Feministas al Congreso

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El pasado miércoles 24 de marzo se lanzó un llamamiento a las mujeres titulado Feministas al Congreso. Este llamamiento ha creado un revuelo y unas suspicacias que me llevan a explicar por qué mi firma aparece en ese llamamiento y contar un poco cómo se ha gestado esta aventura.

Hace tiempo que las feministas venimos mostrando en las redes sociales que nos sentimos huérfanas en lo electoral, que nos sentimos traicionadas por los partidos que están ocupando el Congreso en la actualidad y que estamos hartas de que el Feminismo se use en todas las campañas electorales, presentándose todos los partidos de izquierdas como los más feministas y luego todos, absolutamente todos, releguen la agenda feminista porque siempre hay cosas más urgentes y prioritarias (las mujeres somos la mitad, pero eso no importa). En la actualidad hasta tenemos un Ministerio de Igualdad claramente antifeminista y hasta antimujeres, cosa que ha multiplicado nuestra indignación y nuestra rabia.

Las feministas españolas llevamos décadas practicando la doble militancia, defendiendo que el Feminismo tenía que tener patas en todos los lugares y llevamos décadas en asociaciones y detrás de la pancarta. No minusvaloro, para nada, el trabajo hecho por muchísimas compañeras en todos esos ámbitos, en absoluto.

Ahora bien, el hartazgo de muchas mujeres es algo más que palpable y es necesario transformar ese hartazgo en propuesta. Este hartazgo no ha nacido en unos meses, sino que lleva gestándose en todas, individualmente, muchos años. Ya lo escribía Nuria Varela en su libro Cansadas y lo resumía a la perfección en la frase “estamos cansadas de estar cansadas”. He visto este hartazgo en todos los grupos en los que me han ido metiendo durante los últimos 4 o 5 años (grupos de whatsapp, telegram, twitter, facebook…) donde me he encontrado con mujeres que reflexionaban sobre la necesidad de dar el paso a la política organizada (el Feminismo es político, siempre lo ha sido, porque pretende transformar el mundo y plantea otro mundo posible por el que merece la pena luchar para hacerlo realidad).

Volvíamos a repetir debates que tuvieron nuestras mayores sobre si era mejor la doble militancia (meternos en los partidos existentes para incidir en ellos y llevar la perspectiva feminista a la política, sin abandonar nunca, por supuesto, la militancia feminista) o si era mejor acercarnos a los partidos feministas ya existentes (Partido Feminista de España o Iniciativa Feminista). Durante estos años, cada una de esas mujeres que expresó la necesidad de dar el paso a la política, a la lucha electoral, ha ido tomando sus decisiones y acercándose al ámbito que ha creído más eficaz para lograr el fin que todas perseguimos: que se legisle teniendo en cuenta los intereses de las mujeres, que somos la mitad. En esas tomas de decisión personales ha habido encuentros y desencuentros entre nosotras, idas y venidas a un sitio y otro y sensación en muchas de estar viviendo algo que requería por nuestra parte mayor implicación personal, porque los tiempos muestran que el mundo sigue siendo más difícil para nosotras, las mujeres.

Así las cosas, llegamos al que han calificado como el Gobierno más progresista y feminista de la historia y nos encontramos con un Ministerio de Igualdad que se marca como objetivo una ley que convierte en identidad lo que durante siglos nos ha oprimido a las mujeres y que pretende convertir en odio todo lo relacionado con nuestros cuerpos. Si durante siglos se nos ha excluido de la esfera pública, ahora se quiere tildar como transfobia el poder hablar de nuestros cuerpos. En esta tropelía están colaborando todos los partidos políticos: los que están en el Gobierno UP y PSOE porque este Ministerio forma parte de este Gobierno (no es un ente aislado) y los demás, como Más Madrid, Bildu, ERC o Compromís porque atendiendo a las demandas del colectivo trans e ignorando a las mujeres han registrado esta ley contra la que llevamos años luchando las feministas. Esta lucha no es nacional y las españolas estamos intentando frenar esta aberración porque las compañeras británicas, canadienses o suecas nos han mostrado el sinsentido de esta ley y todo lo que a ellas les está suponiendo: el retroceso de los derechos que las mujeres habíamos conseguido y todos los perjuicios que conlleva esta locura para la infancia y la adolescencia (vean los documentales sobre detransiciones de la BBC o de la televisión sueca, por favor).

