El emperador está desnudo

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Sonia Gómez Menéndez, Confluencia Movimiento Feminista.

“Esta no es una charla sobre feminismo, es una charla sobre la crisis de la civilización. Es la primera vez que siento que este barco nos lleva a todas y todos, a mujeres y hombres, a un naufragio. Ese barco nos lleva a todos a la deshumanización, al transhumanismo. Es la primera vez que siento que los temas que nos ocupan no son más que una cortina de humo que nos está distrayendo de algo mucho más importante y tremendo que no estamos percibiendo”. Así, valientemente, dio inicio a su ponencia Victoria Sendón de León, en la Mesa Redonda «Recuperemos la Agenda Feminista», que Confluencia Movimiento Feminista organizó el pasado 3 de marzo para conmemorar el Día de la Mujer.

Permítanme que les transmita y comparta la emoción que se vivió en el acto, en el que todas, referentas, anónimas y mindundis, tuvieron el valor de decir sin tapujos que el emperador está desnudo. Tuvieron la osadía de señalar, con nombres y apellidos, a quienes mueven los hilos de esta barbarie neoliberalista posmoderna cuyo único fin es el control absoluto de la población mundial: la Big Pharma, el Big Data, la Inteligencia Artificial…, con la complicidad y el aval de la ONU y cientos de organismos internacionales, incluyendo la Unión Europea, y cada vez más gobiernos en el mundo. Nada nuevo, poderoso caballero don dinero, pero sí mucho más grande.

En sus ponencias no hubo academicismos, ni peroratas ni vueltas de tuerca. En todo momento se llamó al pan, pan y al vino, vino. Y eso constituye un hecho histórico y valiente en nuestro país, en donde los tentáculos del transactivismo queer han alcanzado a todas las esferas de poder (incluyendo, cómo no, el mediático) y pocos son, en España y el mundo, quienes se atreven a revelar dos verdades incontestables: el sexo es inmutable y la agenda queer incluye, además de un ataque frontal a las mujeres y nuestros hijos, como bien advirtió Sendón, “algo mucho más importante que nos estamos perdiendo”. ¿De verdad que a nadie extraña que un movimiento nuevo y desconocido, de repente, esté en el número 1 de la agenda internacional? ¿Nadie sospecha cuando el primer decreto que firma Joe Biden al ser nombrado presidente de EEE, y tras cuatro años de trumpismo, sea precisamente el que permitirá que los hombres invadan el deporte femenino y lo fagociten?

“El transhumanismo es el verdadero enemigo –coincidió Amelia Valcárcel–, y el feminismo ha hecho suya la lucha en su contra por razones éticas, porque quienes tendrían que estar poniendo el grito donde lo que hay que poner no lo hacen”. Así, una vez más, al feminismo le toca asumir una agenda sobrevenida en defensa de los Derechos Humanos y contra las esclavitudes modernas, “como ya lo ha hecho en otras muchas ocasiones, como es el caso de la lucha por los derechos de los homosexuales, a la que siempre hemos acompañado”.

“Se es feminista o no se es. Y cuando se es feminista, se sabe cuál es la agenda feminista”, sentenció Valcárcel, y ante la pregunta sobre la actuación de Irene Montero al frente del Ministerio de Igualdad: “¿Pero hay alguien al frente del Ministerio de Igualdad? Yo no tengo esa impresión. Es muy difícil tomarse en serio a personas que no se toman en serio a ellas mismas”.

Ambas, como es evidente, se referían a la amenaza que supone el batiburrillo queer para las mujeres y la infancia. Infancia que está siendo impunemente utilizada para despertar las simpatías de la ciudadanía. Infancia que es expuesta un día tras otro en redes, medios y parlamentos sin que el Defensor del Menor diga una sola palabra. ¿De verdad alguien se cree que una criatura de tres años es capaz de verbalizar de qué sexo se siente? ¿por qué entonces nos lo seguimos tragando sin chistar? Es absolutamente inconcebible que desde prácticamente todas las tribunas se esté dando pábulo a lo que ellos llaman “infancias trans”.

