Qué vienen los rojos

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Cuerpo a tierra, a las barricadas. Aún no dan los números, pero ya están aquí los rojos. Hagamos acopio de papel higiénico, olvidémonos de la rebanada del medio del Big Mac y del pisito en Torrevieja. Visiten las iglesias antes de que sean quemadas, ayuden a los vecinos de las zonas pudientes que van a ser purgados, necesitamos barreras humanas en las sucursales bancarias que van a ser expropiadas y pongan fin a esta locura bolchevique en la que nos han metido Los Picapiedra.

Este es el escenario que nos pinta la derecha tras el abrazo de Pedro y Pablo y aunque es muy gracioso ver a Rosa Diez, Girauta y todos los ranciotertulianos echarse las manos a la cabeza, no podemos caer en triunfalismos y alejarnos, aún más, de la realidad.

La realidad es que hay 52 putos fascistas en el parlamento, 52 fascistas de mierda que representan a más de tres millones de votantes, tres millones de votantes que han comprado el discurso de odio, exclusión y clasismo que vende el fascismo y que ya ha acabado con un partido a la derecha del PSOE por pactar con ellos. La realidad también nos dice que, más allá de haber conseguido un gobierno de coalición (el primero desde el 39), se pierden un millón de votos cada nueva repetición electoral, se pierde militancia cada día porque lo que interesa ahora son los inscritos que no meten mucho ruido y hay cero autocritica que para algo estamos en manos de la gente más preparada del mundo mundial, ellos no se equivocan nunca. La realidad es que las calles echan de menos las reivindicaciones obreras, los obreros echamos de menos la organización en el centro de trabajo y las condiciones de los pocos puestos de trabajo que hay son cada vez más precarias. La realidad es que la última vez que se compró un soviet mediático (el de Carmena), se acabó apoyando la Operación Chamarín y aún tenemos a Carlos Sánchez Mato dando lecciones de saber hacer, como no.

Con estos mimbres, ¿cómo pretendemos hacer frente a la amenaza fascista? ¿Con un gobierno de coalición del que solo sabemos que tendría un vicepresidente con el pelo largo? ¿Dentro de un gobierno que se enfrenta a una crisis económica en ciernes que va a dejar a la anterior en un simple constipado? ¿En serio? La izquierda aún tiene a Alberto Garzón repensando qué es la izquierda y frente a su panda de vividores, tenemos a una derecha que sabe a lo que juega, que sabe que sus vidas dependen de que trabajemos para ellos, de que nos exploten hasta dejarnos sin aliento, de que si no estamos organizados ellos nos pueden seguir parasitando. Ellos, los putos burgueses. No los de arriba, no las élites. Para élites ya tenemos dirigentes de partidos “obreros” que no han doblado el lomo en su puta vida. De las aulas a la liberación política por su cara bonita.

Hubiera estado bien que antes de presentar el acuerdo exprés de coalición, hubiese habido un debate interno, al menos en IU y PCE, que se hubiesen hablado de las medidas que se pretenden tomar, de las líneas rojas rojísimas que no vamos a pasar nunca más y que no se hablase solo de sillones, vicepresidencias y ministerios. Pero el Mesías no tiene por qué preguntar a la plebe. Ojalá me equivoque, pero participar en un gobierno que no cumple se paga. Preguntadle a Doña Magdalenas y a Syriza que de no cumplir algo saben. La realidad marca el camino y no las ensoñaciones y ambiciones de cuatro pijos que viven de parasitar al movimiento obrero.

Urge dejar de repensar, urge organizarse, urgen dimisiones y cambios de rumbo, urge abandonar el triunfalismo y el discurso vacío. La política económica viene marcada desde Europa y no desde Galapagar o Rivas. Urge que podamos marcarla desde Vallecas o Carabanchel. Urge que se acojonen de verdad porque vienen los rojos y que no se descojonen más de nosotros los parásitos, los externos y los internos. Sobre todo, los internos.

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