Llevamos años, especialmente desde el verano, manifestando que nos sentimos abandonadas por los partidos. Hemos gritado que el #FeminismoNoVotaMisoginia, la abstención ha subido en las elecciones gallegas y vascas y en las más recientes catalanas y estamos convencidas de que hay una lectura feminista de esta abstención, aunque es imposible poder poner nombre a la abstención por propia definición. Los partidos que se dicen de izquierdas, donde nos consta que hay feministas dando la batalla interna y encontrándose con mil impedimentos, han ignorado este grito. Las militantes feministas han ido abandonado esos partidos y explicando que se iban por la deriva queer, es decir, antifeminista de sus partidos (ahí están los últimos manifiestos de las mujeres de Podemos y de las mujeres de IU, que están costando expulsiones de los dos partidos); la tensión dentro del PSOE entre el lobby trans y las feministas ya es imposible esconderla (y todo apunta que no van ganando precisamente las feministas a tenor de la inclusión en la candidatura para las elecciones de Madrid del vicepresidente de COGAM –asociación que defiende el alquiler de vientres, que reparte premios a feministas por “transfobia” y que defiende el borrado jurídico de las mujeres–) y hasta el comité organizador del  8M vetó a las abolicionistas poder manifestarse como tales desde el año 2017 en el Día Internacional de la Mujer. Es decir, el silenciamiento de las feministas, porque el Feminismo es abolicionista desde que nació y abolicionista de todo, a pesar de que ahora todo el mundo diga ser feminista y de que parezca que está de “moda” serlo; el silenciamiento de las feministas (como decía) es mayor que nunca, aunque las apariencias muestren lo contrario.

Por esta razón, mujeres muy diferentes, con edades y profesiones variadas, trayectorias políticas heterogéneas y hasta con desigual proyección pública nos hemos encontrado en la necesidad de dar un paso al frente. La aventura que iniciamos es difícil, tendremos todo en contra, dirán que hemos dicho lo que no hemos dicho y nos endilgarán motivaciones que no son las que nos han traído hasta este llamamiento. A pesar de todo, el lanzamiento ha generado una expectación muy importante, un respaldo de más de 1000 mujeres (500 de las cuales están deseosas de militar en este proyecto) y nos ha reafirmado en nuestro objetivo: es prioritario y urgente poner la agenda feminista en el Congreso y hacerlo por y para las mujeres.

Está todo por hacer y construir. El grupo promotor solo recogerá esta inquietud que tantas de nosotras tenemos y le dará la forma necesaria para que todas las que hemos respondido podamos empezar a construir lo que todas anhelamos: poder votar con alegría y con esperanza. Ninguna de nosotras ignora que la batalla electoral no es la única (ni siquiera la más importante) pero sí es la batalla que el Movimiento Feminista ha relegado más y dado que hasta los partidos que se dicen de izquierdas también nos han abandonado, no nos queda más remedio que hacerlo nosotras mismas. En eso estamos, construyendo una opción electoral que priorice (no que reniegue o que abandone, simplemente que priorice): la ampliación de la Ley contra la Violencia de Género en una Ley contra la Violencia Machista, la puesta en práctica de todo lo que está pendiente de la Ley de Igualdad de 2007, legislar para que en los juzgados nunca más se aplique ese Síndrome que inventó un pedófilo y por el que tantas madres han perdido la custodia de sus hijos o hijas, acabar con la custodia compartida impuesta que se ha convertido en norma en los juzgados de familia y que trata como iguales situaciones desiguales, la precariedad laboral (que afecta a las mujeres más que a nadie), las pensiones (donde la brecha es aplastante), retirar la instrucción de 2010 que permite registrar bebés que han nacido en el extranjero por la explotación del cuerpo de una mujer empobrecida y legislar para abolir la prostitución en nuestro país (que se ha convertido en el país europeo con más prostíbulos y el tercero del mundo).

El cuerpo de las mujeres es la última frontera que le queda por derribar al capitalismo, sistema económico que se sustenta sobre la ideología neoliberal que es la hegemónica en la actualidad y contra ella y contra el Patriarcado (que se refuerza gracias al capitalismo) venimos a luchar. No nos lo van a poner fácil, somos conscientes, pero estamos dispuestas a intentarlo. Solas, aisladas y atomizadas nos quiere el sistema porque sabe que juntas y organizadas somos imparables. De momento, hemos lanzado el llamamiento y muchísimas mujeres han respondido. Iremos contestando a todas, pero por favor, calma y paciencia porque las prisas nunca son buenas consejeras.

Las feministas hemos llenado calles, tumbado ministros y cambiando la mentalidad de este país poco a poco. Es hora de ocupar los escaños del Congreso priorizando la agenda feminista a cualquier otra cosa. Clara Campoamor es nuestro ejemplo y nuestras hijas requieren que nos atrevamos a poner sobre la mesa los intereses de la mitad de la población: las mujeres. Se hace camino al andar. Seguimos y seguiremos.

Formulario de adhesión al manifiesto

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