La penetración de las creencias transgeneristas en la escuela (II): materiales “educativos” acientíficos y presiones institucionales

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Silvia Carrasco, profesora de antropología social de la UAB.

En los últimos 5 años, se han aprobado en 14 parlamentos autonómicos leyes y protocolos desde una absoluta opacidad política y sin el menor debate social y educativo, que han abierto la puerta a la penetración de la agenda transgenerista en la escuela. Según el transgenerismo, las personas pueden “nacer en un cuerpo equivocado” que debe adaptarse a la “identidad de género sentida”. Estas ideas acientíficas tienen nefastas consecuencias para la promoción de la igualdad entre mujeres y hombres desde la escuela. Por ejemplo, la imposibilidad de conocer el alcance y el significado de las desigualdades educativas entre chicos y chicas si ser chico o chica se considera un sentimiento que se declara y no una realidad material con implicaciones sociales. Estas cuestiones se expusieron aquí y en la primera parte de esta serie de dos artículos (La penetración de las creencias transgeneristas en la escuela I).

Como veremos, las orientaciones y los materiales existentes para todas las etapas educativas revelan de forma inequívoca el alcance de esta penetración ideológica que niega el sexo biológico, convierte el género en identidad y cuestiona la homosexualidad. Las oportunidades para todo el alumnado basadas en una mayor equidad en la redistribución de recursos parecen obtenerse ahora en el mercado de las identidades basadas en sentimientos individuales. Lo sintetiza a la perfección el título de uno de los materiales que se emplean en talleres para familias con niñas y niños de preescolar: “dale a tu criatura 100 oportunidades en lugar de 2”. Un gran ahorro y una gran desactivación política que, ciertamente, no es nada progresista.

¿Cómo se difunden estos cambios ideológicos en la escuela?

Las propuestas legislativas que se plantean ahora a nivel estatal consideran que la ley 3/2007 sobre derechos de las personas transexuales es patologizadora y defienden la autodeterminación de la identidad de género sin filtros psicológicos, médicos, legales ni de edad. Desde esta idea según la cual un hombre debe ser registrado, reconocido y tratado como mujer solo con declararlo, y admitido en todos los espacios seguros hasta ahora para las mujeres, se producen materiales educativos, en colaboración con asociaciones transactivistas que parecen tener también el monopolio de la formación. A pesar de que cuestionan la biología del currículum y los objetivos de la coeducación, estas asociaciones son contratadas por instituciones públicas y sindicatos para asesorar e impartir “cursos de sensibilización” en escuelas e institutos.

Las sectoriales de educación de algunos sindicatos abrazan la agenda transgenerista sin que haya tenido lugar debate alguno sobre esta posición ideológica y sus consecuencias para la salud y la formación del alumnado, ni sobre la grave responsabilidad que las nuevas leyes y protocolos autonómicos aprobados confieren al profesorado. Por ejemplo, el material para educación infantil y primaria de CCOO Educación, difundido entre toda la afiliación y llamado El mundo raro de Mermel contiene un relato sobre el origen de un ser, suponemos que humano, que tiene poco que envidiar al cuento de los bebés que trae una cigüeña de París. En este caso, sin mediación biológica alguna, emerge un ser que va eligiendo qué elementos lo componen: el tipo de pelo, el color de piel, si lleva o no gafas, si tiene o no sobrepeso, para acabar decidiendo que no va a ser ni niño ni niña. Qué se pretende transmitir sobre educación afectivo-sexual y sobre “identidad de género” con este relato, “más allá del binarismo”, como detalla uno de sus objetivos, resulta cuanto menos incomprensible.

Otro material co-producido por CCOO Educación y la Federación FELGTB y titulado Pau. Guia sobre diversidad afectivo-sexual para adolescentes, en este caso para educación secundaria, consiste en un cómic en el cuál un “adolescente trans” llamado Pau, que se supone que transgrede algo porque lleva falda a pesar de su nombre masculino, se presenta como la persona experta para enseñar diversidad afectivo-sexual al resto de adolescentes. Por supuesto, también a las adolescentes. Este personaje y el conocimiento superior que se le atribuye definitivamente entronca con algunas creencias chamanistas, bien descritas por la etnografía y sesgadamente invocadas por el transactivismo, según las cuales la capacidad de conexión con la divinidad y el saber de los chamanes procede de su doble condición sexual. Porque, por supuesto, siempre se trata de hombres, no de “géneros” a la carta.

En la educación superior también se ha ido extendiendo la agenda transgenerista. Esto afecta a la orientación de la formación del profesorado, pero también a los principios feministas desde los que fueron creadas las unidades de igualdad en las universidades, cuya misión de lucha contra el sexismo y el androcentrismo en la academia parece haber pasado a un segundo plano, a pesar de su persistente realidad e incidencia.

¿Cuál es el alcance de esta penetración ideológica en otros ámbitos relacionados con la infancia?

De forma más o menos activa y explícita, instituciones y organismos locales, nacionales e internacionales relacionados con la infancia y la educación también suscriben la ideología de la identidad de género y la agenda transgenerista. Por ejemplo, Save the Children, la organización humanitaria fundada por Englantyne Jebb tras la Primera Guerra Mundial, suscribe la existencia de la “infancia trans” y reclama un nuevo derecho de la infancia, el “derecho a la identidad de género” y, literalmente, “el acceso a los tratamientos hormonales o a las cirugías de reasignación”, en su informe sobre la cuestión.

