El nacionalismo y la incoherencia de la izquierda cosmopolitista

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El cosmopolitismo, Marx y Lorca:

He usado un término inusual, el de ‘cosmopolitista’. No es algo arbitrario, sino que es la palabra que usa la doctrina socialista científica para referirse a una noción concreta, que es la que abordaremos. La antigua Urss, el primer régimen socialista de la historia, explica así en su Diccionario filosófico de 1959:

Cosmopolitismo: “(del griego, κόσμος: mundo y πολίτης: ciudadano.) Ideología burguesa reaccionaria que predica la indiferencia ante los intereses, las tradiciones y la cultura nacionales, y el abandono de la soberanía nacional. El cosmopolitismo disimula su verdadero carácter declarando que todo hombre tiene el universo como patria. Pero, en realidad, propagado por los ideólogos del imperialismo, el cosmopolitismo es un arma de los monopolios en su lucha contra la independencia nacional de los pueblos, un medio ideológico para esclavizar económica y políticamente a los pueblos libres. Al hacer la propaganda por el cosmopolitismo, por la idea del “gobierno mundial”, los imperialistas tienden a adormecer la vigilancia de los pueblos, a cultivar la ideología de la traición a la patria.

Los partidos comunistas y obreros contraponen a la ideología del cosmopolitismo, la idea de la independencia nacional y la ideología del internacionalismo proletario”. – Diccionario filosófico de Rosental e Iudin, ediciones Pueblos Unidos.

Y continúa en su definición de Internacionalismo Proletario:

“En el internacionalismo proletario se combinan orgánicamente el amor del proletariado hacia su propia patria, el anhelo de verla libre del yugo de clase y de toda opresión, con el apoyo de la lucha de los trabajadores de los otros países por la paz, la democracia y el socialismo”.

Pero me pregunto ¿Tiene la suficiente autoridad la antigua URSS para el cosmopolitista? Porque claro, fue una dictadura proletaria y conculcó los derechos humanos de sus enemigos: Zaristas y colaboracionistas del imperialismo. Con el abominable propósito de preservar un estado dictatorial obrero… Así que puede que no esté a su altura de perfección ética. Quizá sí tenga autoridad lo siguiente: mencionaré a quienes fueron mencionados, pero sin omitir frases deliberadamente.

 “Los trabajadores no tienen patria.  Mal se les puede quitar lo que no tienen.  No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía”. – Manifiesto del Partido Comunista.

Ese ‘No obstante’ aclara el sentido de lo anterior, pero ¿Qué quiere decir? Que el proletariado en aquel momento no dirigía ninguna nación, pues todos los estados estaban en poder de clases opresoras; pero una vez el proletariado empieza a conquistar el poder político de la nación en la que habita se produce “su exaltación a clase nacional”. En esto hay un “sentido nacional”, pues en la nación está el instrumento de la revolución socialista.

Del mismo modo Lorca, en su Romancero Gitano, hace una oda constante y permanente a Andalucía. Un fidelísimo y emocionante retrato en el que confluyen elementos del paisaje, con las características del papismo (los santos, los ángeles, las innumerables vírgenes …), la marginación de los gitanos o la tiranía de la Guardia Civil… Así es en el Romance a los tres arcángeles, en la monja gitana, en la muerte de Antoñito el Camborio… Donde figuran Córdoba, Granada, Sevilla, Almería y el Guadalquivir.

Andalucía es en su Romancero la fuente de inspiración y el objeto de su poesía, en la que llora por el yugo que carga y a la vez canta a su inmensa belleza ¡Oh, pero cuánto dió de sí para el poeta una cosa insignificante, una mera división administrativa y los colores chillones de un rectángulo! Tanto, que es una de las gigantes obras del artista.

Por si Lorca no fuese suficiente, podríamos mencionar el amor de José Martí por Cuba y la patria. Un hombre embrutecido y con deficiencia mental por su nacionalismo, pero que disponía de un talante literario al que ya quisiera cualquier universitario español poder acercarse… Pues con todo, es el ‘Apóstol’ de la Revolución Cubana. Así lo llama el Partido Comunista de Cuba, el rector del socialismo en esa nación durante sesenta años en condiciones infernales. Sesenta años, me atrevo a decir que ya es más tiempo que el de la construcción del socialismo en España. Así que me da la impresión de que los comunistas cubanos ya tienen algo más de experiencia en socialismo de lo que cualquier pretendido socialista español tiene… Aún así, los presuntos socialistas españoles se permiten el lujo de ir corrigiendo a los veteranos.

