Que hubieran estudiado

0

Antes de que Trump volviera a ganar las elecciones estadounidenses, escuché en una cafetería cómo se lamentaban en la mesa de al lado de los peligros con los que las políticas actuales amenazan a la meritocracia. Unos meses más tarde, y como si quisiera tranquilizar a aquellos comensales desesperados, Trump, en su toma de posesión y rodeado de las primeras personas que alcanzarán el billón de dólares, declaró que uno de sus objetivos es forjar una sociedad estadounidense basada en el mérito.  

La heredera del sueño americano ha conseguido que, después de años de liberalismo extremo y de un individualismo agotador, la pobreza sea apreciada como la ausencia del esfuerzo y del sacrificio necesarios ante las oportunidades, una consecuencia individual y no el resultado de una sociedad fallida, en la que se ha abandonado la lucha de clases y en la que los medios de producción continúan en las manos de una minoría a la que le interesa fomentar la creencia de que más población de la real forma parte de la clase media.

Las redes sociales son también cómplices en la creación de múltiples escaparates en los que se presume de un nivel de vida tan ostentoso y frenético como el de las personas a las que se admira, a pesar de que quienes comparten esas fotografías no dispongan de una vivienda propia, de estabilidad laboral o de la posibilidad de formar una familia sin que su calidad de vida empeore. Sin conciencia de clase, el verdadero nivel socioeconómico de cada individuo o familia se convierte en algo intangible que contribuye al espejismo en el que siguen inmersos quienes no contemplan el ahorro como una posibilidad real; y sin medidas que ayuden a disminuir la brecha, la población que viva por debajo de lo que se considera clase media, con ingresos brutos anuales entre 16.200 y 43.200 euros, o entre los 13.737 y los 36.632, según la fuente, continuará aumentando como en los últimos años.

En España, en el 2022, un 26’5% de la población se encontraba en el umbral de riesgo de pobreza, que se situó ese año en 10.008 euros anuales y en 21.185 euros en hogares compuestos por dos adultos y dos menores. Pero, para todos esos emprendedores visionarios, que han contado siempre con mejores condiciones de partida, y para los empleados corporativistas que hablan en primera persona de las grandes empresas en la que trabajan sin ser conscientes de su estado de alienación, si estas familias hubieran estudiado y trabajado como hicieron ellos, no se verían obligadas a participar en distópicos juegos sangrientos por decisión propia, y no condicionadas por su realidad material, o, abandonadas a su suerte por las políticas neoliberales, tampoco tendrían que sobrevivir capitalizando su plasma por cien dólares, su propia sangre, y, además, en el caso de las mujeres, sus úteros, su leche materna o sus cuerpos, que son los únicos medios de producción a los que tienen acceso por no haber sabido aprovechar las oportunidades de las que el resto, tan trabajador y tan estudioso, sí se benefició.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.