En la misma línea, el Ayuntamiento de Barcelona ofrece talleres teórico-prácticos de “teoría queer para niños y niñas a partir de 7 años” en los centros cívicos municipales en los que se introduce el concepto acientífico del “sexo como espectro”, anunciándose con un personaje que, entre otros aderezos, luce falda, zapatos de tacón y unas piernas ostensiblemente pobladas de vello. Una combinación de estereotipos binarios de lo más tradicional para simbolizar lo masculino y lo femenino. De hecho, ahondando en ello, una reciente exposición sobre “género e identidades en plural” en otro centro cívico de la ciudad se preguntaba en un panel cuál era la diferencia entre un clítoris grande y un pene pequeño. La idea de que el género es una identidad y no una construcción social que sostiene la desigualdad entre mujeres y hombres, también la promueve el Departament d’Afers Socials de la Generalitat catalana, ilustrándolo con un niño que elige un “vestido de niña” para ir a pasear. Una elección libre y legítima que, sin embargo, no lo convierte en niña, aunque así lo de a entender la campaña sobre “derechos obvios” que, recordemos, no necesitan presupuesto alguno. No se encuentra en esos derechos obvios el derecho a una infancia libre de pobreza en una comunidad autónoma donde esta alcanza el 30%.

¿Cómo se ha hecho frente a esta penetración ideológica?

Afortunadamente, el movimiento feminista internacional ha reaccionado y está haciendo frente a esta penetración ideológica y sus efectos en todos los países, por ejemplo, desde Women’s Humans Rights Campaign (WHRC) que se crea después de que un grupo privado con intereses directos en el transactivismo redactara los llamados Principios de Yogyakarta, pero hasta ahora lo hace en solitario. Solo el movimiento feminista está cuestionando y trabajando para contrarrestar la tendencia de un número creciente de países y organismos internacionales (como la OMS o la ONU) a introducir en sus normativas la ideología de la identidad de género y la agenda transgenerista, que ponen en serio peligro los derechos que protegen a las mujeres y las niñas desde las leyes, si ser niña o mujer es un sentimiento que simplemente se declara.

En el caso de España, plataformas, asociaciones y entidades feministas han denunciado protocolos y materiales educativos, presentando alegaciones a los proyectos de ley que supuestamente deben proteger a la infancia. Los análisis más destacables son la disección detallada de la guía sobre educación afectivo-sexual Els nostres cossos, els nostres drets promovida por la Generalitat Valenciana por parte del Front Abolicionista del País Valencià, exigiendo su retirada por tratarse de un material que promueve contenidos claramente patriarcales apenas disfrazados de transgresión; o las alegaciones presentadas por Mujeres por la Abolición a la llamada Ley Rhoes, el Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, que ni siquiera parte del hecho de que las principales víctimas de violencia en la infancia son las niñas, como recuerdan sistemáticamente estudios e investigaciones. Véase, por ejemplo, el Informe UNESCO 2015 sobre la violencia contra las niñas en la escuela.

Contrarrestar esta deriva ideológica pasa necesariamente por rescatar la coeducación: una educación en igualdad, libre de androcentrismo y de actitudes que alimentan la violencia contra niñas y mujeres. Pasa, al mismo tiempo, por denunciar que se trata de una pérdida de los derechos educativos de la infancia y la adolescencia, así como de la libertad de expresión, conculcados por las leyes autonómicas existentes y que las nuevas leyes propuestas por el Ministerio de Igualdad pueden acabar de comprometer sin que el Ministerio de Educación se haya pronunciado hasta el momento. Por ello es inaplazable exigir valentía y honestidad al mundo académico y político que parece inhibirse o acatar acríticamente estos postulados. Aun contamos con pocos ejemplos, pero alguno ya es significativo. En concreto, el de la corrección en agosto de 2020 de un artículo publicado en noviembre de 2019 en la prestigiosa revista American Journal of Psychiatry a raíz de la protesta de varias autoridades científicas sobre la inconsistencia entre los datos aportados y las conclusiones inferidas, que supuestamente demostraban la reducción del malestar tras operaciones de “cambio de sexo” entre pacientes con disforia.

Otra de las tareas urgentes es crear y consolidar alianzas internacionales con grupos, plataformas y asociaciones que comparten este análisis de la realidad y el objetivo del feminismo en el campo de la educación. En este sentido, es importante reconocer la labor que están desempeñando las organizaciones Transgendert TREND y Save Schools Alliance, que luchan en el Reino Unido para parar el daño que está causando la ideología de la identidad de género y la agenda transgenerista en la infancia y la adolescencia basándose en ideas falsas y perjudiciales y detener su propagación en las instituciones educativas. La recientemente creada plataforma DOFEMCO, Docentes Feministas por la Coeducación, se sitúa en esta línea. Su compromiso, y el nuestro, es proteger a la población menor amparándose en las leyes superiores con las que entran en contradicción estas nuevas ideas y leyes, y apoyar al profesorado y a las familias en esta tarea, empezando por informar de lo que ya está ocurriendo.

En la era de la post-verdad, viejas y nuevas creencias pugnan por substituir al pensamiento crítico basado en el conocimiento y en el compromiso con la emancipación desde los variados intereses que se oponen a ambos. Pero el feminismo no lo va a permitir.

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