El asalto al Palacio de Invierno

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Una noche del 7 al 8 de noviembre como la de hoy, según el calendario juliano, pero del año 1917 tenía lugar uno de los episodios principales que marcaba el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el asalto al Palacio de Invierno.

En aquel palacio se situaba la sede del Gobierno Provisional de Kerenski, en la ciudad de Petrogrado, entonces capital de Rusia. Unos disparos de los cañones del crucero Aurora fueron la señal para el asalto. El resultado de la maniobra, tal como había previsto Lenin -quien había señalado la necesidad de no demorar la toma del poder bajo el riesgo de perder todo lo logrado-, fue un éxito.

El edificio del Instituto Smolny, antes academia de educación de doncellas nobles, era elegido por Lenin como sede del nuevo gobierno, esta vez revolucionario. Desde este instituto (representado en el cuadro de Vladimir Serov que ilustra esta entrada) se proclamaba el poder soviético.

La resolución tomada por Lenin no fue un arrebato aislado ni espontáneo, era el resultado de años de estudio teórico y de preparación de la conciencia a través de las asambleas obreras, los soviets. 

Meses antes, la revolución burguesa de febrero derrocaba al Zar tras masivas protestas populares, reprimidas con extrema violencia, huelgas y levantamientos militares que acabaron en insurrección. En los inicios de 1917 Rusia seguía teniendo un papel activo en la guerra aunque era un país depauperado, arruinado y al borde de la crisis. La clase trabajadora de Rusia era diezmada por las bajas en la guerra y era una población en su mayoría analfabeta y de una pobreza extrema.

Dos meses después del levantamiento de febrero, el diario Pravda publicaba las Tesis de Abril. Estas tesis, contenidas y explicadas en el texto Las tareas del proletariado en nuestra revolución, trazaban el plan general de lucha para pasar de la revolución democrático burguesa a la revolución socialista.

«La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado» (1).

Esto es, observando las experiencias de la Comuna de París y de la revolución rusa de 1905, Lenin desarrolló las teorías marxistas para establecer una estrategia en la evolución de la organización obrera que permitiera valorar los momentos y las condiciones para llevar las insurrecciones de las masas hacia la revolución socialista, de manera que su resultado fuese exitoso.

La observación material de las circunstancias, desarrollo científico obtenido a través del estudio minucioso que Lenin había logrado desarrollando las teorías del materialismo histórico, le llevaron a determinar una serie de tareas fundamentales (fusión de todos los bancos en un único banco nacional, someter a los soviets la producción y distribución de los bienes, nacionalización de las tierras) con las cuales era posible vencer las desconfianzas de los obreros y desenmascarar el papel conciliador de los mencheviques.

Tras ser aplastada la sublevación de Kornilov, los bolcheviques eran ya mayoría en los soviets de las ciudades más importantes del país. Las masas ya contemplaban con total confianza a los partidarios de Lenin. En los albores de noviembre, las cartas enviadas a los comités de Petrogrado y Moscú, transmitían un mensaje sin tapujos: los bolcheviques deben tomar el poder (2).

Lenin advertía que la burguesía preparaba la entrega de Petrogrado a los alemanes, remedo grotesco de la Comuna, y se disponía a traicionar a su pueblo con tal de conservar el poder. «La historia no nos perdonará si no tomamos ahora el poder» (3).

Finalmente, el diario Rabochi y Soldat publicaba la mañana siguiente al asalto: «¡A los ciudadanos de Rusia! El Gobierno Provisional ha sido derribado (…) Los objetivos por los que ha luchado el pueblo -la propuesta de una paz democrática, la abolición de la propiedad agraria, el control obrero de la producción y un Gobierno soviético, están asegurados. ¡Viva la Revolución de los obreros, soldados y campesinos!».

A este respecto, es interesante acudir a los pensamientos de Grigory Lukacs sobre la figura de Lenin: 

«El materialismo histórico es la teoría de la revolución proletaria y su esencia constituye el resumen conceptual de ese ser social que produce al proletariado, que determina la existencia entera del proletariado; lo es porque el proletariado que lucha por su liberación encuentra en él una clara conciencia de sí mismo. La grandeza de un pensador proletario, de un representante del materialismo histórico, se mide en consecuencia por la profundidad y la envergadura de su visión de estos problemas.»

«Lenin fue capaz de hacer de este conocimiento el hilo conductor, seguro para regular todas las cuestiones del día, tanto las cuestiones políticas como las económicas, tanto las teóricas como las tácticas, las de agitación y las de organización» (4).


(1) Las tareas del proletariado en la presente revolución, tesis número dos del texto leído por Lenin a los bolcheviques.

(2) Carta a los miembros del Comité Central, Lenin, 6 de noviembre de 1917: «Es necesario a todo trance detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes. ¡No se puede esperar! ¡Nos exponemos a perderlo todo!».

(3) Los bolcheviques deben tomar el poder, carta de Lenin al Comité Central del 25 de septiembre.

(4) Lukacs, Lenin, 1924.

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