durante los tres relatos el lenguaje que utilizas tiene varios localismos, “ese repente”, “en la contorna”, palabras que tienen el ánima del tiempo junto a ellas como “Trébedes”, “Pregancias”, “Aguzo”. ¿Crees que el lenguaje, en cierto modo, condiciona nuestra forma de pensar o es al revés?

Durante muchos años se intentó (y se intenta) eliminar cualquier palabra o expresión verbal propia del asturleonés. La UNESCO y el Consejo de Europa dicen que está en peligro de extinción. En Euskadi, Galicia, Cataluña y Valencia pasaba algo similar, pero por suerte, se está protegiendo. Recuerdo hablar con mis abuelos y abuelas, que me transmitían unas ideas o unos conceptos que, o eran con esas palabras o no lo transmitían igual. Si tienes una idea necesitas esas tres o cuatro palabras claves sin las cuales la idea desaparece. El lenguaje es básico. Aquí tenemos la palabra asturleonesa “emburriar” que significa empujar. Cuando los niños de la época decían esa palabra les pegaban. Es una forma de aniquilar un sentimiento, una cultura, una historia. Es la apisonadora del nacionalismo más rancio. Pasa lo mismo con la toponimia, el nombre de los lugares cambia de una lengua a otra. Es vital para transmitir sentimientos e ideas.

En el último relato dejas claro lo importante que es escuchar a las viejas generaciones. ¿Quizá estamos como estamos precisamente por no saber escucharlas?

Cuando saqué el último poemario, “Alboradas en los zurrones del pastor”, dije que había una frase que odio con todas mis fuerzas: “abuelo, no me cuente usted más historias.” No hay nada peor que no escuchar a nuestros mayores. Tu abuelo te estaba contando su vida, escúchale. Porque tú estás aquí por él, y cuando te contaban esas historias de hambre, de persecución, de maquis, de aquellos a los que habían quitado tierras, hay que escucharlos porque de lo contrario, lo estás ocultando. Cuando entrevisté a Libertad Aurora, yo no hablé ni diez minutos durante las dos horas de la entrevista. Ahí vi dos cosas, una, nadie o casi nadie ha venido a preguntarle, y dos, esta mujer tiene una imperiosa necesidad de contar lo que pasó porque me parece una historia fundamental para comprender muchas cosas. Así que hay que cambiar eso de las batallas del abuelo por otra con “abuelo, cuénteme”.

¿Has tenido que investigar mucho, documentarte, hacer entrevistas?

Hay un amigo, Alejandro Rodríguez, que es fundamental en este proyecto, historiador de Ponferrada al que le comenté la idea que tenía en mente para escribir un libro sobre esta familia del valle del Tremor. Me dijo que él tenía los documentos de dos causas judiciales que me iban a encajar perfectamente en el libro porque están ambientadas en el mismo lugar. Eran la causa judicial de la revuelta del pan y la causa judicial del asalto al tren. Ahí estaba todo, solo quedaba novelarlo.

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