Ellos dijeron que así era la Naturaleza Humana. Mintieron

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En mi último artículo relacioné la revolución sexual y el negocio del sexo, y lo llamo negocio del sexo y no industria porque es lo correcto. La finalidad del neolenguaje siempre es preparar a la opinión pública para que “acepte” los giros de 360 grados que, ante un posible movimiento de cambio social, hasta ahora siempre ha conseguido capitanear el liberalismo, ahora reconvertido en ultra derecha neoliberal depredadora.Solo desde estos planteamientos puede explicarse que una actividad humana, que se basa en la anulación de la respuesta sexual femenina, en el bloqueo sistemático de áreas del cerebro encargadas de activar nuestras respuestas de escape ante una situación amenazante o aversiva que, “servicio” tras “servicio” tienen que soportar las mujeres prostituidas, que necesitan recurrir al uso y al abuso de psicofármacos y drogas para mantenerse horas y horas en esta actividad (lo que afecta gravemente a su salud física y psíquica) se denomine industria, y se use vocabulario laboral: trabajo sexual, trabajadoras sexuales, profesionales del sexo.  Es un negocio que mueve dinero como el narcotráfico, que daña como el narcotráfico, que se mueve como el narcotráfico, sin embargo se ha buscado intencionadamente que normalicemos en nuestro lenguaje que explotar sexualmente a mujeres es socialmente positivo, genera ingresos, y ahí está la clave, porque hablamos lo que pensamos y pensamos lo que hablamos, y nuestra conducta, lo que hacemos y lo que no hacemos, es la materialización. Los mayores expertos en neolenguaje son aquellos que siempre ponen el dinero por delante de la vida, los que fomentan y mantienen el desamparo social y la vulnerabilidad económica, porque saben que personas en esas circunstancias aceptarán, y lo harán “líbremente”, aquello que se les ofrezca y les permita ganarse la vida, aunque comprometa seriamente su seguridad y su salud.

Pero esto no ha sido labor de un día, y necesito remontarme dos siglos atrás.

En el siglo XVIII la burguesía rica e ilustrada estaba de los nervios porque un dogma religioso le impedía acceder al poder, y necesitaban desmontar la falacia de que el poder terrenal emanaba de Dios, y que la voluntad divina había decidido que recayera en reyes, nobles y miembros de la iglesia; Dios lo ve todo, pero se ve que en ocasiones se despista y no vio venir la riqueza y la ambición acumulada por la burguesía, y como la envidia siempre ha sido muy mala, nos encontramos con la Revolución Francesa, que, revolucionariamente, establece que los seres humanos hombres nacen libres e iguales, pero que el poder y los recursos son para el que se los trabaje. Y he especificado seres humanos hombres porque, aunque en los salones ilustrados donde se debatían conceptos nuevos como por ejemplo derechos, sujeto, ciudadano, conocimiento basado en la razón, en los que había mujeres ilustradas aportando y compartiendo estas ideas, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano redactada por la Asamblea Nacional, las mujeres no estaban incluidas. La estrategia para salvar la incoherencia absoluta que supone defender los principios de la Ilustración, que buscaba el conocimiento basado en la razón, en la experimentación, en el contacto con la naturaleza y no en dogmas; y a la vez contemporizar con una estructura socioeconómica que nuevamente se basa en el binomio Dominancia-Sumisión construido sobre los estereotipos de género y clase, porque el giro no fue de 180 grados sino de 360, ya que sólo supuso detraer poder de una debilitada nobleza terrateniente y ponerlo al alcance de una ambiciosa burguesía liberal mercantilista; pues esta estrategia para salvar semejante incoherencia, es apelar a nuestra naturaleza humana.

Llevamos siglos siendo socializados en la coexistencia y no en la convivencia, y esto ha sido posible porque interesadamente se nos ha hecho creer que somos una especie superior, y en un sistema patriarcal basado en el androcentrismo, asumir el concepto de superioridad implica también aplicar el de inferioridad, y hacerlo en dos vertientes; entre especies e intraespecie. Nuestra socialización en la coexistencia era necesaria para poder dominar y depredar, y tenía justificación divina y biológica.

En el caso de las mujeres, desde que en el 384 a. C. Aristóteles afirmara que “el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior, uno gobierna y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad”,encontramos, sistemáticamente, a lo largo de los siglos, de las teorías filosóficas, de distintos pensadores, justificación para las relaciones de coexistencia basadas en la desigualdad “natural” basada en la biología, y expresada en forma de dominio, sexismo, dependencia y violencia. Esto me lleva a afirmar, como ya hice en mi artículo anterior, la necesidad de un cambio en el núcleo básico de creencias que sostienen nuestra socialización, para pasar de este dañino sistema de coexistencia a un modelo de convivencia basado en la igualdad y la justicia social, porque no es posible la justicia ni la igualdad de derechos y oportunidades sin un sistema educativo basado en la coeducación, sin cambiar el sistema de creencias basado en el androcentrismo por uno basado en el humanismo.

