Todo tiene solución menos la muerte

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Dice un proverbio chino que “Si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada.”  En la cultura occidental, su equivalente sería la plegaria de la Serenidad, atribuida al teólogo, filósofo y escritor Reinhold Niebuhr:“ Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.

Andamos estos días buscando los culpables de la pandemia que estamos sufriendo. Vivimos en una sociedad donde la tradición judeocristiana y la jurídica parte de que todo mal tiene un culpable. Los racistas dirán que la responsabilidad de todo lo que está ocurriendo es de China pues allí hubo una mutación de un virus propiciando que un animal contagiara a un humano o incluso que se ha “escapado” de un laboratorio. Las personas de izquierda o progresistas culparan de los muertos a los recortes de sanidad de los gobiernos del PP.

Pero no es verdad que todo mal tiene un culpable. Las personas en las sociedades desarrolladas mueren, en la gran mayoría, por causas naturales sin que medie culpa de nadie. Morimos de viejos por enfermedades degenerativas, hay accidentes, existe la causa de fuerza mayor y los casos fortuitos. Más bien diría que los eternos y peores males son naturales: terremotos, erupciones volcánicas, tormentas y epidemias. Los sacerdotes de las diferentes religiones siempre han imputado esas desgracias naturales a sus propios feligreses por ser poco devotos y estar todo el día pecando o pensando en pecar.

Vivimos en una sociedad donde la ciencia ha desmontado todos esos mitos. Pero la ciencia también tiene sus limitaciones y en todo caso, los descubrimientos científicos, como todo, son fruto del trabajo humano, lo que requiere tiempo y esfuerzo. El Covid-19 es un virus que ha sido descubierto el pasado mes de diciembre, por tanto es nuevo para la ciencia. Todos los días leemos y escuchamos a decenas de científicos de los que obtenemos pocas certezas y muchas dudas. Y antes de señalar a alguien como culpable, deberíamos estar en posición de afirmar que es inevitable y lo que no lo es.

A pesar que diferentes científicos venían advirtiendo de la posibilidad de una pandemia mundial por la mutación de un coronavirus, nadie podía prever cuándo, cómo y dónde se iba a iniciar el brote. Es decir, culpar a China tiene tanto fundamento como culpar a cualquiera de nosotros por constiparse o enfermar de gripe. Si que es cierto que el gobierno chino y el partido comunista de aquel país deberían vigilar, todavía más, el comercio de especies salvajes de animales para alimentarse o para utilizar en la medicina tradicional. Pero claro, las autoridades de aquél país deben ser doblemente cuidadosas, en primer lugar es difícil acabar con esas costumbres atávicas de su propia población, como complicado es en España prohibir las corridas de toros. Y en segundo lugar, no quiero pensar lo que harían los medios occidentales con imágenes de la policía china deteniendo a centenares de ciudadanos de ese país por tráfico de animales. En ese momento, el foco mediático dejaría de ser las especies salvajes y las víctimas del “régimen” serían los traficantes de especies zoológicas.

Nadie puede negar que los recortes sanitarios de los gobiernos de Zapatero (Psoe) y Rajoy (PP), frutos a su vez de los recortes en el gasto público, obligados así mismo por la crisis financiera del 2008, han tenido su reflejo en la atención sanitaria prestada a los enfermos de coronavirus. También es verdad que todos los gobiernos occidentales que tienen capacidad de acción y financiera han aumentado rápidamente los precarios medios materiales y personales en esta crisis sanitaria. El problema con que se han encontrado las autoridades es que se ha desmantelado y localizado casi toda la producción industrial, por lo que era imposible recabar las suficientes mascarillas y respiradores para atender la emergencia sanitaria. Es decir, para evitar futuras pandemias, no sólo no será suficiente aumentar los presupuestos sanitarios, sino que se deberá ser autosuficiente en la producción de los materiales y medicinas necesarios para afrontar la enfermedad.

De lo que no cabe duda es  que el coronavirus se ceba especialmente entre las personas mayores, y se da la paradoja que aquellas sociedades con mejor sanidad y que, por tanto, tienen una mayor esperanza de vida, serán las más golpeadas por esta pandemia. Eso es inevitable, sin embargo sí que habría podido evitar es la situación sanitaria y de hacinamiento de las residencias de ancianos, instituciones donde más ha matado la Covid-19.

Sinceramente, en la gestión sanitaria, el número de muertos habría cambiado poco con un gobierno del PP. Lo que estamos observando es que las mayores divergencias se dan en la recogida de datos estadísticos sobre los muertos o en los porcentajes de infectados que dependen del número de test realizados.

Sí que es diferente es el modo en que un gobierno de corte socialdemócrata afronta la posterior crisis económica frente a un gobierno liberal. Un gobierno progresista aumentará el gasto público aunque suponga una devaluación de la moneda (algo tabú en la Unión Europea) mientras que un gobierno de derechas, se centrará en ayudar a las empresas y mantener el gasto social.

Otra evidencia es que los virus no conocen fronteras. Eso supone que se debe reforzar al OMS, que es la autoridad competente en la materia en el ámbito internacional. Sin embargo, el régimen de Trump ha congelado los fondos debidos a esa entidad dependiente de la ONU, grave error que perjudicará también a sus ciudadanos. También, estos días hemos comprobado qué países colaboran en la lucha contra la pandemia y quienes han optado por una política aislacionista. Como ejemplo de mala praxis política podríamos recordar la actuación de la alcaldesa de Guayaquil (Ecuador) que impidió la llegada de un avión enviado para recoger a unos ciudadanos españoles y  posteriormente pidió ayuda internacional por que su ciudad ha sido castigada muy duramente por la enfermedad. La cooperación sanitaria internacional siempre es positiva para todos, aquí no vale el “sálvese quién pueda”.

Hay acontecimientos inevitables, los cuales deberían estar al margen de la política y el partidismo electoral, especialmente la muerte de inocentes. Deberíamos centrarnos en lo evitable y posible, como es reforzar el sistema sanitario, mejorar el cuidado de los mayores y en que se adopten medidas económicas para que esta crisis afecte lo menos posible a la clase trabajadora.

2 Comentarios

  1. […] Miedo a gastar dinero. Entre los miedos más notorios aunque no partan de una experiencia de impacto, es el miedo a gastar dinero, aunque esto no es que hace correr como los miedos ya conocidos pero si molestan mucho, al menos si se trata de vivir en paz, sí es un problema, pero como todo tiene su solución. […]

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