Karl Rove, el Maquiavelo de Washington

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Hay personajes de la Historia que permanecen ocultos o semi desconocidos tras la bambalinas de la política, uno de ellos es el neocon Karl Rove. Consejero mayor (senior) y principal estratega político de confianza del presidente George W. Bush, sin que siquiera figurase en el organigrama de la Casa Blanca formó parte del círculo áulico junto a Joe Allbaugh, jefe de Gabinete, y Karen Hughes, jefe de Prensa de la Casa Blanca, el llamado «triángulo de acero».

Eminencia gris

Su figura nos retrotrae a aquel «Père Joseph», de la orden capuchina, consejero para todo, de destreza en la intriga e influencia en la sombra del Cardenal Richelieu sobre el que escribió Aldous Huxley su libro “Eminencia gris”.

La figura de Rove pertenece a la clase de personajes políticos estadounidenses neoconservadores, producto de la convergencia de las agendas neoconservadoras. Este neoconservadurismo es una ideología fundamentalista bipartidista (republicanos y demócratas). Los académicos-burócratas bajo la denominación de neocons fueron inspiradores ideológicos, junto al complejo militar industrial estadounidense estaban intrínsecamente relacionados a través de sus intereses compartidos en la política exterior y la defensa nacional. Forman parte del  Estado profundo (deep state) grupo de funcionarios gubernamentales, asesores presidenciales y militares.

Señalado por todos como el arquitecto de las victorias republicanas de George W. Bush en 2000 y 2004, el “Boy Genius» de Bush, se le considera cuidadoso del detalle, omnipresente y a la vez casi invisible para dirigir desde la sombra el Estado Mayor de George W. Bush. Detrás de todo líder, hay un hábil consultor de imagen, un profesional calificado del marketing político, cínico como Nixon, sin demasiados escrúpulos para controlar el Partido Republicano y la Administración. Venera los sondeos y tiene un sentido instrumental de los hechos (especialmente de los atentados del 11-S). Su objetivo claro: convencer a los estadounidenses de George W. Bush era el presidente que mejor podía defender a EEUU del terrorismo internacional.

Cursó muchas universidades pero nunca logró salir de una de ellas con un título universitario. Rove fue quien impulsó la candidatura de George W. en 1995, cuando afirmó que éste podía ser un presidenciable. Después de las elecciones presidenciales, en noviembre de 2000, fue quien ayudó al dudoso ‘racconto’ de votos en el estado de Florida que llevó a Bush a la Casa Blanca. En enero de 2001, Bush lo designó asesor «senior» del Presidente.

Fue quien buscó a Arnold Schwarzenegger para que se postulara a la gobernación en California, en la hipótesis de que así mejoraron las posibilidades de la reelección de Bush. Una de sus estrategias fue ligar a Bush a la derecha cristiana (la Christian Coalition), utilizando la trilogía «Dios, Familia y Patria», el autor de los discursos de Bush fue Michael Gerson, un cristiano fundamentalista que se encargaba de que nunca faltasen referencias a Dios y a la Biblia.

Sus argumentos, cayeron como agua de mayo en las filas del conservadurismo norteamericano, levantó las iras de los demócratas cuando aseguraba que, mientras los conservadores declaraban la guerra al terrorismo, los demócratas ofrecían terapia y comprensión a los terroristas, la misma traslación del recitado de Aznar, el otro integrante del trío de las Azores, sobre  el terrorismo y sus causas desmembramiento de la patria.

Lluis Bassets lo denomina “fabricante de realidades”. Lo que Henry Kissinger fue para Richard Nixon fue Karl Rove para George W. Bush, mientras que Kissinger, un intelectual con enorme conocimiento y sentido de la historia, que dejó su huella en los grandes cambios en el tablero internacional que se produjeron mientras fue secretario de Estado: golpe de estado contra Allende, apertura diplomática hacia China, la firma del tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y el final de la guerra de Vietnam, por contra Rove destacó por su capacidad para organizar campañas electorales, establecer estrategias persuasivas para imponer puntos de vista de difícil aceptación y, finalmente, moldear la opinión pública a través de la manipulación de los medios de comunicación.  Si uno fue un genio de la diplomacia, el otro fue un director de marketing político entre bastidores.

Rove es un malabarista de falsedades, la decisión de Bush de demonizar a Saddam Hussein fue una estrategia de fake news para que Saddam fuera un enemigo más «vendible» que Osama bin Laden, un agudo olfato para conformar el imaginario colectivo, Joseph Goebbels, el principal propagandista del Tercer Reich, creía en el poder de la mentira: cuanto mayor es la mentira, mayor es el poder, no en vano Joseph Nye[1] nos remite a la idea que, a la larga, una superpotencia no puede mantener su condición si no se apoya en su poder fuerte de convicción.