Ni Marx ni Lorca respaldaron el cosmopolitismo.

¿Qué es la nación?

¿Qué es para la doctrina socialista científica, la nación? El mismo Diccionario arriba mentado dice:

“Comunidad de hombres, estable, históricamente formada, surgida en base a la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, que se manifiesta en la comunidad de la cultura nacional. Todos estos rasgos de la nación están relacionados entre sí, y sólo su conjunción permite que a la comunidad de hombres dada se le pueda llamar nación. A diferencia de la raza, que se caracteriza por determinados rasgos biológicos exteriores (el color de la piel, &c.), la nación representa una categoría social y no biológica. La nación se diferencia también de la tribu, que es una categoría etnográfica, característica solamente para el régimen de comunidad primitiva. Las naciones surgieron en el período del capitalismo ascendente, aunque algunos elementos de la nación (el idioma, la comunidad de cultura, &c.) se han ido formado durante el período precapitalista.”.

En la exposición, se deja muy claro que la nación es una “Comunidad de hombres” con determinadas características la cual no se corresponde necesariamente con ningún “rectángulo” o mera división administrativa hecha a antojo de nadie, sino que es un producto material de la historia. ¿De dónde vienen? En Europa las naciones se gestan en el Capitalismo ascendente (Edad Moderna), a la par que la burguesía avanza, y que posteriormente tomaría las riendas del poder político con las revoluciones liberales que dan lugar a la democracia, la cual tiene como fundamento y piedra angular la nación. ¿Cómo? ¿La nación es el fundamento de la democracia? Sí.

En el orden feudal, la soberanía descansaba en los reyes y la nobleza que poseían a los pueblos mediante el vasallaje. Los conquistaban, los compraban o los adquirían por matrimonio; además de esto, el estado feudal, debido a su administración por señoríos, no permitía un librecambio y oprimía fiscalmente a una burguesía en avance. La burguesía, cada vez más poderosa, se decide a conquistar el poder político, y para ello recurrió a la alianza con las masas de nación que se estaba formando.

¿Cómo se materializaron los intereses de la burguesía? Con el liberalismo y la democracia moderna. Estas ideas propugnaban que la nación no podía ser propiedad de nada ni nadie (en este caso de uno o varios reyes absolutos) sino que tenía que ser dueña de su propio destino, y para garantizar esto el régimen debía de ser democrático, un sistema pertrechado con mecanismos como el Imperio de la ley o la División de poderes para evitar por todos los medios posibles que nada ni nadie impusiera a la nación sus designios. Es decir, la democracia no es el fin en sí mismo, la democracia es el medio para que la nación sea soberana y no esté sujeta ni a nada ni a nadie externo. Se plasma de este modo en la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano en su artículo tercero: “La fuente de toda soberanía reside esencialmente en la nación; ningún individuo, ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane directamente de ella”.

El proletariado nace con el desarrollo de la burguesía, el proletariado es su producto. Nuestra clase nació en la revolución industrial y en los países europeos, aquellos en los que las dos primeras Internacionales obreras operaron, y nuestra clase se fue extendiendo por el mundo a medida que se extendía la producción capitalista. El proletariado no es una clase que brota como los hongos ni se sitúa al margen del espacio y el tiempo sino que se cría en el orden social de la burguesía, que es la nación. La nación, al igual que el sexo, el color de piel, la altura, etc. forman parte indisoluble del proletario, lo cual condicionará sus intereses y su ideología, y sus ritmos políticos, aunque por supuesto no del mismo modo ni en la misma medida.

¿Entonces en qué fundamenta la negación a la nación? No es posible con el materialismo histórico, por ello esgrime razonamientos alejados de él. La nación es algo ficticio para aquel, pero la diferencia entre varón y mujer la tiene muy en cuenta, la enarbola y la glorifica, y el ‘feminismo’ se torna en digno de loa y vítores. Cuando el sexo tampoco se elige y su diferencia estriba tan sólo en los miembros del cuerpo de un sexo u otro… ¿Es éste un razonamiento correcto? No, luego ¿por qué si lo es con la nación?

