La pasada tarde del domingo nos alarmamos con la noticia de una escalada de agresiones en el conflicto de Ucrania, que elevaba el riesgo a nivel de peligro nuclear. Las fuerzas ucranianas lanzaron un ataque coordinado con drones contra cuatro aeródromos situados en distintas regiones del país. Medios informaban que habían sido destrozados en esos ataques más de 40 aviones militares rusos, entre ellos varios bombarderos Tupolev 95. Estas naves son de las más sofisticadas y estratégicas, pues poseen la capacidad de portar misiles nucleares.
La noticia parecía regocijar a la prensa occidental y por supuesto a los medios españoles. Primero por su impacto estratégico: Rusia era golpeada de manera insultantemente efectiva, en diversas y lejanas partes de su territorio y en su arsenal más selecto. Para realizar semejante acción, los expertos no ocultaban en sus informaciones que había sido necesaria la colaboración de la inteligencia europea. Fuentes ucranianas señalaron que el ataque fue coordinado con el servicio de inteligencia británico, MI6.
En los medios se comparaba este ataque, en cuanto a nivel de inteligencia (militar) a la de los grandes golpes del Mossad, como cuando atacó a Hizbulá en Líbano mediante explosiones de buscas, el pasado septiembre. En un alarde de creatividad, los titulares de la prensa española repetían: el Pearl Harbor de Rusia.
Resulta muy llamativa esta comparación con el ataque japonés a bases navales estadounidenses en 1941 y que terminó de involucrar a los EEUU en la Segunda Guerra Mundial. Gracias a la propaganda cinematográfica es muy popular este suceso. Pero también es sabido que, pese a la victoria temporal de Japón, la guerra para ellos concluyó con terribles consecuencias. Años después los nipones firmaban la rendición tras los aplastantes resultados del uso por parte de EEUU de las primeras bombas atómicas (el primer y único ataque nuclear de la historia) de Hiroshima y Nagasaki.
¿Pretendían estos medios difundir el mensaje de que esperaban de Rusia una respuesta nuclear?
Por los motivos que sean, se produjo este ataque justo horas antes del encuentro para una nueva ronda de negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia. Como puede suponerse, el acuerdo de paz no se produjo y sólo se alcanzaron pactos para intercambios de prisioneros y el emplazamiento de otra cita para finales de mes.
Las exigencias rusas en ese acuerdo incluían: la neutralidad y estatus no nuclear de Ucrania, el compromiso de Occidente de no expandir la OTAN hacia el este, el levantamiento de sanciones contra Rusia, la disolución de las formaciones nacionalistas en Ucrania y la promesa de elecciones en Ucrania. ¿Era esto inasumible por la OTAN?
Incluso desde la perspectiva más ajena a las opiniones «prorrusas» o «putinistas», o desde las visiones que advierten del «imperialismo ruso», es decir desde una óptica plenamente imparcial, es evidente que no había ninguna intención de llegar a un acuerdo de paz. Ni el más optimista pacifista podía esperar que se llegase a un acuerdo en semejante tesitura.
Más aún, con los datos objetivos en la mano, salta a la vista que desde Europa, desde Reino Unido o Alemania, la intención no es precisamente la de llegar a un acuerdo de paz, sino todo lo contrario, alimentar con todos los recursos posibles, incluidos los más retorcidos, la escalada bélica hasta sus niveles más insostenibles.
En realidad, todo parece indicar que los mandatarios europeos lo que prentenden es azuzar a Rusia para que responda de manera los más cruenta posible, sabe Dios si con el fin de poseer entonces la justificación de su rearme. Y también los medios colaboran en ello empleando mensajes con simbología muy explícita como esta de su particular «Pearl Harbor».
Sin embargo, el desarrollo de la guerra en los últimos meses sugiere que Rusia seguirá avanzando pese a que desde la UE se alimente a Ucrania con nuevos envíos de armas y dinero, dentro del plan de rearme, y pese a que se produzcan mientras tanto acciones de «guerra híbrida» que recuerdan a los atentados que cometen los grupos paramilitares fuera de las normas legales.
Insisto, desde una posición imparcial, cabe hacerse las siguientes preguntas:
- ¿Está interesada la Unión Europea en la paz o sus acciones revelan que desea la guerra a toda costa?
- En caso de que exista una voluntad de incrementar el riesgo de guerra (recordemos, hasta niveles nucleares), entonces ¿el llamado «orden basado en reglas» (que nos dicen rige el orden mundial con justicia) es en realidad un orden que tolera las acciones de sabotage de este tipo horas antes de una reunión de paz?
- ¿Podría afirmarse entonces que las democracias europeas están en realidad dominadas por voluntades superiores que son las que verdaderamente tienen la capacidad de decisión y que están interesadas en que haya una guerra de nivel mundial?
- ¿Podría explicarse a partir de esto que se produzca el genocidio de Palestina sin que exista una mínima autoridad internacional con capacidad de frenar semejantes atrocidades?
- ¿Se puede afirmar que vivimos tiempos que serán recordados en el futuro como parte de los peores de la infamia de la humanidad y que, por tanto, urge el desarrollo de organizaciones internacionales ajenas a estos poderosos intereses económicos que superen el actual orden de cosas?








