Enrique Santiago y el oportunismo

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De cómo el actual Secretario General del PCE ha utilizado al Partido como trampolín
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Ha transcendido en las últimas horas que Enrique Santiago, actual Secretario General del PCE, será el nuevo secretario de Estado para la Agenda 2030 en sustitución de Ione Belarra, próxima ministra de Derechos Sociales.

La irresponsabilidad que manifiesta con la asunción de este cargo sólo es comparable al oportunismo que ha demostrado en estos últimos tiempos, cuando ignorando la línea política y programática de la organización que dirige, la llevó a participar de un gobierno Neoliberal.

Decía Lenin que para el Partido eran necesarios los “revolucionarios profesionales” entendiendo como tales a aquellos que tenían como única tarea la organización de la Clase Obrera para preparar y organizar la revolución. Es decir, que su actividad fuese aplicar lo acordado por su organización para poder desarrollarlo en el movimiento obrero, y así llegado el momento, guiar al resto de la Clase Obrera a la revolución y al socialismo.

Extrapolando esta máxima de Lenin a las direcciones de los partidos comunistas, habría que pedir al menos que un Secretario General de un Partido Comunista denominado Marxista-Leninista, tuviera como única tarea (que no es poco) la de trabajar en aplicar los documentos aprobados por la organización a la que representa. Creo que no sería demasiado exigir que se dedicara en cuerpo y alma a reestructurar su profundamente debilitada organización, aplicando la nueva forma organizativa salida del XX Congreso en base al Marxismo-Leninismo y a aplicar igualmente la línea ideológica adquirida, en todos los ámbitos en los que las intervenciones del PCE sean necesarias.

Pero lejos de esto, Enrique Santiago, no sólo no se ha dedicado a ser un “revolucionario profesional” que hace de la revolución socialista su horizonte, sino que ha optado por todo lo contrario, transgrediendo la línea política y organizativa aprobada por su Partido en el último congreso, demostrando que lo único que quería era un trampolín político que sirviera a sus intereses personales.

Ha llevado al PCE a participar de un gobierno que está en contra de todo lo aprobado por su Partido, ha demostrado que no tiene reparos en actuar contra aquellos que en el seno de su organización han pedido que se cumpliera con sus documentos, intentando expulsarlos y por supuesto, ha justificado todas las contradicciones cometidas achacándolo todo a la tan manida correlación de fuerzas.

Así que contraviniendo las necesidades orgánicas que pedirían su total dedicación a la organización, se presentó en las listas electorales para ser diputado de una coalición electoral que en vez de romper con el denominado por sus documentos políticos “régimen del 78”, participa del gobierno que lo sustenta.

Pero la incongruencia no se queda ahí, porque parece inminente su nombramiento como nuevo Secretario de Estado del Ministerio de Derechos Sociales, lo que le privará como es lógico, de cualquier posibilidad de desarrollar lo que debería ser su única ocupación, la de organizar el PCE, la de hacer que pare su sangría de militantes, la de hacer que vuelva a ser preminente en el Movimiento Obrero, la de hacer que vuelva a tener presencia en todos los ámbitos sociales, la de hacer que sea el ariete contra el capitalismo.

Es imposible compatibilizar la Sª General del PCE (que demanda 24h de trabajo diario) con un cargo de “asalariado técnico” como es el que le han propuesto, o al menos debería serlo para alguien con Conciencia de Clase, que tuviera claro cuales son sus obligaciones al aceptar ser la cabeza visible de una organización política denominada Marxista-Leninista.

Creo sin lugar a dudas, que la única opción digna para Enrique Santiago es la de su dimisión como Secretario General del PCE, si es que realmente va a ostentar ese cargo en el ministerio, y por tanto, la convocatoria de un Congreso en el que se le sustituya por alguien que esta vez sí que respete la línea ideológica y programática de su Partido y que no utilice el mismo como herramienta de ascensión personal, que es en definitiva lo que Enrique Santiago ha hecho con la Secretaría General del PCE.

La militancia, la Clase Obrera y los trabajadores se merecen tener un PCE que luche contra el capitalismo y no un PCE rendido a las directrices Neoliberales y Atlantistas, que hacen que participe de la salvación de un gobierno monárquico que actúa en contra de los intereses de la mayoría social de este país. Espero que si la dignidad no llama a la puerta de la conciencia de Enrique Santiago, sean los militantes del PCE y los cuadros que aún tienen clara cuál debe ser la utilidad del mismo, los que pidan la dimisión de su hasta ahora, dañino Secretario General.

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