El Punto 10

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El punto diez del preacuerdo para conformar un gobierno entre Unidas Podemos y el PSOE hace inviable que el resto de puntos del preacuerdo puedan llevarse a cabo. Veamos por qué. Para ello hagamos un breve resumen de los puntos del preacuerdo.

  1. Creación de empleo, crecimiento y lucha contra la precariedad
  2. Lucha contra la corrupción y en favor de los servicios públicos
  3. Lucha contra el cambio climático
  4. Reindustrialización y fortalecimiento de las PYMES
  5. Ley de eutanasia y recuperación de la memoria histórica
  6. Apoyo al deporte y a la cultura
  7. Puesta en marcha de políticas feministas
  8. Revertir la despoblación
  9. Garantizar la convivencia y el diálogo en Cataluña
  10. Equilibrio presupuestario y acatamiento de las reglas de la UE

Estos diez puntos pueden dividirse en dos partes. La primera, que va desde el uno hasta el nueve, responde a la pregunta ¿Qué queremos hacer? y la segunda, compuesta únicamente por el punto diez, responde a la pregunta ¿Cómo queremos hacerlo?

La diferencia en el número de puntos de cada parte es de por sí muy reveladora. La izquierda pone un gran énfasis en los conceptos que le gustaría hacer realidad y descuida los métodos necesarios para ello. La importancia de los nueve primeros puntos es evidente ¿Quién puede estar en contra de crear empleo digno o de la protección de la naturaleza? Nadie. Es verdad que cuestiones como la memoria histórica, el diálogo en Cataluña o la eutanasia son conceptos que la derecha no comparte. No obstante, esto juega en favor de la izquierda, ya que deja a derecha española la defensa de conceptos ampliamente rechazados por la historia, como por ejemplo el fascismo, el autoritarismo, la reivindicación del sufrimiento como valor religioso, etc.

Sin embargo, al llegar al punto diez nos adentramos en el terreno del cómo y la superioridad de la izquierda desaparece para dejar paso al triunfo de las políticas de la derecha. Digámoslo lo más claramente que nos sea posible: el equilibrio presupuestario y el acatamiento de las normas impuestas por la UE son incompatibles con la puesta en práctica de los nueve puntos anteriores.

El equilibrio presupuestario significa que los estados no pueden destinar al gasto público más de lo que ingresan en impuestos. Es decir, el punto diez refleja la lucha encarnizada del neoliberalismo contra los déficits públicos. Al aceptar esta animadversión hacia los déficits públicos, la izquierda acepta la idea neoliberal de que el estado es como una empresa privada que si gasta más de lo que ingresa se verá tarde o temprano abocada a la quiebra. Entonces, la quiebra del estado también supondría la desaparición del empleo digno, de los servicios sociales, de las pensiones y del resto de cuestiones recogidas en los primeros nueve puntos. Por tanto, es necesario aceptar que la derecha tiene razón al defender el equilibrio presupuestario y que las normas de UE, baluarte acérrimo de dicho equilibrio, son justas y deseables. Tiene sentido, ¿no? Pues no, no lo tiene. Este razonamiento solo refleja la claudicación de la izquierda y el triunfo de la derecha.

El estado no es como una empresa privada porque el estado crea el dinero que gasta y por tanto no puede quedarse sin su dinero. Es más, el estado es capaz de comprar todo aquello que esté a la venta en su moneda. ¿Cuándo fue la última vez que usted, querido lector, fue a comprar al supermercado con dinero que había imprimido en la impresora de su casa? Pues esa es la diferencia entre el estado y las familias o empresas privadas. Por tanto, los déficits públicos siempre son sostenibles, ya que, a diferencia de lo que ocurre con los déficits privados, no ponen en peligro la sostenibilidad de los pagos. El estado siempre puede hacer frente a todas las deudas en las que haya incurrido en su propia moneda, y por tanto los déficits públicos no le pueden hacer quebrar.

Es más, el estado es el único emisor de la moneda de un país. Por consiguiente, el estado no necesita ni recaudar impuestos ni emitir deuda para poder gastar. Al contrario, es el sector privado el que necesita el gasto público para poder ahorrar. Por tanto, el déficit público es otro nombre para designar al ahorro de las familias y de las empresas privadas. Estar en contra de los déficits públicos es estar en contra de que las empresas privadas y las familias puedan contratar a trabajadores y puedan reinvertir en la economía la parte de sus ingresos no destinada al ahorro.

Por consiguiente, el límite del déficit público no debe ser un objetivo de la política económica de la izquierda. Lo que un gobierno de izquierda debería hacer es incurrir en el déficit público necesario como para garantizar el pleno empleo permanente y por ley. Eso supondría el establecimiento de planes de trabajo garantizado que permitieran que todos los trabajadores que quieran y puedan trabajar, pero que no encuentren un trabajo en el sector privado o en el sector público permanente, reciban un empleo de transición en sector público.

Lo mismo que con el pleno empleo se debería hacer con el resto de cuestiones recogidas en los primeros nueve puntos del preacuerdo. El estado debería incurrir en los déficits necesarios para que se hicieran realidad.

Por supuesto, los economistas neoliberales argüirán en seguida que esta propuesta es inflacionaria, y por desgracia los economistas del PSOE y de UP también les darán la razón en este aspecto. No obstante, si los economistas del PSOE y de UP no fueran ellos mismos neoliberales, sostendrían que la inflación nunca es, en la práctica, un fenómeno monetario y que los planes de trabajo garantizado rompen la falsa dicotomía entre empleo e inflación.

Por una parte, tenemos la evidencia histórica de que los poquísimos episodios hiperinflacionarios acaecidos hasta el momento han tenido como origen crisis de materias primas (que no es el caso de España). Por otra, también contamos con las evidencias proporcionadas por escuelas económicas no neoliberales como la teoría monetaria moderna que demuestran que los planes de trabajo garantizado sirven a modo de poderosos estabilizadores automáticos que permiten anclar el nivel de precios general de la economía de manera que la estabilidad de precios no solo sea compatible con el pleno empleo, sino que sea consecuencia del mismo.

Por tanto, un gobierno de izquierdas tiene en su mano garantizar el pleno empleo sin inflación y el poder de movilizar los recursos suficientes como para hacer realidad los nueve primeros puntos del preacuerdo entre el PSOE y UP… Siempre y cuando dicho gobierno cuente con la soberanía monetaria que le niegan el Euro y la UE.

El Euro y la UE son instrumentos del neoliberalismo para arrebatar a los gobiernos democráticos la capacidad de elegir el nivel de desempleo de su economía y de incurrir en los déficits públicos necesarios para poder conseguir un estado social como el que defienden el PSOE y UP en los nueve primeros puntos de su preacuerdo.

¿Y saben ustedes qué es lo peor de todo? Que en el PSOE y en UP lo saben perfectamente.

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