Del mismo modo podríamos decir que la clase social tampoco se escoge, que es algo arbitrario, y sólo nos separa y enfrenta, por lo que no tiene sentido vindicarla… El cosmopolitista no entendió que nada de la realidad material se escoge ni es por voluntad caprichosa de los hombres. Es la realidad la que nos condiciona en todos los sentidos, y por supuesto, en nuestras creencias e intereses, porque como dice Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

Toda idea responde a una realidad. luego el nacionalismo existe porque existe la nación… Pues bien, estos son los frutos del posmodernismo burgués, hegemónico en la academia española y occidental, que proclamándose de Marx defienden todo lo contrario a su doctrina: El idealismo filosófico.

  • La nación en el imperialismo, la última fase del capitalismo.

¿Por qué la nación es importante para la izquierda? El desarrollo posterior del marxismo, el leninismo, atisbó una nueva problemática que trascendía al conflicto capital-trabajo. A finales del siglo XIX, el capitalismo competencial de las potencias europeas, incluyendo a las de Japón y Estados Unidos, se tornó en un Capitalismo monopolista de estado ¿Qué quiere decir esto? Que de la misma burguesía, que en su seno tenía conflicto y competición, emergió un sector que se impuso sobre los demás mediante la fusión del capital financiero e industrial.

Para ese momento, los órdenes democráticos de los países europeos dejaban de ser operativos para la nueva clase monopolista, siendo un obstáculo para ella, conque la democracia quedó sepultada debajo de un sinfín de aditamentos y subterfugios jurídicos, quedando todo el poder en un aparato burocrático-militar al servicio de estos monopolios. Esto es lo que explica el fracaso de las tesis de determinados sectores del socialismo, como la sociedad fabiana, que argumentaban que sólo bastaba el sufragio universal para que el proletariado, la clase mayoritaria de la sociedad, votara mayoritariamente a los partidos obreros, los cuales con mayorías parlamentarias irían implementando el socialismo gradualmente mediante reformas.

Este aparato burocrático-militar, que hasta ha sido admitido por algunos académicos no socialistas, lo denominan ‘Deep state’ (estado profundo) o ‘poderes fácticos’, aunque de una manera abstracta y oscura. Por este motivo el Leninismo estipula que el socialismo sólo y únicamente puede conquistarse con el Régimen dictatorial proletario tras una revolución, de ninguna manera puede conquistarse mediante el reformismo parlamentario en el seno del orden burgués; es decir, no existe otro camino para el socialismo que la sustitución del antiguo estado por otro nuevo.

Este capitalismo monopolista de estado, no sólo acapara todo el poder del estado, sino que depende de la depredación imperialista del mundo como se corroboró en la repartición de África y definitivamente con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Luego, las mayores potencias europeas no sólo habían sepultado la democracia sino que se habían entregado al imperialismo voraz.

Tenemos pues un mundo, donde las mayores potencias imperialistas devoran a las naciones débiles, explotando sin contemplaciones a su proletariado, saqueando sus recursos naturales, y enterrándolos en deuda y en la parálisis industrial. Entonces, nos enfrentamos a una nueva contradicción principal: Un conflicto entre las naciones, y las potencias imperialistas, donde pasa a ser un elemento crucial de la lucha proletaria la soberanía nacional.

La inmensa mayoría de países del mundo sufren el imperialismo, en mayor o menor medida, y cuando hablamos de imperialismo hablamos de los Estados Unidos de América, su satélite europeo y aliados periféricos (Israel, Arabia Saudita, Japón, etc). Y como dijimos, la mismas naciones que habitan en estos países imperialistas están sujetas a la clase monopolista que ostenta de manera total el estado.

De modo que podemos comprobar que la situación es similar a la época del feudalismo, las naciones quedan sujetas a pequeñas clases sociales que ostentan el poder del estado, sin que ellas tengan ni voz ni voto en sus propios asuntos.

En definitiva: La forma concreta que toma el capitalismo actual es la del monopolismo de estado y el imperialismo, provocando que la condición más determinante del proletariado sea la nación en la que habita, pues cada una tiene una función y un papel en la administración imperialista.

