Nueve de cada diez personas en países pobres no recibirán la vacuna contra el covid-19

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En la decimoprimera asamblea mundial de la OMS, celebrada en el año 1958, el viceministro de salud de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Viktor Zhdanov, propuso el plan de erradicar la viruela del mundo, enfermedad que entonces seguía siendo mortal para miles de niños en el mundo. Para ello la URSS ofrecía 25 millones de vacunas (también Cuba aportaba 2 millones) y un millar de médicos que se repartirían por todo el globo realizando vacunaciones intensivas durante años.

El plan de la URSS fue aprobado por la OMS y los países miembros, quienes se vieron impelidos a colaborar con la propuesta pese a que llegaba del otro lado del telón de acero, dada su superioridad no sólo ética sino científica: la vacunación debía realizarse a nivel global, de manera organizada y a cargo de los países más desarrollados. Décadas más tarde la viruela pasó a ser la primera enfermedad infecciosa erradicada.

Hoy asistimos a una realidad desoladora al enfrentarnos a esta pandemia. La OMS ha lamentado que sea «inaceptable que los países ricos pisoteen a los pobres para acceder a la vacuna del covid-19», según ha manifestado recientemente el director general de esta organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus. «El covid-19 es una crisis global -reveló Ghebreyesus- y las soluciones deben ser compartidas con equidad como bienes públicos globales, no como mercancías privadas que aumenten las desigualdades«.

«Aunque esta es una crisis de salud global, no todos los países han respondido y se han visto afectados igual», apuntó el director de la OMS, subrayando además un importante matiz: «muchos han tenido éxito previniendo o conteniendo la transmisión generalizada del covid-19 con herramientas de salud pública probadas».

Las luchas por las patentes y la ocultación mediática de las vacunas procedentes de China o Rusia, añadido a los grandes beneficios que en bolsa han producido los ensayos positivos para los directivos de las grandes empresas farmacéuticas, han conducido a la perversión a la que asistimos. Los países ricos se han reservado miles de millones de dosis (caso de España, cuyo coste además será en forma de endeudamiento público) y acaparan el stock de vacunas.

Ante esta siniestra perspectiva, la OMS ha propuesto un programa llamado COVAX con la intención de crear una especie de fondo mundial para comprar vacunas a las farmacéuticas a nivel mundial, de modo que no sería necesaria una negociación unilateral de cada país con estas empresas. Su objetivo es tener vacunada a un 20% de la población de esos países con menos recursos a finales del año próximo.

Otras organizaciones humanitarias como Unicef han anunciado planes para suministrar unos 2 mil millones de dosis para estos países y el desarrollo de operaciones logísticas con empresas colaboradoras para su disposición. Sin embargo, conociendo el cariz moral del sistema capitalista en que vivimos, nos tememos que esos planes acaben teniendo la misma eficacia que los proyectos de las instituciones caritativas para erradicar el hambre en el mundo, o las denuncias de las organizaciones que elaboran supuestos informes en base a la amnistía internacional sobre la defensa de los derechos humanos, o los protocolos de las grandes potencias sobre el cambio climático.

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