El presidente George W. Bush, el vicepresidente Dick Cheney y sus acólitos Lewis “Scooter” Libby y Karl Rove querían desesperadamente ir a la guerra contra Irak. La administración Bush montó una intensa campaña de seis meses para asegurarse de que la CIA y la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) presentaran “pruebas” de armas de destrucción masiva, y luego se aseguró de que actores como la asesora de seguridad nacional Condoleeza Rice y el secretario de estado Colin Powell repitieran como loros la gran mentira de la administración al público estadounidense y a la comunidad internacional.

La inquietante filosofía que subyace al intervencionismo neoconservador.

Jugó un papel principal en el período previo a la guerra de Irak. En 2002 y 2003, Rove presidió reuniones del WHIG

(Grupo de la Casa Blanca sobre Irak), establecido en agosto de 2002, ocho meses antes de la invasión de Irak de 2003. El WHIG fue encargado de desarrollar una estrategia «para dar publicidad a la afirmación de la Casa Blanca de que Saddam Hussein representaba una amenaza para los EEUU”. El grupo impulsó narrativas dentro de la administración sobre el régimen de Hussein que resultaron ser falsas, que poseía armas de destrucción masiva (el régimen no tenía un programa activo de armas de destrucción masiva) y sus vínculos con el terrorismo internacional (el régimen de Hussein no tenía una relación operativa con al-Qaeda).

El plan de Rove era filtrar información de inteligencia no corroborada y errónea (proporcionada por el desertor iraquí Ahmad Chalabi y sus secuaces) a la prensa y luego ofrecer una confirmación autorizada de la Casa Blanca de la información filtrada. La Casa Blanca eligió a Judith Miller, del New York Times, como la principal destinataria de estas filtraciones. Miller publicó un artículo en primera plana en el The New York Times el 8 de septiembre de 2002, citando a funcionarios de la administración que afirmaban que Saddam había adquirido tubos de aluminio “diseñados específicamente” para enriquecer uranio. El mismo día, el vicepresidente Cheney dijo a “Meet the Press” NBC que “Sabemos con absoluta certeza que Saddam está utilizando sus capacidades técnicas y comerciales para adquirir el material necesario para enriquecer uranio con el fin de construir armas nucleares«.

“Siempre habrá cierta incertidumbre sobre la rapidez con la que [Saddam Hussein] podrá adquirir armas nucleares, pero no queremos que la prueba irrefutable sea una nube de humo.»— Condoleezza Rice, asesora de seguridad nacional, CNN, 8/9/02

«El intento iraquí de adquirir uranio es una prueba de sus ambiciones nucleares.»—El Secretario de Estado Colin Powell, audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, 26/9/02

«El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein recientemente buscó cantidades significativas de uranio en África.»—Presidente George Bush, 28/1/03, discurso sobre el Estado de la Unión

«Mis colegas, cada declaración que hago hoy está respaldada por fuentes, fuentes sólidas… Saddam Hussein ya posee dos de los tres componentes clave necesarios para construir una bomba nuclear.»—Secretario de Estado Colin Powell, 5/2/03, discurso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

 Cuatro días después, el presidente Bush llevó la afirmación de los tubos de aluminio a la Asamblea General de la ONU. El tema fue central para el discurso del Secretario de Estado Powell en la ONU en febrero de 2003.

         A Rove se le atribuye una cita que Ron Suskind, autor de “El precio de la lealtad. George W. Bush, la Casa Blanca y la educación de Paul O’Neill «. Una anécdota iluminadora sobre un determinado asesor de Bush, que bien pudiera ser el propio Rove, así lo detalla: “El asesor me dijo que tipos como yo estaban en lo que llamamos la comunidad basada en la realidad, que él definió como la gente que cree que las soluciones proceden del estudio racional que hacéis de la realidad aparente”

“Asentí y murmuré algo sobre los principios de la ilustración y el empirismo. Me cortó rápidamente”. «Así ya no funciona el mundo. Ahora somos un imperio y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras vosotros estudiáis esa realidad, de forma racional, nosotros actuamos de nuevo creando otras realidades, que también podéis estudiar, y así es como son las cosas. Somos protagonistas de la historia, y vosotros, todos vosotros, os quedaréis ahí estudiando lo que nosotros hagamos»


[1] Nye, Joseph (2003): “The Paradox of AmericanPower: Why the World’s Only Superpower Can’t Go It Alone”  Oxford University Press

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