Dominus tecum

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Pues al parecer, el virus también entiende de clases. Como todo en una sociedad compuesta por clases con intereses antagónicos, vaya. Y que de repente los medios de comunicación se pregunten cómo es posible que distritos como Carabanchel o Usera tengan prevalencias de la hostia en infectados por COVID en comparación con los barrios pudientes de Madrid, podría ser una oportunidad para sacar a colación la cuestión de clase en prime time y todo ese rollo. Pero, ay queridos lectores, quien debería ocuparse de eso mismo fue elegido por esos mismos medios de comunicación para negar la cuestión de clase en cualquier aspecto de la vida.

Así que aquí nos tienen hablando de si está bien o no acosar a tres niños pequeños desde hace cinco meses a la puerta de su casa, en sus vacaciones y en sus futuros colegios. O sea, el debate es ese, si eso es bien. El debate no es si la malnacida de Ayuso debería estar en medio de Siberia talando árboles para que Manuela Carmena hiciese muebles de Ikea con ellos, no, el debate es si el acoso fascista es algo respetable. El debate es si es aceptable que cuatro adolescentes con las hormonas desbocadas y deseando mojar el churro son unos irresponsables de la hostia por pensar con el pene en vez de con los pulmones y no hay debate, ni cuestionamiento, en si el comemierda de tu jefe (que te paga en negro) te va a decir que no vuelvas, si tienes fiebre, tendría que estar con una armónica viendo pasar los años en Alcalá-Meco o en La modelo. El debate se centra en ver si es correcto que los hijos de puta de los madrileños tienen derecho a ir a la playa después de la que liaron en el 8M y no en que esos mismos madrileños, los pobres vaya, vayan a currar en vagones más atestados que Cortilandia el 23 de diciembre.

Vamos no me jodáis.

El gobierno más de izquierdas de la historia del mundo mundial se está mostrando incapaz ante la pandemia que no incapaz ante el virus que eso le está pasando a todo dios, no, ante las consecuencias de la pandemia. Los empresarios han decidido que si tenemos que morir que muramos que ellos tienen que seguir ganando pasta y como el gobierno les paga los ERTES hasta pueden chanchullear con dinero público. Este gobierno, tan soviético, no es capaz de plantar cara a unos hijos de la gran puta que sólo piensan en sus cuentas bancarias y sus yates y les suda la polla quienes les pagan todos esos lujos. Nadie va a quedar atrás, nos dicen, nos lo dicen de la misma forma que los desgraciados de Ahora Madrid (incluidos los traidores de IU Madrid) silenciaban los desahucios y las colas del hambre durante la legislatura de la Operación Chamartín. Porque esto va de clases sociales por más que esa derecha con rastas, categorizada como izquierda solo por los medios que la eligieron como alternativa, se empeñe en disfrazarlo de decencia (el tribunal de cuentas no opina lo mismo).

Era un problema gordo, muy gordo, que conceptos tan subjetivos como la decencia o la preparación académica fuesen sustitutos de la lucha de clases en la mal llamada nueva política. A la clase trabajadora le hacen falta políticas eficaces de reparto de la riqueza y no políticas de derechas de toda la vida por más que las adjetives de innovadoras.

Quienes, mayormente, nos seguimos contagiando y seguimos palmando somos los que vivimos en zonas hacinadas, los que tenemos que pillar el transporte público, los que tenemos un curro que no nos podemos permitir perder porque entonces comeremos mierda. Pasado mañana, en un paso más en nuestra demonización, dirán que la culpa es nuestra por no lavarnos las manos, por fumar, por no llevar la mascarilla, que somos unos sucios. Nunca dirán que el ingreso mínimo vital era una estafa, nunca dirán que tu libertad es proporcional a tus ahorros, nunca dirán que somos un puto número más en sus cuentas. Los que entran por los que salen.

Yo entiendo que desde tu chalet en Rivas o Galapagar se vean las cosas diferentes, con un buen colchón a fin de mes, por más que si te asomas al porche tengas que ver a cuatro tontoslapolla con la rojigualda, lo entiendo perfectamente. Pero, amiguetes, estáis en el gobierno para tomar medidas y no para señalar problemas y si sólo estáis para eso, no servís para un mojón.

En unas semanas, los hijos de la clase trabajadora tendrán que volver al cole, a clases hacinadas, a ratios surrealistas, a buses y metros malolientes y llenos de peña. Otros, los suyos, se quedaran en casa con sus tablets y laptops y mierdas, con sus clases online y sus exámenes pagados y aprobados. Y entonces, queridos hermanos en Cristo, que el señor esté con nosotros porque de la izquierda no podemos esperar nada. Es susto o muerte. El mal menor es una basura y el otro mal es aún peor.

De esta no nos salva ni el Habeas corpus.

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