Premio Espasa es Poesía y la destrucción de la belleza

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En estos días se ha fallado el III Premio Espasa es Poesía dotado con 20.000€, el premio mejor dotado de la poesía española.

Es bien conocido por todos aquellos versados en el tema, nunca mejor dicho, que en los premios de poesía, como en muchos otros premios literarios, el premio estaba decidido antes de salir a concurso. Normalmente, las editoriales piensan en su público y le otorgan el premio a personalidades que creen que pueden vender mucho. En tiempos de crisis, recuperar la inversión e incluso tener beneficios es más pertinente que nunca. Es comprensible, entonces, que las grandes editoriales den sus premios a personajes consagrados y de reconocido prestigio.

En poesía eso también fue así hasta hace bien poco. En los albores de la era digital comenzaron a aparecer en las redes sociales escritos que simulaban ser poesía pero que, en realidad, eran un remedo entre frases de autoayuda y un onanismo frenético juvenil. Así poetuchos como DeFreds, Elvira Sastre, Loreto Sesma, Ben Clark, César Brandon, Irene X, Redry, Nacho Vegas y un largo etcétera, comenzaron a tener miles, e incluso cientos de miles de seguidores que esperaban ansiosos su dosis diaria de receta medicinal en verso, eso sí, sin intentar echar un vistazo a todo el torrente de poesía hispana que tiene nuestra lengua. No querían parecerse a nadie, eran el reflejo de una generación tan pagada de sí misma que olvidaba su tradición. Todo ello con dosis edulcoradas de poesía joven, urbana y sensiblera. Y claro, las grandes editoriales como Espasa, no tardaron en darse cuenta de que ahí había un filón por explotar. Estos autores, alguno de los cuales tiene cierto talento, empezaron a publicar y a vender. Es bien sabido que el mercado de poesía es muy reducido. Grandes autores consagrados no vendían más de dos mil o tres mil ejemplares. Tan solo Antonio Gala con sus “Poemas de amor” llegó a vender más de 300.000 ejemplares, lo que se considera todo un récord para el género, no exento de cierta polémica en aquellos días. Y estos autores edulcorados y coloristas han vendido, en ocasiones, más de cincuenta mil copias. Vamos, un dinerito.

El caso que nos ocupa es más preocupante. Se le está dando el premio de poesía a Rafael Cabaliere, un perfecto desconocido que sólo posee una cuenta en twiter de ochocientos mil seguidores con serias dudas de ser verídicos. Es decir, que se sospecha que la mayoría son seguidores comprados, con unos tuits que tienen más cinco mil retuits y más de diez mil me gusta, pero que, curiosamente, no tienen apenas comentarios. Un dato a tener en cuenta para descubrir la trampa.

Este premio ha tenido cierta repercusión y las especulaciones acerca de su paradero dispararon la suposición de que, realmente, fuera un bot. Un robot, vamos. Ha tenido que salir una grabación del autor aceptando el premio para desmentirlo. Desde su querida Venezuela, dato también sospechoso.

Lo que resulta enormemente grave es que la poesía se acabe convirtiendo en un reflejo de lo que realmente es, es decir, un canto a lo esencial del ser humano, por intereses meramente especulativos. Se está poniendo en grave peligro la continuidad de la calidad poética por un puñado de dólares. Se está dañando la credibilidad de la poesía y se están poniendo los criterios de venta por encima de los criterios de calidad. Pero vender excrementos con un lacito rosa no deja de tener su aquel.

No me explico cómo poetas de reconocido prestigio como Luís Alberto de Cuenca, Ana Porto, Marwan, Alejandro Palomas y Ana Rosa Semprún, es decir, el jurado del premio, han podido dárselo a este sujeto. Poemas que son el hazmerreír de todo aquel que tenga dos dedos de frente y que han sido motivo de mofa en las redes sociales.

Yo, que he tenido la suerte de tener un vecino como José Luis Merino, periodista literario que ha entrevistado a Juan Rulfo, a Julio Cortázar o a Octavio Paz, y que cuando se cruzaba conmigo me decía: poetas días, como un saludo. Y que siempre explicaba que la poesía se conservaba pura porque no se prostituía como la prosa, creo que, ahora más que nunca que algo tenemos que hacer los que nos consideramos poetas para que la Poesía, así, con mayúscula, siga siendo el lugar al que recurrimos muchas personas para buscar la belleza, la trascendencia y ese algo más que busca todo espíritu libre y no un materialismo superfluo ciego y fácil, desnortado y con pretensiones, que es lo que nos ofrece la editorial Espasa.

Las personas que valoramos la calidad literaria de un poema tenemos en mente otras muchas editoriales que, con un esfuerzo, casi desinteresado, ofrecen al lector y la lectora, verdaderas muestras del espíritu humano, imperecederas, auténticas y grabadas a fuego en la historia de la humanidad.

No estaría mal proponer un boicot a Espasa por este espectáculo lamentable en que se ha convertido el premio de poesía mejor dotado de todo el país.

¡Poetas Días!

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