Cuba prepara su vacuna en plena ola especulativa de las grandes farmacéuticas

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La primera vacuna cubana, y latinoamericana, contra el SARS-Cov2 se llamará «Soberana» y ha entrado ya en fase II de ensayo. Es la primera pero no la única, pues Cuba cuenta con dos vacunas más en fase de desarrollo.

Es una vacuna única, basada en la amplia experiencia en biotecnología del país socialista, que no se basa en ARN-m sino que usa de antígeno el “dominio de unión al receptor” del virus (“receptor-binding domain” o RBD), que de manera resumida son las moléculas que forman la carcasa del virus, las famosas espigas. Eso permite dos ventajas determinantes, su estabilidad, no requiere de la cadena de frío que dificulta y encarece tanto la logística, y al focalizar en el mecanismo infeccioso, la vacuna no peligra por las posibles mutaciones (si el RBD no varía es efectiva y si varía deja de ser infeccioso).

Pero lo realmente diferencial de esta vacuna no está en lo científico sino en lo político. Nace con los principios de la Revolución Cubana y, como tal, es sinónimo de esperanza para todos aquellos que no pueden pagar las vacunas del oligopolio farmacéutico. Un oligopolio transnacional que ha decidido aprovechar la crudeza de la tercera ola mundial de contagios para especular con las entregas de vacunas comprometidas, de manera que puedan aumentar sus, ya de por, si cuantiosos beneficios. Beneficios que están sustentados en la investigación financiada en su mayor parte con dinero público. Negocio redondo. Mientras, los países en vías de desarrollo no pueden participar de esas subastas. «Vemos cómo las vacunas llegan rápidamente a los países ricos y los pobres no reciben ninguna«, advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres

Por contra, D. Vicente Vélez, director del Instituto Finlay de Cuba, que lidera el desarrollo de las vacunas cubanas, expresó recientemente: «La estrategia de Cuba de comercializar la vacuna tiene una combinación de humanidad y de impacto en la salud mundial. No somos una multinacional donde el objetivo financiero es la razón número uno, nuestro fin es crear más salud«. Recalcó, además, que la aplicación en Cuba será totalmente gratuita y el objetivo es inmunizar a toda la población este año.

Cuba ha anunciado que está implementando la infraestructura productiva necesaria de cara a fabricar 100 millones de dosis de la vacuna. Cantidad muy superior a las necesidades de su población, lo que revela ya su vocación internacionalista. Además, Venezuela y Cuba suscribieron este mes un importante acuerdo para la creación de un Banco de Vacunas para la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, para garantizar la vacunación de los pueblos del mecanismo de integración regional.

A lo que hay que sumar el desarrollo de otros fármacos terapéuticos contra la enfermedad como el Nasalferón, gotas nasales desarrolladas por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana, y que es un inmunoprotector que evita la replicación del SARS-CoV-2, y por tanto el desarrollo de la enfermedad.

Todo esto mientras Cuba afronta un recrudecimiento brutal del ilegal Bloqueo de EEUU que, en los últimos coletazos de la Administración Trump, ha llegado a prohibir hasta el envío de remesas por parte de los emigrados cubanos a sus familiares. Conviene no olvidar que precisamente la avanzada industria biofarmacéutica cubana está en el punto de mira de la administración estadounidense. Que ya en el documento de 2004 de la “Comisión para el Apoyo a una Cuba Libre”, de la administración anterior en los EEUU, la calificaba como innecesaria y muy cara para un país tan pobre: “Grandes sumas de dinero se dirigieron también a actividades como el desarrollo de la biotecnología y a centros de biociencias no apropiadas en magnitud y costos para tal nación esencialmente pobre, los cuales no se justifican financieramente”. Seguramente entiendan que a un país tan pobre lo que le corresponde son casinos y burdeles, como antes de la Revolución, y que tan destacada industria no solo es un mal ejemplo, si no que además le fastidia el negocio a sus transnacionales.

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