El Terrorismo machista y la metralla del fuego amigo

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El presente artículo forma parte de nuestro especial #25NElComun que parte de nuestro compromiso con el feminismo de clase y combativo.

Me es imposible no sentir nostalgia al recordar el Día Internacional Contra Las Violencias Machistas de cualquier año anterior a este. Porque en cualquier año pasado, el feminismo estaba mejor.

En la guerra contra el patriarcado las muertas siguen estando en el bando de las mujeres; pero ahora la metralla llega también de fuego amigo: del mismísimo Ministerio de Igualdad, armado con su «Ley Trans».

Foto Trama Xixón
Su Ausencia Deja Huella – Acto en conmemoración de las víctimas de violencia machista, Xixón (Asturies) 2014

Por un lado, este 2020 nos faltan los abrazos. Este 25 de noviembre, el entusiasmo de reencontrarnos con nuestras compañeras de lucha va acompañado del vacío que dejan los abrazos abortados por la distancia impuesta. Abrazos, que si son necesarios siempre, se vuelven imprescindibles en esta fecha; al conmemorar a las mujeres asesinadas por hombres que decían amarlas, embargadas por el dolor de su ausencia y de reconocer a todas las mujeres como víctimas, supervivientes y/o potenciales, de la violencia machista.

Por otro lado, este año ya no basta con visibilizar la larga lista de violencias machistas y sus víctimas; no es suficiente reivindicar mejoras en la Ley Integral Contra la Violencia de Género (LIVG) y recursos para hacerla realidad. En este 2020, en España, en la guerra contra el patriarcado las muertas siguen estando en el bando de las mujeres; al igual que las maltratadas, las violadas, las prostituidas… Pero ahora la metralla llega también de fuego amigo: del mismísimo Ministerio de Igualdad, armado con su «Ley Trans», una munición destructiva con la que amenaza la LIVG.

Históricamente, a las mujeres nos han negado derechos basándose en nuestro sexo. Las feministas llevamos tres siglos demostrando empíricamente que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, que van mucho mas allá de los genitales, no justifican la subordinación de ellas en beneficio de ellos. Pero la subalternidad femenina continúa a través de las décadas. Y se agudiza con cada crisis; sea económica, sanitaria, política o social, siempre pagamos más las mismas.

Aunque hemos ido conquistando algunos derechos (en España ya podemos votar, estudiar, desarrollarnos profesionalmente, decidir sobre nuestra maternidad…) nos queda mucho por hacer. Aquí, y más allá de esas fronteras protegidas con cuchillas que ahora se desmoronan con gotas de saliva; nada es más transfronterizo ni más transoceánico, nada es tan global, como la violencia machista y los negocios que se lucran con ella. ¿De qué sirve prohibir la compra-venta de bebés en España si registramos como hijos españoles los bebés arrancados a mujeres extranjeras? ¿De qué sirven los derechos laborales en España si nuestros «empresarios ejemplares» explotan a mujeres y niñas en países donde esos derechos no existen?

Cuando hablamos de derechos humanos, sólo algo menos de la mitad de los humanos, los hombres, disfrutan de todos esos derechos. ¿Cómo vamos a reivindicar los derechos que nos son negados por ser mujeres, si cualquier hombre se puede registrar como mujer? ¿Qué sentido tendría a partir de entonces la LIVG? ¿Cómo se analizaría la paridad? ¿Y la discriminación positiva?

En la guerra contra el patriarcado, como en todas las guerras, la lucha es por el poder. Tanto hombres como mujeres interiorizamos desde la infancia el poder como una realidad masculina, hasta el punto de naturalizarlo como tal. Así, aplaudimos la capacidad de liderazgo en un niño, mientras recriminamos a la niña «mandona» que la ejerce; crecemos entre princesas pacientes, pasivas e ingenuas que conviven con príncipes triunfadores y agresivos aventureros; nos desarrollamos entre mujeres cuidadoras y hombres protectores; entre féminas sacrificadas y varones proveedores; y por imitación, vamos asumiendo los comportamientos políticamente correctos para ser una «buena mujer» o un «hombre de verdad».

La construcción de nuestras sociedades y el injusto reparto del poder entre hombres y mujeres en ellas, se basa en esa diferenciación política entre feminidad y masculinidad. Mientras los roles de género masculino encaminan a los hombres a la libertad, los roles de género femenino nos condenan a las mujeres a la sumisión.

La forma más común de que la gente te entregue su poder es que crea que no lo tiene

Alice Walker, escritora feminista afroamericana,
Premio Pulitzer 1983 por la novela El Color Púrpura

Según la real Academia de la Lengua Española, nada sospechosa de feminismo, el terrorismo, en su primera acepción, es dominación por terror; en la segunda, es la sucesión de actos violentos ejecutados para infundir terror. La violencia machista que nos asola, esta continua sucesión de actos violentos con los que los hombres imponen su poder para acceder a los cuerpos de las mujeres y disponer de sus vidas, no es violencia de género, es Terrorismo Machista. El Estado Español sólo reconoce como violencia de género la ejercida hacia las mujeres por hombres con los que tienen, o han tenido, una relación sentimental. Pero la violencia machista es mucho más profunda, tiene mil caras y decenas de apellidos: Violencia simbólica, física, psicológica; explotación sexual y reproductiva; violencia económica, ginecológica, institucional…

Os invito a visitar las redes sociales de Mujeres por la Abolición para conocer la campaña Lo Que Sufrimos Las Mujeres, en la que se analiza individualmente cada una de las violencias machistas. https://www.facebook.com/MAbolicion

Que nadie se deje engañar: Si convertimos los roles de género en identidad registral, como propone la Ley Trans de la Ministra Irene Montero, estaremos firmando muchas sentencias de muerte, aprobando la reproducción del machismo y de sus violencias. Las Autoridades Sanitarias no lo advierten, pero una dimisión a tiempo, puede salvar muchas vidas. Dimita, señora ministra, por el bien común. Por las que ya no están, por las que estamos y por las que vendrán.

«El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos»

Simone de Beauvoir

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