“Infancias trans” que la psicóloga Cruz Torrijos desmontó al decir alto y claro que “no existen”, debido a que la disforia remite en hasta el 90% de los casos al llegar a pubertad. Y se pregunta: “¿Con qué fin se está haciendo márketing publicitario hasta en las escuelas e institutos induciendo a nuestros hijos a pensar que quizás puedan ser trans porque no siguen los estereotipos fijados sobre cómo deben comportarse los niños y las niñas? ¿Por qué hacen propaganda de un problema que puede llegar a comprometer su salud?, ¿por qué lo visten de brillantina y de unicornios como si se tratara del festival infantil de la canción?”.

Preguntas que se suman a la que hace la escritora Laura Freixas: “¿Cómo ha llegado esta nueva ideología transactivista y ha arrasado con una facilidad asombrosa cuando el feminismo lleva siglos luchando por visibilizar a las mujeres sin ser escuchado?”. A lo que ella misma responde: “Yo creo que lo que pasa es que es lo mismo de siempre con otra cara. Se trata de la suplantación de las mujeres. El transfemenino es quien quiere suplantar a las mujeres y decirnos cómo tenemos que ser, y quien encarna este ideal masculino que sustituye a las mujeres reales que siempre se ha querido imponer por parte del Patriarcado”.

El feminismo está solo en esta lucha, y lo sabe. El transactivismo ha logrado infundir el miedo a expresarse, y no es de extrañar, pues no son pocos los caso de mujeres y hombres que han sido despedidos de sus puestos de trabajo y condenados al ostracismo en los países en que ya funcionan las leyes de autodeterminación por mostrarse críticos con esta ideología. Por ello, todas echan en falta otras voces. “Lo que más me duele es el silencio de los colegios profesionales médicos, que están esperando a ver qué nos pasa a las feministas antes de decir nada ellos”, sentencia Valcárcel.

Pero ninguna de las cinco mujeres que componen la mesa (ni las demás mujeres que conformamos el feminismo internacional) piensa que esto sea casual o inocente, que no haya intereses ocultos (y no tan ocultos), y todas están de acuerdo en afirmar que forma parte de un plan programado que va de la mano de la legalización de la prostitución y la maternidad subrogada.

No en vano, según contó la profesora de Instituto Alexandra Paniagua en su exposición, “en los últimos años, en diferentes comunidades autónomas, y, más recientemente, en el propio Ministerio de Igualdad, se intenta normalizar el consumo de la pornografía, se intenta normalizar la explotación sexual como trabajo, se intenta normalizar el tráfico de bebés y la explotación reproductiva de las mujeres como ‘método de reproducción asistida’. Y en sus guías para alumnos y profesorado, venden como deseables las supuestas identidades trans a sus hijos e hijas, convirtiéndolos en consumidores de por vida de la Big Pharma”.

Freixas también se pronunció en este sentido al apuntar que “empleando un lenguaje que deshumaniza a las mujeres y las llama personas gestantes, lo que favorece que esta imagen de las mujeres retroceda con el fin de ser cuerpos que pueden alquilar sus vientres o prostituirse. No se puede decir mujer, hay que decir personas menstruantes, con vagina, que sangran… En el fondo, bajo esta apariencia transgresora, es lo de siempre”.

Sendón fue más allá al asegurar que “el transactivismo ha entrado como elefante en una cacharrería y no solo pretende destruir al feminismo, sino también a las mujeres, a nosotras, que los hemos parido… se ha convertido en el flautista de Hamelín que entra en las aulas y nos arrebata a nuestros niños y niñas con la melodía del generismo”. Y no le tembló la voz al afirmar que lo peor no es que muchos gobiernos e instituciones se hayan unido a esta locura, “lo peor es que la propia ONU la fomenta, la alienta y la ampara”, institución a la que definió como “ese organismo mundial conchabado con la Big Pharma, el Big Data, la Inteligencia Artificial y los ‘filántropos’ depredadores”.