Y aporto como ejemplo de relaciones de coexistencia basadas en el dominio, el sexismo, el abuso de poder y la violencia sexual la creación de la revista Playboy, y la sitúo en el origen del negocio del sexo.

Hugh Hefner es el creador de la revista Playboy. Nacido en 1926, la sociedad en que este… individuo se hizo adulto había visto cómo se generalizaba el derecho al voto de las mujeres en Usa en 1920, cómo, durante la II Guerra Mundial las mujeres habían demostrado su valía en el terreno militar y civil, y cómo aseguraban sus derechos educativos y políticos. El modelo de socialización basado en la desigualdad, ante estos avances conseguidos por el movimiento feminista, deja al descubierto su irracionalidad e incoherencia, pero un contundente golpe de timón cambia el pujante giro de 180 grados tan necesario, por el completo de 360 grados mediante la aparición del psicoanálisis, que no surge de la nada, reelabora conceptos anteriores presentes en el Marqués de Sade, Schopenhauer, Nietzsche y Otto Weininger y crea una teoría que consigue que el estereotipo de la virilidad masculina asociada a la violencia sobre la mujer alcance su máxima expresión.

Y ahí retomo a Hugh Hefner, que se licenció en Psicología y estuvo trabajando en un periódico y una revista antes de pedir dinero a sus familiares para crear la revista que él creía que hacía falta. Reunió 8.000 dólares y publicó en 1953 el primer número de una revista que llamó Playboy, y que presentó como una revista de “entretenimiento masculino para adultos”, que buscaba entretener con secciones de contenido político, literario, humor gráfico y fotografías de mujeres desnudas. No he conseguido averiguar cuándo desaparecieron las palabras “entretenimiento masculino” en la catalogación de la revista y quedó sólo como Revista para adultos, pero sí sé por qué apareció catalogada así.

En 1903 Otto Weininger, un filósofo con formación en ciencias naturales, publica “Sexo y carácter”, y retomando ideas de, cómo no, Schopenhauer y Nietzsche, afirma que “las mujeres no tienen sexualidad ni deseos porque son la sexualidad misma, ellas han hecho posible la existencia del falo que sólo existe para que ellas lo acojan”. El desarrollo de la teoría de “la envidia de pene” de Freud arranca de ahí: el ser humano hombre es un organismo perfecto pero el ser humano mujer no, la falta de pene la hace imperfecta; las mujeres lo saben y esto les genera deseos de tener uno, pero los preceptos religiosos y las normas sociales las obligan a bloquear estos deseos y a inhibir su comportamiento; esta deficiencia que presentan las mujeres se corrige con el matrimonio y con la procreación de un hijo varón, sólo así alcanzarían su plenitud al haber conseguido de forma vicaria un pene gracias a su hijo, que es carne de su carne, y eliminarían sus tensiones psíquicas, con lo que cesarían las alteraciones nerviosas a las que son tan propensas. Esta necesidad de pene que sienten las mujeres tiene su correlato en la pulsión sexual incontrolable de los hombres, que ha de ser liberada, y cómo lo hace, pues a través de las mujeres a las que precisamente la naturaleza ha puesto ahí para que el hombre les dé eso que tanto necesitan (Me resulta imposible dejar de relacionar las declaraciones de Cayetana Álvarez de Toledo referentes al Sólo sí es sí, con este argumentación freudiana, porque sólo desde ahí se entiende que en una relación heterosexual el hombre no tenga que interesarse por lo que siente su compañera, y no necesite preguntarle si todo va bien, si continúa, porque como estamos tan necesitadas de lo que él tiene, cómo no vamos  a estar extasiadas ante el enorme favor que nos hace; a todo lo que nos dé y cómo nos lo dé no se le puede poner un pero. Cayetana eres una gran… individua).

Pues estas aberrantes teorías sobre la envidia de pene, las pulsiones sexuales incontrolables y el recurso de apelar a la naturaleza humana para justificar que el comportamiento sexual masculino responde a nuestras necesidades como especie, forman el núcleo básico de las creencias de Hugh Hefner, que les dice a sus pobres compañeros hombres, desorientados ante las reivindicaciones feministas y la comprobación de la capacidad de las mujeres para formarse y conseguir independencia económica, que no tienen que preocuparse porque esa pretendida igualdad no existe en el área de la sexualidad, donde la potencia física masculina es superior y aludir a la naturaleza humana siempre justifica la socialización diferenciada. Y así, una vez más, se mantienen los estereotipos y roles de género y se afianza el modelo de coexistencia. 

