Un machista es un adulto violento jugando a las muñecas

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Verán, mi convicción sobre este tema viene de observar en qué se apoyan estos individuos que últimamente proliferan, para defender que creer en la igualdad es intentar dar la vuelta a las cosas y poner por encima socialmente a la mujer. Veamos, por ejemplo, las frases que se repiten en las redes sin parar, perlas como: “Yo no soy feminista, soy femenina.” ¿Es el feminismo un movimiento que fomenta el chandalismo? ¿Es el feminismo un movimiento surgido en contra de las pasarelas de moda de Roma, Paris, Madrid…? ¿Tienen algo que ver los trapitos y el feminismo? ¿Se basa, el feminismo, en algo tan superficial como la forma de vestir de las mujeres? No, es el machismo, señoras y señores, el que siempre ha estado muy preocupado por cómo visten las féminas, el que trata de imponer un modelo, el de estar perfectas y arregladas. En la mente del machista, una mujer feminista está en su casa rapándose la cabeza o tintándose de rojo el pelo del sobaco, en vez de estar como lo haría cualquier mujer de bien, usando vestidos de alta costura conjuntados con unos tacones negros de diez centímetros y suela roja, mientras ojea una revista de temática rosa en la cocina.

El machismo es ese movimiento intelectual tan alegre que nos dice cómo vestir, pero también le mueven inquietudes tan profundas como el maquillaje femenino, ¿quién no ha escuchado frases tan elaboradas como: “Una sonrisa es el mejor maquillaje para una mujer” o las del tipo perdonavidas: “Verla sin maquillaje, recién levantada y que me siga pareciendo la mujer más hermosa del mundo, eso es amor” ¿Imaginan a alguna mujer diciendo esta última frase de su pareja masculina?

Así que, como vemos, al machista le gusta opinar sobre la ropa y el maquillaje, pero no se quedan ahí sus altos valores, vamos ahora a hablar del carácter de la mujer, ¿cómo debe ser una mujer según un machista? Su actitud debe ser siempre acorde a su sexo, y eso implica no reivindicar nada, que eso es de histéricas, ha de ser sumisa, sonriente y delicada, con tendencia a asentir como si fuera uno de esos perros de juguete que se colocan en el coche, en vez de hacer como las feministas, que no tienen sentido del humor, y son unas hipócritas que nunca se manifiestan por las cosas de verdad importantes que se les ocurren a sus privilegiados cerebros, y da igual si sus ocurrencias suenan irreales, por ejemplo:“Han pegado a mi prima la de Betanzos por ir bien arreglada, y no veo a las feministas manifestándose por ella”. Porque es importante, al parecer, que nos manifestemos por todo las feministas, no vaya a ser que los señoritos tengan que moverse para reivindicar lo que les parece importante a ellos ya que, como todos sabemos, podrían desintegrarse si se les ocurriese hacerlo solitos.

Recapitulemos para dejar clara la idea principal, los machistas quieren que la mujer se vista, maquille y actúe como ellos quieren, que les de explicaciones por todo, y quieren hacer creer que todo lo que se salga de sus ideales femeninos es un ataque a los hombres, así que lo que en realidad están reivindicando los machistas es su derecho a jugar a las muñecas sin que se note, vestirlas, maquillarlas y hablar por ellas, inventarles escenarios pero en la vida real, y esto, que es un comportamiento profundamente infantil, no sería ningún problema si estos machistas no fuesen violentos, sádicos y depredadores sexuales, hablando de mujeres reales.

Hay algo que quiero recordar a todo el mundo, el ser humano se distingue de los animales en que es capaz de razonar y contener impulsos, y todos estos machistas alegan que no son capaces de pensar con claridad y contener sus impulsos con las mujeres, entonces, ¿son seres humanos o depredadores con capacidad de habla?

En cualquier caso, en la sociedad actual, sobra cualquier elemento que no sepa respetar a los demás. Las mujeres queremos compañeros, no jefes controladores que juegan a las muñecas.

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Gala Romaní
Gala Romaní (Vigo, 1973). Escritora independiente de género fantástico y humorístico. Ha sido colaboradora en la revista digital Culturamas, donde denunciaba los abusos en el sector literario a raíz de su mala experiencia publicando bajo un sello editorial. Publicó su primera novela, La Sombra de los Lobos, en 2011. Otras obras: “La Transmigradora”, “Portadores de Sangre I y II”, “Si te casas sé tú misma” y “Entre el amor y el sarcasmo.”

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