¿Por qué hay una guerra de invasión en Siria por nueve años? ¿Por qué Venezuela, Norcorea o Bielorrusia están ahogadas en sanciones y embargos? ¿Por qué los Estados Unidos de América e Inglaterra poseen misiles intercontinentales con varias cabezas nucleares con los que pueden destruir varios países? ¿Por qué el Partido Demócrata y el Partido Republicano, los conservadores y los laboristas, se vociferan por el asunto racial o feminista, pero para ahogar o reventar países todo es paz? ¿Cuál es el motivo de eso? ¿Qué temen? ¿Temen el laicismo? ¿El feminismo? ¿La República? No, lo es para someter por la fuerza a todas las naciones, para eliminar la soberanía nacional de sus siervos. Si una nación se rebela, todo el orden imperial se trastorna.

El proletariado, pues, está determinado primeramente a “exaltarse en clase nacional” y defender su nación, la cual es la piedra angular y la palanca de toda virtud que el cosmpolitista glorifica: La justicia, los derechos, el progreso, la democracia, etc, etc, y por supuesto, del socialismo. El nacionalismo, la soberanía nacional, es la palanca de toda loable aspiración proletaria; sin nacionalismo, sólo hay servidumbre. Y más aún, es el enemigo más abominable del imperialismo.

El nacionalismo y España:

Existe una trascendental diferencia: Defendemos un tipo de nacionalismo, al que la tradición socialista denomina patriotismo, que es la doctrina que reivindica la nación propia, que la dignifica y procura su soberanía; y enfrente tenemos al chovinismo o nacionalismo imperialista, que cree en que la nación o estado propio es superior al resto y merece someter a otros. El primero es una cuestión de dignidad propia, el segundo de supremacía. El nacionalismo o patriotismo, es concepto elemental del Internacionalismo, pues “El amor bien entendido, empieza por uno mismo” ¿Qué pueblo puede cooperar con otros si ni siquiera se gobierna a sí mismo? Para amar, primero tiene que existir la capacidad para ello. Si para uno mismo sólo hay odio y negación, no puede haber amor para con los demás, sino que habrá la misma negación: La del cosmopolitismo.

Expuesto todo lo anterior ¿Cómo trasladamos el análisis a España de la manera más breve y sucinta posible? España, efectivamente, desde el capitalismo ascendente, es un país multinacional, esto es un marco político donde habitan diversas nacionalidades. España no fue un estado único, de manera definitiva, hasta el estatuto real de 1834, y todo de manera palaciega, pues las naciones que en ella habitaban no eran soberanas para consentir ese acuerdo.

España tiene una doble condición, semejante a la antigua Rusia zarista, es un país oprimido y opresor. Somete a las naciones interiores, negándoles la soberanía política que merecen, al mismo tiempo que toma las migajas del botín de las aventuras de sus patrones. ¿Quiénes son sus patrones? La OTAN y la UE-Euro, las formas concretas del imperialismo occidental, entidades a las que España está sujeta y amarrada desde el franquismo con el “Acuerdo preferencial entre el estado español y la CEE” y la cesión de bases al ejército americano.

Por ello vemos cómo nacionalidades como Andalucía o Canarias padecen cifras de desempleo vergonzosas en comparación con otras de manera estructural sin que puedan reaccionar, y asimismo España no puede desarrollar sus propios planes económicos e industriales por las decisiones unilaterales de la Comisión Europea, y las cadenas de los tratados europeos, que nos entierran en deuda y dinero fiat, generando profundas desigualdades entre los países de la UE-Euro. Cada nación española tiene una función en el orden burgués estatal, y asimismo España tiene una función en el orden imperial occidental; y todo sin que las naciones decidan, porque carecen de soberanía, ni España porque está sujeta a “Europa”. Sí, esa es la “Europa” que tantos veneran y ponen en sus altares…

¿Quién que ame la justicia puede negarle a Canarias y a Andalucía su soberanía para desarrollarse y dignificarse, dejando de lado la dependencia para una industrialización y creación de puestos de empleo productivos? ¿Quién que ame la democracia puede negarle a España la soberanía para que deje de estar sujeta a una secta tecnocrática al servicio de los monopolios? ¿Para qué quiere entonces la democracia o la república si en pos del cosmopolitismo la pondrían sujeta a la UE-Euro; a una moneda que no podemos gestionar, y a unos tratados que me permiten la fuga de capitales? Todo es un vil engaño, pues para que exista justicia y democracia primero tiene que existir la capacidad de implementarla.

