Sí pero no, atacar cuadros no soluciona el cambio climático

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Mark Fisher, en su libro, El realismo capitalista, habla de que el capitalismo neocon ha transmitido, brillantemente, a los jóvenes (y no tan jovenes, aunque es a la juventud a la que apela este artículo) la idea de que no existe alternativa al capitalismo salvaje en que estamos inmersos. Esta ha sido, en realidad, una profecía autocumplida ya que el espíritu joven, al entender que no había alternativa posible a la realidad material que estaban viviendo, no ha hecho, a su vez, absolutamente nada para cambiarla. Desde los tiempos de Margaret Thatcher se ha extendido la idea de la inevitabilidad de todo lo que nos pasa. Pero fue con la crisis del 2008 cuando se descubrió de qué iba el asunto. La dialéctica de Thatcher negando la sociedad (la sociedad no existe, solo el individuo), para acabar así con los subsidios y las ayudas, y de paso cerrar las minas; se transformó en el uso de ingentes cantidades de dinero para salvar a los grandes bancos y fondos de inversión. O sea, que al pobre no se le quiere salvar pero sí al rico. ¡Cosas veredes! Tengamos esto en cuenta para lo que sigue.

En fin, el motivo de este artículo es la epidemia de ataques a cuadros en los museos de todo el mundo. Ataque al Arte con mayúsculas. El Arte, como actividad y producto realizado con una finalidad estética y comunicativa, expresa ideas y emociones, una visión del mundo que lo produjo y, como tal, tiene un contexto y una explicación. Es, pues, nuestra memoria colectiva. El leitmotiv que se esgrime en estos ataques es la defensa del medio ambiente. ¿Qué tienen en común todos estos ataques? Que son perpetrados por jóvenes activistas que luchan a favor del medio ambiente. Entonces, como activistas y gentes de izquierda, ¿tendríamos que estar contentos con que la juventud esté, al fin, tomando partido en causas justas? Pues sí, pero NO. La razón es compleja pero voy a tratar de explicarla. 

En primer lugar no es cierto que la juventud no esté tomando partido, lo están haciendo en multitud de campos, y es quizá, esa diseminación de la fuerza juvenil lo que insignifica, empequeñece o invisibiliza su efecto real sobre el cambio efectivo de paradigma. Es, no obstante, fruto del mundo posmoderno en que vivimos donde la individualización de la sociedad ha actuado también sobre las causas sociales y políticas minimizando sus posibles efectos positivos. Encontramos así multitud de luchas, todas tan pequeñas que dificultan la posibilidad real de cambiar nada. Solo existen dos grandes luchas, la feminista y la ecologista aunque ambas tienen divisiones internas importantes que impiden su avance. Las feministas, tras una muestra impresionante de fuerza en el 2018 y 2019, han visto cómo la cuña del mundo Queer ha dividido sus fuerzas y ha destruido desde dentro el movimiento más emancipador de la última década. Algo similar ocurre con el mundo ecologista donde grandes figuras mediáticas y mediatizadas han venido a destruir consensos y a acaparar gran atención por parte de los medios de comunicación dejando huérfanos a muchos activistas.

La cuestión principal es saber si la acción directa, echar sopa a un cuadro de van Gogh, tirar una tarta a la Gioconda, pegar sus manos con pegamento a los marcos de la maja desnuda y la maja vestida, es efectiva o no. Visualmente hay que decir que sí ya que vivimos en un mundo mediático en que aquello que no sale en la TV o prensa en papel o digital, no existe. En ese sentido todas estas acciones han salido en los medios, pero, ¿Cómo lo han tratado estos medios de comunicación? En el mejor de los casos simplemente ocupan un espacio y las acciones son tratadas como vandalismo. Algunas veces va más allá y se adentran en las causas del cambio climático y se da un cierto, pero estéril, debate. Es decir, son acciones de clickbait, que sirven más para indignarse por la acción que para indignarse por el muy real y peligroso cambio climático. La acción directa va directamente incardinada con la intención de practicar de forma directa la autoorganización y para ello utiliza la huelga, el sabotaje, la resistencia pasiva y diversos medios de desobediencia civil. Sinceramente, en estas acciones no veo nada de ello. Es una foto. Un tuit. Un post. No hay profundidad, no hay capacidad de racionalizar el mensaje. El peligro de repetir constantemente la misma acción en muchos contextos y países diferentes es la atracción hacia la repetición constante de la misma acción con lo cual se pierde el mensaje y ya solo queda el acto en sí. El peligro, además, es que algo salga mal y las obras, que hasta ahora no han sufrido ningún daño, acaben sufriéndolo y se pierda la posibilidad de que esa obra de Arte le sirva a los que vengan detrás de nosotros para recapacitar sobre diversas facetas de la vida. Es decir, le sustraemos la posibilidad a nuestros descendientes de que esas obras de Arte contribuyan a hacer un mejor mundo futuro. 

