Lo que pudo ser y no será

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Aunque no es mi caso, para millones de personas, el pacto “de los botellines” y la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos, significaba una esperanza de que todo iba a cambiar para bien, pero desgraciadamente, las peores previsiones se están cumpliendo con creces.

El 9 de Mayo de 2016 se escenificaba públicamente el llamado pacto de los botellines, con el abrazo en la Puerta del Sol entre Alberto Garzón y Pablo Iglesias, un acto muy esperado para millones de personas que tenían puestas sus esperanzas en que un pacto entre PODEMOS e Izquierda Unida, iba a generar un cambio en el tablero político con el que los más desfavorecidos saldrían ganando.

Se supone que este pacto iba a encauzar los anhelos de quienes desde el 15-M en adelante se habían movilizado a través de las marchas y mareas varias que habían surgido en todo en el Estado contra los recortes de derechos que los gobiernos del PP habían realizado hasta el momento, se supone que era un impulso para organizar y canalizar electoralmente la indignación y la rabia que las políticas neoliberales desarrolladas en España estaban generando sobre todo entre la clase obrera y más concretamente la juventud trabajadora, que en la inmensa mayoría de los casos estaba y está condenada a los índices más duros de la precariedad laboral de toda la Unión Europea, que derivó en la emigración casi forzosa al extranjero de algunos de esos jóvenes (los mejores formados) en busca de unas condiciones laborales más dignas.

Esas esperanzas crecieron de manera desproporcionada ante la posibilidad de que la coalición electoral salida de ese pacto (Unidas Podemos) tras unos resultados bastante cortos pero debido a la fragmentación del voto, sería determinante para la formación de un gobierno de coalición con el PSOE tras las elecciones generales de Noviembre de 2019.

Pero desgraciadamente, tras el acuerdo con el PSOE y la entrada en el gobierno de Unidas Podemos, la beligerancia de la que hicieran gala en pasadas legislaturas contra las políticas neoliberales y los recortes que llevaban aparejadas, tanto desde PODEMOS como desde Izquierda Unida, desapareció instantáneamente.

Algunos dijimos que tanto el pacto entre Izquierda Unida con PODEMOS, como la entrada en el gobierno de la nación, no sólo no iba a ser beneficioso para la Clase Obrera, sino que además, iba a ser contraproducente para la misma y sobre todo, desde un punto de vista político, iba a suponer que Izquierda Unida, que había basado su línea ideológica en la denuncia de las políticas neoliberales que tanto el PSOE como el PP habían desarrollado en sus distintos gobiernos, estaría inmersa en una gran contradicción, ya que el formar parte de un gobierno de corte neoliberal, supone gestionar las políticas más lesivas que la UE impone contra los pueblos que la conforman.

Es de todos conocido que las políticas de recortes o de “austeridad” se han gestado con el único propósito de ir adelgazando a los estados miembros de la Unión Europea de un sector público que se ve como inútil para el capitalismo, que concibe la gestión del mismo desde un punto de vista económico y considera un “gasto” la inversión en políticas públicas de bienestar social pero del que por otro lado se quiere beneficiar, eliminando paulatinamente esos servicios públicos y ofreciendo alternativas privadas mucho más suculentas para ellos, pero más lesivas para la Clase Obrera.

Ante este panorama, algunos denunciamos que el pacto y la entrada en el gobierno iban a generar dichas contradicciones y que supondrían el debilitamiento de Izquierda Unida de dos maneras distintas; a través de la confrontación con la línea política de izquierda Unida desde su creación hasta ahora y la incapacidad de actuar en la sociedad de manera organizada, porque toda su actividad se reduce a la participación en las instituciones y en la defensa de dicho gobierno.

Pronto aparecieron las primeras contradicciones entre la gestión y el programa político y vinieron de la mano de una reivindicación fundamental como era la de la derogación de la reforma laboral del PP (con la entrada en el gobierno ya se había dado por perdida la del PSOE) y es que rápidamente se pasó de hablar de dicha derogación de forma total a una en la que se pretende eliminar los “aspectos más lesivos” aunque para la ministra de hacienda (Nadia Calviño) ni siquiera eso está sobre la mesa actualmente.

Pero con la llegada de la pandemia, aún se han agudizado las contradicciones de manera aún más evidente. Y es que sí se están quedando atrás millones de personas en este país, sobre todo con la caída en la actividad laboral que las distintas medidas sanitarias ye le parón de la economía han supuesto, el aumento de quienes no tienen trabajo, o quienes tienen un trabajo precario está evidenciando el prácticamente nulo poder de intervención en las políticas económicas que tienen los ministros y ministras de Unidas Podemos, que en el mismo Consejo de Ministros en el que se aprobó la creación del Ingreso Mínimo Vital (con el que se supone que se iba a ayudar a quienes no tenían nada durante la pandemia, con una dotación de unos 3.000 millones de Euros, algo clarísimamente insuficiente de partida, que a finales de Agosto sólo había cobrado el 1% de quienes lo habían solicitado) se aprobó igualmente un gasto de 2.100 millones de Euros en carros de combate.

No se han paralizado los desahucios en plena crisis del COVID-19, y las colas del hambre crecen y crecen de manera constante desbordando a las organizaciones sociales que atienden a quienes no tienen para comer (y menos mal que existen porque el gobierno del PSOE y Unidas Podemos no está haciendo nada para que se erradiquen las condiciones que las generan y tampoco está atendiendo a quienes las sufren escudándose en las distintas competencias de las administraciones)

Son constantes los “sapos” que tienen que tragar en Unidas Podemos, tanto en política interna como internacional. Forman parte de un gobierno que defiende la monarquía (el ministro de justicia dijo que estaba dispuesto a derramar hasta la última gota de su sangre por defenderla) o con la OTAN y las bases americanas (antes se hacían marchas contra las de Rota y Morón y ahora se apela a su utilidad como generadoras de empleo) o de un gobierno que alberga a terroristas golpistas fugados de Venezuela como Leopoldo López, o de un gobierno que calla ante la barbaridades de Marruecos en el Sáhara.

Decía Rosa Luxemburgo que “la entrada de un socialista a un gobierno burgués no transforma al gobierno en socialista, sino al socialista en ministro burgués” y es que algunos ya avisamos que entrar en el gobierno supondría aceptar las políticas neoliberales procedentes de Bruselas y por tanto ser copartícipes de su implantación y desarrollo, que dejábamos la oposición a esas políticas, que dejábamos la movilización en las calles y que poníamos en bandeja la oposición a PP y Vox. No nos extrañemos de que en el futuro repunte el apoyo a la ultraderecha, porque para quien no tiene conciencia de Clase, los gobernantes son los responsables de sus problemas, y en el gobierno están aquellos que decían venir a cambiarlo todo y lamentablemente, sólo están cambiando su realidad socioeconómica.

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