Tarantino en el Capitolio

Un artista ve lo que los demás solo sentimos. Aquello que a veces intuimos pero que no somos capaces de comprender, el artista es capaz de captarlo y expresarlo con claridad, dando forma, poniendo palabras a lo que, para nosotros, permanece oculto. Lo que subyace y determina la realidad que vivimos, eso es el objeto de estudio del artista.

Las historias de Quentin Tarantino captan la esencia actual de Occidente, los anhelos y frustraciones del yo frente a una sociedad que se desvanece. Con una estética cálida, elegante y violenta, Tarantino toma acta del final de los tiempos en nuestro mundo, convencido de que la lucha por la supervivencia individual puede acabar bien, es capaz de generar orden. Pura teoría del caos neoliberal que, en los albores de la segunda posguerra mundial, teorizara Friedrich Hayek.

El pasado 6 de enero, los miembros del Congreso de los Estados Unidos de América procedían a la confirmación solemne de la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales. El ritual que establece el ordenamiento legislativo norteamericano mantiene una decorosa estética, similar a la que se aprecia en algunas escenas de la filmografía del famoso cineasta estadounidense. Sin embargo, en mitad de aquella sesión, que reunía a senadores y representantes de la cámara baja, surgió lo inesperado, lo grosero, lo cutre. Y comenzó el caos. Como aquellos monstruos de Abierto hasta el amanecer, irrumpieron en el Capitolio personajes completamente imposibles, que provocaron que el guion de aquella cinematográfica jornada saltara por los aires. Cada uno de ellos empeñado en su propia pataleta y su particular selfi, entre todos lograron que, en unos minutos, se pasara de lo solemne a lo hilarante, lo rocambolesco y, de ahí, directamente a lo trágico. Hubo cinco muertos.

Lo que en un primer momento pareció un golpe de Estado, no lo era en absoluto. Se trataba de la pataleta de quienes se han tragado las mentiras de un niñato que ha estado cuatro años en la Casa Blanca. Durante las horas que duró aquella tropelía, cada uno de sus protagonistas iba a lo suyo, buscando satisfacerse a sí mismo. Unos robando lo que encontraban, otros ocupando escaños y despachos, otros inmortalizando el momento con un selfi… Todos vagaban bajo la enorme cúpula del Capitolio sin ningún objetivo. ¿Acaso alguien se prepara para dar un golpe de Estado disfrazado con unos cuernos y medio desnudo?

Sin embargo, estos personajes de serie B han representado la realidad que subyace y que normalmente no vemos. Son los troles que envenenan a la gente en las redes sociales. La viva imagen de la desafección política frente a las instituciones democráticas. No llega al golpe de Estado, pero manifiesta el notable deterioro de nuestros valores sociales y democráticos.

Tras el caos, se reanudó la sesión y todo el mundo volvió a su casa, excepto los cinco muertos. Biden fue nombrado presidente.

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