Pero habrá quien diga que si no solucionamos el problema del cambio climático ahora, entonces no tendremos posibilidad de futuro. No es baladí porque sus efectos ya se están haciendo notar en todo el mundo pero yo les diría que el Arte universal que está siendo perseguido por estos activistas es un fin en sí mismo. No podemos cargarnos el Arte para concienciar sobre el cambio climático, el Arte nos ayuda a concienciarnos, porque entonces nos quedaremos sin Arte y sin planeta. Es preciso, pues, no ponerlo en peligro. 

A su vez pienso que estas acciones carecen de un sentido práctico. ¿Os imagináis la misma acción en una librería? ¿Que unos jóvenes echaran sopa sobre los best sellers del momento y pegaran sus manos sobre las brillantes solapas de los libros más vendidos? ¿Qué sentido tendría? Muchos dirían que qué culpa tienen los libros. Sin embargo, podría darse el caso de que los jóvenes activistas del medio ambiente quisieran representar la excesiva contaminación de las industrias madereras y de transformación de papel aunque casi todas las grandes editoriales ya estén haciendo sus tiradas con papel reciclado. ¿Por qué estas reivindicaciones se dan siempre en el marco del Arte de reconocido prestigio, sobre obras de Da Vinci, van Gogh, Goya o Picasso? ¿Por qué no vemos acciones sobre cuadros más contemporáneos? Creo que es uno de los motivos por los cuales resulta evidente la búsqueda del clickbait por parte de sus organizaciones. Resulta, pues, agradable observar a los jóvenes llevando a cabo acción directa pero yerran constantemente en el medio de llevarlo a cabo. ¿No sería más lógico realizar acciones contra empresas u organismos institucionales directamente implicados en el cambio climático? ¿No resultaría más enojoso para la clase dirigente llevar a cabo estas acciones con el ministro de turno o en las reuniones donde se trata el tema? ¿Sería pertinente una huelga general para paralizar el país por un tema tan acuciante? ¿A quién no le interesa llevarlo a cabo? Creo que a veces se confunde la acción directa con la propaganda por el hecho o propaganda por el acto, esta propaganda busca el impacto de una acción y su eficacia estaría tipificada por la relevancia mediática del hecho en sí, escondiendo las causas y motivos reales por la acción misma. ¿Esta acción está consiguiendo que la mayoría de la población salga de su indiferencia? La respuesta es NO. ¿Obliga a la gente a adoptar posturas distintas para resolver el conflicto? Otra vez la respuesta es NO. 

Para terminar me gustaría especificar quién está detrás de estos ataques a la memoria colectiva. El grupo británico Just Stop Oil es el causante del ataque con sopa al cuadro “Los girasoles” de van Gogh en la National Gallery de Londres, el grupo está financiado por Climate Emergency Fund, fundación de filántropos medioambientales con sede en California, es decir, no se autofinancian, sino que dependen de una “multinacional”. Esto ya nos debe chirriar. La organización, creada en febrero, ha repartido más de 4 millones de dólares entre 39 organizaciones juveniles como Just Stop Oil o Extintion Rebellion o Insulate Britain. ¿Por qué? Veamos quién está detrás. Pues nada menos que Aileen Getty, nieta de John Paul Getty, uno de los hombres más ricos de toda la historia y fundador de Getty Oil Company. En resumen, los jóvenes están siendo utilizados por una empresaria que tiene problemas dentro de su propia matriz empresarial y necesita el favor de la opinión pública para hacerse con su control. Esto está muy lejos de cumplir los objetivos contra el cambio climático. ¿Qué está ocurriendo? Que los jóvenes han sido engañados, y lo han sido porque el capitalismo salvaje ha cercenado su capacidad crítica de tal manera que la acción directa se convierte en sus manos en mero postureo, la reivindicación justa se transforma en necesidad de clickbait, la racionalización, el criticismo, la conciencia activista se mudan en una superficialidad impostada y poco concreta. Se saben famosos pero no se quieren responsables, se sienten con la necesidad de la acción pero no saben para qué. Confunden la belleza material del Arte con la necesidad de un cambio para el que no esperan más que atención mediática. Así es imposible un cambio real, una transformación real. Están perdidos y no les podemos culpar por ello, todo a su alrededor está preparado para que no sean capaces de profundizar en nada. Con lo que, tendremos que estar contentos porque vemos a los jóvenes movilizarse por algo, pero ese movimiento está vacío y hay que llenarlo con teoría política, con historia y con calidez humana. Mucho me temo que carecen de todo lo necesario como para comenzar un cambio real y profundo. Solución: más educación y menos ego.

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