El carácter de clase del cosmopolitismo:

Lenin clama magistralmente: “Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase”.

Luego ¿a qué clase social sirve el cosmopolitismo? ¿A quién sirven los improperios contra el Brexit y el desprecio a los nacionalismos? Sirve a la Aristocracia Obrera oportunista, cuyo proyecto político es vegetar para no perder sus prebendas. Una Aristocracia Obrera que se limita al oportunismo político y electoral para intentar lograr reformas mediante aritmética de poltronas; un proyecto que provoca cada vez más divorcio con las masas, y el descrédito total ante ellas, el retroceso y la derrota tras derrota del proletariado.

Para este proyecto filisteo, los nacionalismos sin estado (especialmente de izquierda) se convierten en una piedra en el zapato dolorosa y angustiante, de manera que para la aristocracia obrera es intolerable que el nacionalismo de izquierdas ocupe los escaños que considera que le pertenecen en Cataluña o País Vasco, y no hablemos del hecho de que el BNG haya superado al mismo Psoe, y sus socios hayan quedado fuera del parlamento gallego, porque eso es directamente anatema y apostasía. ¿Por qué sucede esto? Porque juegan con ventaja al abordar las condiciones concretas del proletariado en cada nacionalidad, es un competidor electoral más en su espacio de “izquierda”, y en cierto modo desenmascaran la hipocresía y ruina de la Aristocracia Obrera oportunista, que está en plena colaboración con la UE-Euro y el estado.

En cuanto a la UE-Euro, es que ni se plantean abandonarla, pues están en pos de una quimera en términos jurídicos y aritméticos “Cambiar Europa”; aunque en verdad después de que pusieran la impresora de billetes a toda máquina, y nos mandaran unos cuantos, todo fueron festejos y aplausos por nuestros cosmopolitistas que clamaron que la UE-Euro ya no estaba en el camino de la austeridad, que se había arrepentido. En cuanto a la República, la abandonó hace mucho tiempo ¿Abandonó la República? Sí, pues la República es un régimen político nuevo y diferente, que sólo y únicamente puede llegar mediante una ruptura democrática, es decir, por la sustitución de este estado por otro nuevo. Esto genera pánico y terror en la Aristocracia obrera cebada, pues no quieren ni imaginarse la idea de las tribulaciones, la persecución y los padecimientos que les supondría esta aspiración, dado que implicaría primeramente cesar la colaboración para pasar al enfrentamiento con un rival poderosísimo.

Es por esto, y no es casualidad, que la República sea para ellos la consecuencia de la Reforma constitucional, la cual en los hechos es imposible, por muchos y varios motivos; para empezar porque la Monarquía está blindada constitucionalmente y su reforma está regulada por el artículo 168 que hace que por los procedimientos y mayorías que exige, en la práctica sea inviable. Pero mientras tanto, conservan lo que precisan: Las poltronas en las instituciones burguesas. ¿Es pues la República para ellos la meta política, o el medio para estar en política?

Con ello, tenemos que todo es bueno, deseable y posible: El “feminismo”, el “ecologismo”, la autodeterminación de género, la transición digital, etc., etc., etc. Todo aquello que nos de votos del electorado de izquierda, y, no sea una amenaza para los aparatos de la burguesía monopolista, de los que reciben ingentes fondos, puesto sería ‘morder la mano que da de comer’… Todo es lindo menos la lucha por la meta política de las clases populares españolas: La soberanía.

Fuentes anejas:

  1. ¿Por qué la UE-Euro es irreformable? – http://www.ojosparalapaz.com/la-union-europea-una-estratagema-china-al-servicio-los-estados-unidos-i/
  2. Artículo 168 de la CE – https://www.laconstitucion.es/articulo-168-de-la-constitucion-espanola.html

1 Comentario

  1. Encantoume!
    Creo que el autor ha dado en todos los palos, bueno, excepto en el redundante masculino, algo más que hombres habrá, el feminismo también debería estar al mismo nivel de análisis, no esa especie de feminismo utilitarista y cortoplacista que como bien dice lo usan esas clases aristocráticas del proletariado que todas y todos conocemos aliadas de un sistema que cada vez es más difícil de enfrentar.

    Alguna de estas hoy se leerán este artículo y mira, espero callarles un poquito.

    Gracias

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