Recientemente hemos pasado un buen rato viendo huir de las redes y echarse poco menos que a llorar y suplicar cuando algunos periodistas e informáticos han desvelado sus identidades a varios perfiles anónimos de redes sociales que difundían amenazas y bulos de extrema derecha y en muchos casos pregonaban su testosterona y valor ante invasores musulmanes y otras majaderías de las que sólo existen en la cabeza de esa gente. Algunos otros perfiles derechistas, anónimos o no, han amenazado con las terribles consecuencias legales y las multas que eso puede traer a quienes han hecho la labor de desenmascaramiento.
Debo reconocer que no domino mucho el asunto legal en estos temas, y espero y me gustaría no tener ningún problema que me obligue a informarme al respecto, pero es bastante gracioso observar una vez más que tras los pretendidos guías y valientes luchadores por la integridad de nuestra civilización se esconden siempre seres muy limitados —porque sinceramente hay que ser muy ingenuo para creer a estas alturas que si quieren pillarte con un perfil anónimo no te van a pillar—, muy hipócritas —porque algunos de estos perfiles desenmascarados han resultado ser personas de otras etnias o practicantes de las actividades que criticaban en sus perfiles— y muy cobardes —creciditos mientras pensaban que sus fechorías iban a quedar diluidas en el anonimato, pero temblorosos y sollozantes en cuanto han visto que su comportamiento puede tener la menor consecuencia—.
Resulta interesante que a menudo esta tropa exhibe comportamientos muy belicistas, aunque sea contra enemigos falsos, como el paquistaní que atiende en la frutería de la esquina, o directamente etéreo, difuso o inexistente, como lo woke o las élites globalistas, pero en cuanto ven un peligro real y presente se quedan cortados o directamente huyen. Ni siquiera tiene que ser un peligro, basta la menor consecuencia, vergüenza, incomodidad, etc que deban asumir por sus actos. Incluso ya dos líderes, que no son santos de mi devoción pero que sí tienen tablas y experiencia, como Macron y Mark Carney, han dominado completamente e Trump, el modelo supremo de esta banda mundial, con sólo plantarle cara y no ceder ante sus mentiras. Por eso en alguna ocasión animé a mis lectores a plantar cara a la gente con determinados discursos, porque en realidad es muy fácil achantarlos y quitarles su presencia.
Pero hoy vamos a divertirnos imaginando la batalla final de estos heroicos luchadores de la civilización cristiana ante un ataque de un verdadero invasor, musulmán o no, organizado. Empezarían por animar a otros a enfrentarse a los enemigos bien escondidos en algún agujero. Cuando alguien, del bando que fuera los descubriera, entrarían en pánico y se pondrían a suplicar si quien les descubre es el mando de su tropa o se rendirían sin condiciones si es un enemigo. Si llegaran al campo de batalla huirían en cuanto el enemigo asomara la faz. Si cayeran prisioneros venderían a toda su tropa y a todos sus compañeros por un mendrugo de pan. Y si alcanzaban de un modo o de otro a superar la situación de peligro, posteriormente intentarían medrar y, si lo consiguieran, se convertirían en tiranuelos protegidos por quien hubiera salido vencedor de la confrontación.
Evidentemente personas con este comportamiento no parecen la mejor tropa posible para afrontar ninguna situación de peligro. Imagínense:
—¿A dónde vas, Ramón?
—Vienen por fin los moros. Voy a quemar la frutería, muchas veces dije que había que echarlos y no me hacían caso, pero ahora mismo voy y…
—Ya están aquí. Han entrado. ¿No los oyes en las calles?
—¿En serio? ¡Alá u akbar! ¡Piedad, siempre quise a mis hermanos musulmanes! ¡Ponte un velo, Maruja, que ahora te conseguiremos un niqab!
En fin, todo esto nos lleva a una reflexión que seguramente no sea necesaria para los lectores de este medio ni para los izquierdistas en general pero que deberían repetirle a la gente que arrimándose a este tipo de personas se creen que van a obtener algún beneficio: tus amigos arios no te van a proteger ni a luchar por ti. En cuanto haya el menor peligro te dejarán vendido y saldrán corriendo. Ya que eres tan miserable de abusar de gente que crees más débil por beneficios, lo que ya es de por sí lamentable, que sepas que no, que no ocurrirá así. Tus acompañantes muy valientes contra mendigos y desarrapados de raza negra te abandonarán siempre que haya un peligro real. Si lo único que entiendes es el beneficio o el perjuicio, que sepas que esto te perjudica. No es una suposición, esta semana lo has visto en las redes sociales.




