Y el mundo entero defendió a la ETA

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Parece increíble, pero la semana pasada hizo ya más de 20 años del 11-M. Como viví de cerca aquella carnicería, es algo que no puedo dejar de comentar. El primer recuerdo que nos viene a los madrileños, obviamente, es el de las casi doscientas víctimas y el dolor de sus familiares. Aquellos días ocurrieron cosas que ni El Villano ni ninguno de los habitantes de nuestra querida villa medieval, hoy convertida en capital y gran ciudad, vamos a olvidar nunca: una mañana de angustia intentando localizar a familiares y conocidos que podrían haber subido a aquel tren ―personalmente a veces no me explico cómo todos mis allegados se libraron de aquello, suerte que mucha gente, incluyendo a algunos conocidos, no tuvo―, el constante ulular de ambulancias por toda la ciudad, tanatorios colapsados con los cuerpos de las víctimas, una manifestación en la que desde cualquier punto de la ciudad se veía una riada de gente acudiendo a sumarse a ella, la sensación de inseguridad de los días posteriores al coger el transporte público o ver una mochila en cualquier parte… Pero como muchos han recordado, quizás la peor consecuencia a largo plazo de aquel terrible atentado fue la aparición de las tácticas desinformativas extremoderechistas en nuestro país.

A pesar de que en buena parte de nuestras ciudades se han instalado inmigrantes musulmanes, y que en algún caso dejan entrever claramente su interpretación estricta de la religión, lo cierto es que las mujeres españolas no van veladas y no se ha prohibido el jamón ni el alcohol. Quiero con ello decir que los atentados no nos sometieron al Islam. En cambio las tácticas que se utilizaron para sembrar dudas sobre la autoría de los ataques y en último término para deslegitimar a un gobierno que no era el que esperaba con ilusión la derecha se han quedado y hoy son la tendencia principal en buena parte de la prensa y la programación. Y sus efectos, que en principio parecían irrisorios, se están dejando sentir.

El bulo primigenio, el de la autoría de ETA en los atentados, acaparó durante un tiempo tanto espacio informativo como hoy lo hacen los okupas, la inmigración o la desinformación sobre los temas más variopintos. Pero pareció no calar, al menos en la mayor parte de la población. Aun así todavía resurge durante unos pocos días al año, y la pasada semana volvió a ocurrir. Ya saben cuál es la teoría: Zapatero se puso de acuerdo con ETA o mejor la ETA, que quienes afirman tal cosa siempre lo dicen con el artículo delante, para matar a doscientas personas, culpar al eficaz gobierno de Aznar de ello y con eso robar las elecciones para vendernos al orden mundial comunista y genocida. Entonces aún no se estilaba la palabra globalista. Por supuesto jueces, fiscales, policías y la madre que los parió encubren el complot y no quieren saber la verdad.

Esta memez, que no se sostiene por ningún lado, ha sido amplísimamente desmentida durante todos estos años. Pero el hay un punto en ello que siempre ha llamado la atención del Villano, a veces haciéndole reír por lo absurdo y otras aterrándole por poner en relieve hasta dónde llega el resentimiento y la credulidad forzosa de quienes hacen como que se tragan la estupidez ―porque en realidad la mayoría de ellos saben que todo eso es ridículo, pero prefieren fingir creérselo a reconocer que la derecha pudo hacer algo mal―. Y es que de ser cierta esta elucubración, no serían las autoridades españolas, sino todo el mundo sin excepción quien está encubriendo a la ETA. Recuerden aquellos días: colaboraron en mayor o menor grado con las autoridades españolas el FBI, la CIA, el Mossad, Scotland Yard, el servicio secreto francés, el MI-6 británico, los servicios secretos marroquíes, incluso creo que en algún momento los saudíes, esto sería cuestión de buscar en la hemeroteca. Hay un punto donde esto que digo es especialmente patente: cuando el 13 de marzo el ex ministro Acebes compareció para explicar el hallazgo de una cinta de video que reivindicaba para Al Qaeda los atentados, afirmó haber consultado a los servicios secretos franceses, belgas y portugueses. Los franceses, obviamente, no tienen ningún interés en ceder al separatismo vasco. Ellos también tienen vascos en su territorio. En cuanto a belgas y portugueses sinceramente no entiendo que les puede ir en el problema de Euskadi para encubrir una matanza de tal calibre.

