El “Derecho a decidir” y la izquierda

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Cada vez que oigo lo del “derecho a decidir” en alguien hablando de Cataluña o el País Vasco sé que estoy oyendo a un ignorante o a un falsario. El “derecho a decidir” se ha convertido en uno de los mantras que los independentistas de derechas, izquierdistas de salón y neodemócratas esgrimen como argumento final para justificar su necesidad de libertad no atendida. De esa que les es necesaria para liberarse de la opresión que dicen vivir con auténtico pavor día a día, sin tener ni idea de lo que es opresión ni ausencia de libertad, pues pueden con absoluta libertad manifestarse y reclamar su “derecho a decidir”. Qué paradoja.

Y estos “oprimidos” esgrimen ese “derecho a decidir” con la absoluta desvergüenza de quienes nunca han dejado de decidir, elección a elección -general y autonómica- en los últimos 40 años.

¿Pero saben de lo que hablan cuando piden ese “derecho a decidir”? ¿En qué condiciones se estableció ese principio y para quienes? ¿Qué ha supuesto ese derecho a decidir para la izquierda? ¿Cuándo surgió en el movimiento obrero? Vamos a verlo.

El Derecho a decidir o autodeterminación ya se reconoció en el IV Congreso de la 2ª Internacional Socialista de Trabajadores y Cámaras Sindicales Obreras celebrado en Londres en julio de 1896. Con su reconocimiento se aceptaba que era un derecho político a la independencia de una nación, habitualmente en África, Asia, respecto a su metrópoli; en este caso Reino Unido, Francia, Alemania, Austria o España. El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, antecedente del partido comunista que dirigiría Lenin estaba en ese Congreso y aprobó dicha resolución.

Con el triunfo de la revolución de octubre de 1917 la libre autodeterminación se recogió en la declaración de Derechos de los Pueblos de Rusia y, más tarde, en la Constitución de 1924. Pero llegar a ese reconocimiento en la Constitución supuso fuertes debates entre quienes defendían esa postura, Lenin y Troksky fundamentalmente, y quienes se opusieron como Rosa Luxemburgo.

Se reprodujo una discusión que Lenin ya había plasmado en 1914 en la revista Prosveschenie, donde defendía “El derecho de las naciones a la autodeterminación” y criticaba las posiciones de Rosa Luxemburgo. A su vez Luxemburgo dejó escrito poco antes de su asesinato en 1919, en La revolución rusa, que “el famoso “derecho de autodeterminación de las naciones” no es más que hueca fraseología pequeñoburguesa y una farsa”.

En mi opinión, la postura de Rosa Luxemburgo estaba más cerca de lo que en el Manifiesto del Partido Comunista Marx y Engels escribían, y hace poco nos recordaba Ana Pollán en este mismo digital: “A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad. Los trabajadores no tienen patria. Difícilmente se les puede arrebatar lo que no tienen”. Y estaba recordando como la exaltación nacionalista en 1914 había desmovilizado a la clase trabajadora y favorecido la I Guerra Mundial.

Tras la Gran Guerra los imperios centrales se deshicieron, y pueblos que se habrían beneficiado de ese derecho de autodeterminación fueron creados más por la voluntad de los vencedores que por la libre decisión de sus ciudadanos. Los imperios del Reino Unido y Francia no se dieron por enterados de ese derecho a la autodeterminación y sus colonias en África, Asia y Oceanía lo siguieron siendo durante 50 años más.

La Sociedad de Naciones incluyó como uno de sus puntos programáticos la autodeterminación, pero para los territorios de los imperios vencidos y a la medida de los intereses de los vencedores, así que la idea de Rosa Luxemburgo se hacía realidad: “fraseología pequeñoburguesa”.

Y después de la II GM el derecho de autodeterminación, se recogió en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos -aunque no en la Declaración Universal de los Derechos Humanos- y en 1960 como resultado de los procesos de independencia de los Estados africanos y asiáticos que después del fin de la II GM habían accedido a la independencia.

El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea aprobó por la resolución 1514 (XV) una Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, conocida como «Carta Magna de la descolonización». La declaración condenaba el COLONIALISMO, y recalco lo de colonialismo porque ese es el elemento diferenciador respecto a lo que ampara ese Derecho de autodeterminación. Algo que los defensores del “derecho a decidir” en España ignoran deliberadamente, pervirtiendo el sentido de la firma de España al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en 1977.

Porque ni Cataluña ni el País Vasco han sido nunca una colonia, por mucho que a algunos independentistas esa idea les encandile y quieran hacer del charnego y el maketo un colonialista, en contra del más elemental sentido de solidaridad con los inmigrantes interiores por parte de los autodenominadas izquierdas nacionales tipo ERC, CUP, En Comù Podem y Abertzles varios, y regocijo de las élites de Neguri y Pedralbes; ya que cuando se dan casos como el de Gabriel Rufián se entiende lo que Bertold Brecht decía a propósito de: “El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora, es un absurdo total”.

Cuando en una Comunidad como la catalana que supone casi el 20 % del PIB español, que tiene absoluta competencia sobre Sanidad, Educación, Seguridad ciudadana, Organización de sus instituciones de autogobierno, Cultura, Patrimonio histórico-artístico, etcétera, etcétera te salen con lo de estamos oprimidos por un Estado fascista, y los de ERC, la CUP y En Comù Podem les ríen la gracia es que han olvidado, a lo mejor porque nunca lo han vivido, afortunadamente para ellos, lo que es vivir en un Estado fascista.

Hoy, las condiciones de la España de Franco son historia y es triste que una autodenominada izquierda no sepa lo que eso significa ni entienda a quién le están haciendo el juego: a la derecha, que en el caso de Cataluña, superó en dos puntos la media de recortes sociales en el período 2010-2016, cuando Artur Mas y la corrupta CiU de Pujol estaba al frente de la Generalitat.

No lo olvides nunca: El “derecho a decir” ya lo tienen las élites políticas de Cataluña y el País Vasco y decidieron hace tiempo que tú -trabajador, trabajadora- sigas siendo quien pagues sus decisiones en recortes con tu salario, tus derechos y tu salud. No lo olvides nunca.

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