La magia del género en el transcurso de los cursos

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El Nuevo Curso

Ha empezado ya el tan esperado como temido nuevo curso. Nunca antes las aulas habían sufrido tantos meses la ausencia de su alumnado. Tampoco nunca antes, estas habían sido ocupadas de nuevo con el temor a la presencia en ellas de un virus asesino. Como es lógico, tanto el profesorado como las estudiantes han tomado las correspondientes medidas de protección. Sin embargo, hay otra pandemia, la de la posmodernidad, que campa a sus anchas por nuestros campus y escuelas desde hace décadas. Y ataca con mayor virulencia a quien no esté vacunado contra el individualismo. Mientras, la gran mayoría se muestra no solo asintomática, sino también indiferente. Y en consecuencia, vamos sin protección ante teorías misóginas e irracionales. Que se repiten como un mantra hasta convertirse primero en dogma y luego en ley.

Cursos Anteriores

Corría el 2012 cuando el Campus de la Universidad de Valencia empezó a verse invadido de propaganda prostitucional. Un día, en plena crisis económica (esto no es casualidad), con cientos de miles de mujeres en riesgo de exclusión social en nuestro país, cientos de tarjetas aparecían alrededor de la Universidad con un eslogan claro y directo: «¡TRABAJA YA! Curso Básico de Prostitución Profesional. La palabra profesional se destacaba en la tarjeta publicitaria en un rojo brillante. Como si hubiera una prostitución buena, la profesional, y otra que no lo es.

La prostitución es violencia. Violencia sexual, mental, física y hasta mortal. Sin embargo en España no se considera delito. Sí lo son la incitación a la prostitución o lucrase de la prostitución ajena, por lo que eran evidentes los indicios de delito por parte de esa empresa que ofrecía formación teórica y práctica; y aseguraban en poco tiempo un «puesto de trabajo». Así lo ve cualquiera que tenga dos dedos de frente y así lo vio entonces la Generalitat Valenciana que, a través de la Consellería de Bienestar Social, denunció los hechos ante el Ministerio Fiscal. Pero como no hay mayor ciego que el no quiere ver, lo interpretó de otra manera (la suya) el juez, que ni vio incitación en la invitación, ni proxenetismo en la «bolsa de trabajo»; y permitió que la escuela para prostitutas retomase sus actividades.

Esto abrió las puertas de par en par a una nueva forma de captación. Y puso la semilla para el nacimiento de OTRAS, la agrupación catalana con aspiraciones a sindicato de prostitutas. Dicho pseudosindicato surgió de APROSEX, asociación que desde 2014 también vende cursos para aprender a ser una buena puta; Contando en este caso, además de con el amparo de nuestra justicia patriarcal, con financiación de fondos públicos gracias al Ayuntamiento de Ada Colau.

Han ido pasando los años y lo que nos vendieron como crisis económica temporal se tradujo en pobreza feminizada estable. A la par que se generaliza la precariedad y el paro (nada es casual), se reproducen como hongos las voces infectadas de posmodernidad. Convalecientes de una febril confusión entre lo que son deseos y derechos humanos, relatan los beneficios de ser puta o madre de alquiler y las bondades de legalizar la prostitución o la mal llamada gestación subrogada.

La propagación de la infección posmoderna continuó. Muchos colectivos que históricamente se definían como abolicionistas de la prostitución, se transformaron en regulacionistas. Con la trampa de la diversidad, ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni los colectivos sociales se libraron del contagio. El feminismo tampoco. Las feministas no reaccionamos con contundencia ante la propaganda prostitucional en las universidades hasta 2018.

Las charlas pro-prostitución y las consecuentes protestas feministas han continuado en cursos posteriores. Cuanto mayor es la ola de indignación que producen, mayor la resaca del lobby proxeneta. Este responde con una gran inversión de recursos y una cantidad descomunal de agentes ideológicos activos en el campo académico. Medidas que han ido adoptando también otros lobbys empresariales. Como las empresas transnacionales que pretenden normalizar la explotación reproductiva de la mujer para legalizar los vientres de alquiler. O como las empresas farmacéuticas que ya se están frotando las manos con el negocio que supone la autodeterminación del sexo. Todas ellas se cuelan en nuestras aulas.

La Magia Del Género

No parece casual (insisto, nada lo es) que de las voceras utilizadas para abrir camino, en el imaginario colectivo, a las industrias que se lucran con la desigualdad sexual, las más violentas sean las mujeres trans. Lo demuestran cada día en las redes sociales y lo evidencian las agresiones que cometieron en el Día Internacional de la Mujer y en el Día Internacional Contra La Trata.

Hemos ido viendo como en universidades, institutos y colegios, los espacios de igualdad se han ido transformando en espacios de diversidad. ¡Hasta el mismísimo Ministerio de Igualdad lo ha hecho! Degradando con ello a la categoría de diversidad, la desigualdad sexual que relega a quien nace mujer a una clase social subalterna. Y convirtiendo estos espacios en un coladero por el que las peticiones/propuestas/deseos de hombres transfemeninos, transmutan en reivindicaciones feministas por arte de magia: la magia del género.

Nadie identificaría a Ana Patricia Botín como clase obrera por subirse a un andamio diciendo que se siente explotada. En cambio, con la magia del transgenerismo, todas estamos obligadas a identificar como clase oprimida a cualquier hombre que se suba a unos tacones diciendo que se siente mujer.

“La razón ha sido siempre una intrusa en el campo del prejuicio sexual”

Kate Millet, política sexual 1970


Pudiera parecer que las mujeres trans que reivindican como derechos lo que son privilegios masculinos (roles sexistas, prostitución y explotación reproductiva) en vez de un pene tuvieran una varita mágica que convierte en verdad absoluta cualquier ocurrencia; y en tránsfoba a cualquiera que disienta. Porque lo cierto es que desde que exigen ser sujeto político del feminismo, conquistan sus objetivos a un ritmo nunca antes visto por ningún colectivo oprimido. Pero ya sabemos que la magia no existe, son todo trucos…

Asignaturas Pendientes

Decenas de universidades por toda la geografía española han sucumbido el curso pasado a la propaganda de la industria del sexo, que busca con total impunidad entre el alumnado generar demanda en ellos y producto con ellas. De que exista la vulnerabilidad que arrastre a las mujeres a prostituirse, ya se encargará la crisis que se nos viene encima. Y este curso que acaba de empezar sigue los mismos derroteros, porque lo seguimos permitiendo. ¿Hasta cuándo?

No puede ser que estemos protegiendo de un virus las vidas de nuestras jóvenes para ponérselas en bandeja de plata a las mafias proxenetas. No hay mascarilla que nos proteja de este peligro, también aparentemente invisible. Y para controlar esta pandemia, lavarse las manos o el distanciamiento social del problema, es lo peor que se puede hacer (a los hechos me remito).

La buena noticia es que tenemos la vacuna y está al alcance de cualquiera: Feminismo Radical. Así que súmate al cordón sanitario contra el transmachismo y el transneoliberalismo, como ya ha hecho el colectivo LGB. ¡Urge, ya vamos tarde!

O nos inmunizamos juntas, o nos esclavizarán por separado.

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