El FBI llegó a realizar detenciones al respecto. Mohamed el Egipcio, uno de los terroristas supuestamente implicado en el atentado, fue detenido en Italia y extraditado desde allí, aunque sólo se le pudo probar su pertenencia a banda armada, no su implicación en la carnicería de Madrid.

Supongo que para los teóricos de esta conspiración tenía mucho sentido para el gobierno de los Estados Unidos mandar a la CIA y al FBI a reunirse con ETA ―perdón, la ETA― para conspirar contra el gobierno de uno de sus mayores aliados en aquel momento. Como sabe cualquier persona bien informada de la historia norteamericana desde 1898 a nuestros días, los yanquis son capaces de reunirse con ETA, armarla y de muchísimo más, pero no contra un gobierno que de hecho estaba legitimando sus carnicerías en Iraq.

Seguramente también gobiernos de países del mundo musulmán tenían mucho interés en aparecer como países exportadores de terroristas para proteger a ETA ―¡Y dale! ¡La ETA!―.

Como todo el mundo sabe, además, todos estos gobiernos, el de Estados Unidos, el del Reino Unido, el de Francia, Bélgica, Portugal, Marruecos, Arabia Saudí, etc son conocidos por su socialismo y comunismo militante, así que tiene todo el sentido que quisieran poner, incluso matando a doscientas personas inocentes, un pelele que vendiera a España a Stalin, Pol Pot y todos los grandes malvados de la historia.

El asunto, como decía, a vece me hace sonreir de lo absurdo que es, pero la risa se me pasa cuando veo cualquier informativo actual y veo que ese tipo de prácticas desinformadoras y teorías se han extendido. Con el agravante de que en aquel momento sólo había un bulo que se desmentía continuamente, pero ahora son tantos que ya no da tiempo a desmentirlos todos.

El ex Ministro del Interior, Ángel Acebes, con la escenografía con banderita y crespón negro incluido que montaron para sus comparecencias en las que una y otra vez insistía en la autoría de ETA, a pesar de todas las evidencias en contra que iban apareciendo.

1 COMENTARIO

  1. Los atentados Yihadistas del 11 de marzo de 2004, al ser cometidos tres días antes de las elecciones generales, levantaron polémica sobre su autoría.
    Sólo hay que buscar en internet para encontrar explicaciones sobre cómo sucedieron los hechos y sobre las mentiras que se contaron y creyeron muchos ciudadanos. Las hay para todos los gustos. Desde el principio quisieron que la gente creyeran que los atentados los había cometido la banda terrorista ETA.
    Pedro J Ramírez, Casimiro García Abadillo y Federico Jiménez Losantos, con mentiras y medias verdades, acusaron a policías, jueces y fiscales de conspirar para encubrir a terroristas (por ejemplo, «Informe ácido bórico», 2006). Ignorando y despreciando las sentencias de Audiencia Nacional (2007) y Tribunal Supremo (2008), dividieron a las victimas y causaron la crispación social y política cuyas secuelas aún están presentes.
    Aún, en junio de 2009, estos periodistas seguían insistiendo en la autoría de la banda criminal ETA con la promoción del libro «Titadyn» (dinamita utilizada por ETA). Casimiro García Abadillo lo prologó con una extensa recopilación de las “teorías” y las especulaciones que ellos habían inventado y difundido.
    En el 20 aniversario ha habido suficientes explicaciones de jueces, fiscales y policías de cómo se produjeron los hechos y sus investigaciones.
    Existen libros interesantes:
    — «Las Bombas del 11-M. Relato de los hechos en primera persona». (Amazon 2014) del que fuera jefe de los TEDAX, comisario Sánchez Manzano. Acceso GRATUITO en biblioteca digital universitaria Dialnet.
    — “Voces del 11-M: Víctimas de la mentira», Víctor Sampedro publicado en 2024, con motivo del 20º aniversario. Editado por Planeta
    — «11-M. Pudo evitarse», Fernando Reinares, recientemente publicado. Editorial: Galaxia Gutenberg.
    En el 2022 se estrenó un documental en Netflix, “11 M (2022)”, muy interesante e ilustrativa, con la intervención de victimas, jueces, fiscales, policías, bomberos, servicios sanitarios, periodistas, políticos, ….

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