Las risas de Irene Montero

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Me despertaba esta mañana con la noticia del premio otorgado por COGAM a Lucía Etxebarría, tachándola por enésima vez de tránsfoba. Quiero comenzar por mostrar mi solidaridad y apoyo a Lucía Etxebarría, sobre todo tras saber de las risas de Irene Montero. Debe de ser muy complicado aguantar el chaparrón de ataques, insultos y descalificaciones que soporta a diario. Su valentía defendiendo los derechos de las mujeres, como la de muchas otras compañeras, bien vale la lluvia de piedras que yo pueda recibir con este artículo de opinión. Serán, como decimos en mi pueblo, chinorrillos al lado de lo que reciben ellas día tras día.

Tránsfoba es un bonito calificativo que nos endilgan a la primera de cambio las muy tolerantes personas defensoras de la ley de identidad de género a las feministas reaccionarias de medio pelo posicionadas en contra, entre las que me encuentro. A mí ya casi es que entran ganas de presentarme diciendo Hola, me llamo Belén y soy tránsfoba. En fin. El premio de marras se comenta solo y es el producto de todo lo que otras compañeras han explicado magistralmente, también en este medio. En cambio quiero detenerme en la actitud de la ministra Irene Montero porque considero que su gestión al frente del Ministerio de Igualdad es desastrosa.

Y digo desastrosa ya que es, en primer lugar, antagónica a lo que la propia izquierda del cambio consideraría acertada, al menos sobre el papel. Puedo afirmar esto pues he militado once años en esa izquierda, concretamente en IU. En segundo lugar su gestión carece por completo de ética institucional. En tercer lugar, su actitud demuestra muy poca sororidad con las feministas que, a pesar de discrepar de muchos de sus planteamientos, la han defendido cuando ha recibido ataques machistas de la caverna.

Desde el minuto cero en que milité en IU lo hice bajo el credo de que no se entiende la acción política si no es tejiendo alianzas entre la clase trabajadora. Que hay que devolver el protagonismo a la mayoría social. De hecho PODEMOS surgió, entre otras cosas, para construir poder desde abajo ante el supuesto exceso de organicidad de IU. Pretendían incluir a la ciudadanía a través de los círculos, de presunto funcionamiento más abierto y con carácter asambleario. Hoy vemos como se perpetran sistemas de cuidados sin ni siquiera preguntar a las protagonistas (por desgracia) de los cuidados, es decir, las mujeres, especialmente las menos representadas en las instituciones. Sin un debate ciudadano previo siquiera. Se promulgan leyes contra las que miles de mujeres gritamos mientras Irene Montero permanece ciega, sordomuda, traste y testaruda, que diría la Shakira que me gustaba.

Por otra parte, el asalto a los cielos ha cristalizado en la creación de un ministerio que se erige en la representación del feminismo patrio. Que alienta y abriga los posicionamientos de unes mientras ningunea sistemáticamente a otros sectores, no menores, del feminismo de este país. Olvida Irene Montero que está obligada, o-bli-ga-da, a escuchar a todas las feministas de este país, aunque no pensemos como ella. Que es ministra, mi-nis-tra. Que no es la secretaria de igualdad de PODEMOS, aunque lo paradójico es que si lo fuese hubiera sido más probable que escuchase al Partido Feminista o a la plataforma Contra el borrado de las mujeres. Imaginen que hubiese sido una ministra de igualdad del PP la que hubiese ninguneado a algún colectivo feminista: Las redes sociales ¡On fire! Empezando por PODEMOS.

Se ríe Irene Montero en la gala de COGAM. Su desprecio hacia Lucía Etxebarría no será motivo para no volver a defenderla cuando vuelvan a llamarla Yoko Ono o cualquier otra cosa así, al menos por mi parte. Se llama sororidad. Se llama feminismo. Con Irene Montero también, de eso se trata. Por su parte, hace bien en mantener el buen humor ahora que puede. En las próximas generales se le va a cortar la risa en seco, vaticino. La caída electoral será de traca pero, a diferencia de ella, no me reiré cuando Unidas Podemos sea una marca electoral irrelevante. A pesar de todas las papeletas que están comprando para esa rifa, que son muchas. A mí no me hará ninguna gracia. Debe de ser por las secuelas que me quedaron tras años cociéndome en la salsa de estrellas rojas.

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