Una pedrada personal sobre Elon

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Sucedió el seis de noviembre, es decir, hace muy pocos días. Me siento un momento a ver cómo esta Twitter, al que me resisto a llamar X. Abro la pantalla de inicio. Lo primero que me sale a los ojos es un mensaje de extrema derecha, como suele ser habitual desde los últimos cambios en el algoritmo, en esta ocasión de la variante misógina. Era de un gilipollas random de la red, no soy capaz ni de buscarlo, pero recuerdo que decía algo así como: Todas las mujeres ahora están en el lado de los zurdos de mierda. Por su culpa nos van a comer los moros, y me reiré cuando todas lleven burka.

Bueno, pienso, desde que un millonario de esos que lo que se compran con su dinero es el privilegio de ser imbéciles sin que nadie pueda reprenderles compró la red esto es habitual. A ver cómo está el medio, aunque soy consciente de que, por desgracia, lo que me va a saltar a la cara son memeces de extrema derecha. El siguiente muestra a dos chicas jóvenes con símbolos izquierdistas o más bien wokes, a las que el autor del post llama «futuras charos» y a las que hace la terrible amenaza de que «jamás se las follaría» y se las deja a sus amigos los moros.

Van dos de dos, pienso para mí. Se ve que hoy los incel están revolucionados. El siguiente deja entrever que hoy en día ningún hombre puede ser de izquierdas porque está todo monopolizado por las «femilocas» y que le obligan a ser de extrema derecha.

Así me encuentro todo el Tl hasta que al décimo mensaje, o algo así, hay uno un poco más original que prefiere centrarse en el «comunista islamista ese» de Nueva York. Pero después riadas y riadas de mensajes contra las mujeres por ser todas rojas y con las conocidas alusiones a su físico y las terribles amenazas de no tener sexo con ellas.

A estas alturas estoy absolutamente desbordado por esta facción misógina de la extrema derecha mundial. Me pregunto qué habrá pasado aquel día para que el algoritmo no me muestre otra cosa que insultos machistas y comentarios que en algunos casos llegan a la amenaza física o de violación. Entonces recuerdo quién manda ahora en esa red, quién quiere que la llamemos por otro nombre diferente al que a todos nos sale, y sus impulsos como de niño pequeño caprichoso, pero en su caso con mucho poder y dinero. Igual es una impresión personal mía, pero después de aquel panorama estoy bastante seguro de que Elon Musk ha debido tener algún mal rollo sexual en torno al día cinco. Apostaría mi mano derecha a que una mujer lo rechazó, cuando él creía que por ser quien era toda la humanidad de sexo femenino era suya por derecho divino, o que aquella noche sufrió un gatillazo o cualquier inconveniente del mismo tenor. Entonces, el actual dueño de Twitter no lo dirá en voz alta, pero conociéndole, no es difícil imaginarlo enfurruñado en su habitación diciendo: «pues mañana os vais a acordar, zorras».

Supongo que con un ego del tamaño del que exhibe este niño maleducado con pasta nunca nos confesará si eso fue lo que pasó, y a mí tampoco me gusta elucubrar. Pero es que cuando me encontré este panorama de modo tan descarado no pude dejar de cavilar. Así que desde aquí le digo a Elon que si mis suposiciones son ciertas, así lo que ha hecho no es tomarse una venganza sino hacernos a muchas personas sospechar de tu virilidad.

En todo caso la anécdota me ha puesto ante los ojos el enorme altavoz para los tarados que no llevan bien su relación con el bello sexo supone Twitter. Sean o no ciertas mis suposiciones sobre el mandamás de la red, el hecho es que por algún motivo aquel día la red me obsequió con un catálogo de descalificaciones y amenazas que me hicieron tomar consciencia del problema que aún supone el machismo y la mala educación en nuestra sociedad. Sobre todo porque, como habrán visto en los ejemplos que he puesto, en algunos casos parecen legitimar o, incluso, querer copiar a los extremistas islámicos en su actitud hacia las mujeres, aunque de puertas para afuera abominen de ellos.

Un mundo y una sociedad teóricamente civilizados donde resulta verosímil la hipótesis de que un millonario despechado, en vez de proceder a una sesión de onanismo en silencio y controlar su frustración, decide servir de vehículo para amenazas y elucubraciones contra las mujeres sigue siendo un lugar muy preocupante, de modo que, aunque tengo que admitir que no tengo pruebas que demuestren la veracidad de mi teoría, sí, me fui aquel día a dormir con cierta desazón y pensando que todavía hay muchos motivos para que tantas chicas jóvenes se sientan atraídas por la causa feminista. Al menos me reconforta pensar que, como todas las causas justas, esta todavía encuentra su hueco en mi lado del espectro político.

Imagen de un comentario machista típico de Twitter como los que me encontré el día que dio pie a este artículo.

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