Y lo sentencó Amelia Valcárcel al declarar sin tapujos que detrás del transactivismo están “ricos enormes que se hacen amos de instituciones internacionales, las hacen suyas a su capricho y un ejemplo claro es la ONU”. Mostrándose categórica al afirmar: “El feminismo no tiene nada que ver con el transactivismo, no se le parece en nada, sin embargo, el discurso queer es una deriva del feminismo, de las victorias sociales que el feminismo ha logrado. Pretende suplantar al feminismo para evitar el resto de la agenda feminista consensuada (que está paralizada desde Pekín) y desactivar así la lucha, al convertirla en una suma de individuos: cada individuo es un mundo, cada individuo vive su sexualidad de una manera absolutamente propia… y toda lucha se acaba si se convierte en una suma de individuos”.

Y en este desmantelamiento de las luchas colectivas, que se inició hace ya algunos años al desactivar a la “clase obrera”, el feminismo, las mujeres, es sin duda el siguiente enemigo a abatir, quizás porque se ha convertido en la vanguardia de las luchas, en prácticamente el único movimiento que sigue vivo. “La palabra mujer ya está maldita, está estigmatizada, salvo para decir, ‘las mujeres trans somos mujeres’. Pero no les vamos a regalar nuestra identidad de mujeres”, concluyó Sendón.

La hipersexualización infantil es otra de las aristas de esta ideología a la que está expuesta la infancia sin que nadie parezca hacer nada para detenerlo, otra cara de la misma moneda. “La sobreexposición de los menores de edad en las redes sociales y a las redes sociales provoca el rápido contagio de actitudes o prácticas que ponen en riesgo su integridad”, indicó Paniagua, y continuó: “Varios estudios sitúan los primeros acercamientos a la pornografía a los 8 años de edad. En los varones, el consumo se estabiliza a los 13 años, mantienen una prevalencia de este visionado de un mínimo del 30%, y el 40% de ellos están en riesgo de volverse adictos… Y con ello se normaliza la cultura de la violación”.

En este libre acceso a internet y sus consecuencias también hizo hincapié Cruz Torrijos al apuntar: “Asomarnos a lo que se brinda desde ahí [internet] no es tarea de un rato, es de una envergadura inimaginable. Influencers, youtubers que transicionan y se graban día a día, jaleando la valentía de quienes pre T (tienen su propio lenguaje), es decir, empiezan a inyectarse testosterona, e incluso, en el cúlmen, se hacen dobles mastectomías. Unirse a una comunidad como trans es convertirse en popular instantáneamente, y cuanto más peligrosa sea la acción a lanzar a las redes, más apoyos. El efecto contagio está garantizado”.

El panorama es desolador, pero quizás no todo esté perdido, pues aunque de forma tímida comienzan a surgir voces disidentes, y las consecuencias de las hormonaciones infantiles y las ocultas detransiciones están comenzando a hacerse visibles en países que iniciaron este camino antes que España. El Reino Unido, Suecia y diferentes estados de Estados Unidos (a pesar del “inexplicable” interés de Joe Biden por firmar desde el minuto uno de su presidencia leyes transactivistas) han iniciado diferentes caminos para frenar esta barbarie y reflexionar sobre sus consecuencias. Y mientras, en España, en donde ya se emplean bloqueadores de la pubertad en menores, se recetan hormonas cruzadas y se producen destransiciones, el Ministerio de Igualdad se ha embarcado en una carrera sin freno, como si a la ministra Irene Montero le fuera la vida en ello, para aprobar una ley de la que nadie conoce en realidad su contenido, porque han hecho lo posible por mantenerlo oculto y, tras su salida a la luz, pocos se han molestado en leerlo.

Finalmente, permítanme que pida que no dejen solo al feminismo en una lucha que nos compete a todos y todas, porque este borrado de mujeres y adoctrinamiento de nuestras criaturas es solo la punta del iceberg. Permítanme que haga un llamado a las familias y jóvenes que se están viendo avasallados y coaccionados por el transactivismo, a los que se atreven a detransicionar, para decirles que no están solos, que el feminismo los acompaña, y que muchas organizaciones feministas, conformadas por mujeres valientes y profesionales de diferentes especialidades, están deseosas de ayudarles.

2 Comentarios

  1. Bravísima!!

    Pone los pelos de punta todo esto. ¿De qué nos están distrayendo? ¿Hasta dónde quieren llegar?? Y a qué precio?

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