Virgencita que me quede como estoy

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Hoy vengo a hablar de un tema curioso: “El español y los cambios”. Primero os voy a contar una anécdota, para ilustrar el tema, que refleja completamente nuestra asombrosa mentalidad en este asunto:

Verano en Vigo, estoy en las fiestas de Bouzas con mi familia, y decido sacar dinero en el cajero para cenar y hacer algunas compras en la zona. Me dirijo al banco y veo dos colas, una inmensa que serpentea calle abajo y de la que no se ve el final, y la otra en la que hay dos personas. Inmediatamente me pongo a dudar, ¿en cuál me pongo? (En este punto tengo que aclarar que aunque me pongo mechas, soy rubia natural).

Bien, prosigo con mi anécdota: Total, que de repente se me ocurre preguntar a las personas de la cola pequeña si están para el cajero, aunque es algo obvio, y una chica me contesta que sí, y le pregunto:

— ¿Y en la otra cola?

— La otra cola es para el otro cajero. —responde la chica reprimiendo una sonrisa.

Yo me río a carcajadas sin disimulo, claro, porque, calculando a ojo, voy a poder acceder a un cajero una hora antes que los últimos de la otra fila por el simple hecho de haber preguntado en vez de seguir el instinto de la masa.

¿Qué nos dice esto? Que no nos molestamos en pensar un mínimo, que nos guiamos por costumbres, que hacemos las cosas imitando a los demás, si este se pone aquí, yo también.

No hay nada que nos dé más miedo que salirnos de la norma, llamar la atención y no seguir los dictados del grupo.

Durante toda mi vida he oído eso de: “Lo admiro porque es original”, pero cuando has sido la persona original sabes que esa frase no es cierta, la gente no quiere ser original, quiere pertenecer a un grupo y no destacar, porque al que destaca lo machacan y es objeto de todas las críticas, porque lo original hay que mirarlo de lejos, desde nuestra comodidad, porque da miedo.

En definitiva, tenemos la falsa creencia de que cambiar es mucho más difícil que actuar por costumbre.

¿Y por qué saco todo este tema a colación? Pues porque creo que en este momento nos estamos pasando de poco originales como sociedad, hasta llegar a un punto que nos perjudica seriamente.

Veréis, hace nada compartía en las redes la imagen del cartel colgado en el escaparate de una tienda, era de uno de sus empleados, que contaba que estaba encantado porque la dirección había decidido que la jornada se terminaba a las 7: 30, que no había sido un drama para nadie, que los clientes se había acostumbrado y que podía ver a sus hijas antes de que estuvieran dormidas. Un usuario me comentaba al hilo de esa foto que le recordaba a la ley antitabaco, que cuando había salido se había formado un gran escándalo porque no se dejaba fumar en edificios públicos, pero que al poco nadie se acordaba ya del tema porque la gente se había acostumbrado.

Podemos poner el ejemplo que nos de la gana, al final, aunque parezca que los cambios cuestan muchísimo, no cuestan tanto, así que deberíamos dejar de lado esa histeria colectiva ante el más mínimo cambio e intentar exigir algunos en beneficio de todos.

Para dar un ejemplo reciente de a dónde quiero ir a parar hablemos de la imposición de fichar, ¿os acordáis del revuelo que se armó, que hasta había empresarios amenazando con descontar el tiempo en el que ibas al baño a sonarte los mocos? Al final no fue para tanto, a nadie le han bajado el sueldo por sonarse los mocos, no ha habido ese cambio significativo con el que amenazaban y que nos da tanto miedo.

Los empresarios también son humanos, también les cuesta cambiar, pero al final no les pasa nada, como a los trabajadores, porque todos somos iguales, y si un trabajador tiene capacidad para adaptarse a menos sueldo, menos tiempo, la posibilidad de que le echen si tiene “demasiadas” bajas aunque sean justificadas, ¿por qué no se va a adaptar el gran empresario a pagar más impuestos? ¿Creéis que los empresarios españoles no tienen capacidad de sacrificio?

Es verdad que hay empresas que todavía pasan de fichar, todos imaginamos por qué, pero la mayoría se ha adaptado y repito, no ha pasado nada.

Dejad que haya cambios, pedid que haya cambios, el que una gran empresa tenga que pagar algo más en vez de cargar con todo el peso a los autónomos y trabajadores no nos va a perjudicar, no se va a ir nadie del país, la mayoría son grandes patriotas declarados, tranquilos, se acostumbrarán, como nos acostumbramos todos.

Cambiemos de cola.

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Gala Romaní
Gala Romaní (Vigo, 1973). Escritora independiente de género fantástico y humorístico. Ha sido colaboradora en la revista digital Culturamas, donde denunciaba los abusos en el sector literario a raíz de su mala experiencia publicando bajo un sello editorial. Publicó su primera novela, La Sombra de los Lobos, en 2011. Otras obras: “La Transmigradora”, “Portadores de Sangre I y II”, “Si te casas sé tú misma” y “Entre el amor y el sarcasmo.”

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