Y ahí encuentra su lugar la revista Playboy como entretenimiento masculino. El primer editorial lo escribe Hugh Hefner para explicar al lector qué encontrará en la revista: Playboy no es una revista de sexo, sino una publicación que recrea el estilo de vida de aquellos que dedican una atención especial al sexo, porque el sexo es una parte importante de la vida. El logo de la revista es un conejo porque, según palabras del creativo, “representa muy bien el carácter divertido, lúdico y encantador de la revista, y también encaja muy bien su connotación picante y sexy, ya que es conocido por su activa vida sexual. Además los conejos son juguetones, y los identificamos con un animal fresco, tímido, vivaz, saltador y sexy: primero te huele, después se escapa, más tarde regresa y dan ganas de acariciarlo, de jugar con él. Una chica se parece a un conejo, es alegre. La chica del mes que se elige en la revista no es una chica sofisticada que nunca podrías tener. No nos interesan las mujeres misteriosas, difíciles, (¿inteligentes?), la femme fatal que está triste (no queremos que exprese sentimientos reales), la chica Playboy no lleva encajes ni ropa interior (sabemos para qué pagas). Ella está desnuda, bien bañada con agua y jabón y está feliz” (pero feliz, feliz; y además eligiéndolo ella, y también acostarse con H H, porque todas las chicas que aparecían en el desplegable mensual, que estaba muy bien pagado, se acostaban con él, pero sin ningún tipo de presión, porque él preguntaba amablemente, antes de que el contrato estuviera firmado, si a la posible chica del mes le apetecía acostarse con él, y a ellas siempre les apetecía, independientemente de la edad que tuviera ese gran… individuo que fue H H, porque esta conducta la mantuvo a lo largo de toda su vida).

Pues con este discurso se hizo millonario y creó un imperio. Publicó su primera revista en 1953 pidiendo dinero a familiares y amigos y ya en 1960 crea su primer club privado con una plantilla compuesta por conejitas, y tiene un programa semanal en televisión donde entrevista a personajes famosos. En 1961 inicia la expansión empresarial abriendo más clubs, casinos, agencias de modelos. En 1963 es arrestado y sometido a juicio por vender “literatura obscena” (yo lo habría acusado de otras cosas), pero el jurado no pudo llegar a un veredicto y los cargos fueron retirados. Se convierte en un abanderado de la revolución sexual, cuando lo que está haciendo es reforzar el estereotipo de la superioridad sexual masculina, y aquí es donde encaja el mensaje que sostiene el negocio del sexo: la naturaleza humana avala que nosotros siempre queramos y que vosotras siempre podáis, el disfrute es masculino, la participación femenina. Una parte de la intelectualidad, la política y el feminismo se encuentran muy a gusto con este mensaje, y ahí es donde yo vería a los troyanos de Amelia Valcárcel y añado a las fenómenas: los troyanos los sitúo en la intelectualidad y la política, y a las fenómenas en los alrededores del feminismo, porque la definición de fenómeno/a alude a la manifestación de una actividad que se produce en la naturaleza y se percibe a través de los sentidos, sin aludir a la inteligencia emocional, ni al análisis ni a la reflexión, y creo que es el calificativo que se le puede aplicar a toda aquella persona que acepte que la pornografía y la prostitución es un trabajo y las mujeres participantes trabajadoras sexuales.

Otro gran éxito profesional para H H que sale de la mercantilización que realiza con el cuerpo de las mujeres, es la salida a bolsa en 1971 de Playboy Enterprises Inc, con lo que consigue crear un imperio de medios de comunicación, su máximo exponente sigue siendo Playboy, que, de una tirada inicial con el número de 53.991 ejemplares pasa en 1971 a vender 7 millones de ejemplares mensuales. H H es millonario y compra su primera mansión Playboy, donde da fiestas especiales para gente especial en las que se puede disfrutar de la compañía de las famosas conejitas, en las que corre el alcohol, las drogas y parece que los abusos sexuales, porque la condena de entre 3 a 10 años que tiene Bill Cosby por abuso sexual a una joven de 18 años en 2008, cuando él tenía 71 años, ocurrió en la mansión Playboy, y además tiene pendiente otra acusación de abuso sexual sobre una adolescente de 15 años ocurrida en 1974, cuando él tenía 37 años, también en la mansión.

H H inició la senda del enriquecimiento millonario explotando la idea de que el cuerpo de las mujeres es entretenimiento masculino, y enseguida tuvo seguidores.

En 1965 Bob Guccione vivía en Londres, dibujaba caricaturas, regentaba una lavandería, publicaba un pequeño diario y dirigía un servicio de venta por correo de viejos ejemplares de revistas de entretenimiento masculino. Tenía muchas deudas. Conocía la revista Playboy pero le parecía “elitista”, y pensó en publicar una revista más explícita dirigida a hombres “normales y corrientes”. Pidió un crédito de 1.700 libras, editó el primer ejemplar de Penthouse, y usó el correo para enviar su publicación. Fue multado con 264 libras por enviar por correo “material indecente”, pero esta publicidad escandalosa le permitió vender 120.000 copias del primer ejemplar en pocos días, y ahí empezó a hacerse millonario. A principios de los 80 Penthouse vendía 4,7 millones de ejemplares mensuales y su imperio editorial alcanzó un valor de 30 millones de libras. En 1982 Forbes cifraba su patrimonio personal en 400 millones.

Larry Flint fue soldado profesional hasta que en 1964 abre su primer club de striptease, en 1970 tenía 8, y en 1974 aparece la revista Hustler para dar publicidad a sus locales, y tiene que distribuirla él mismo porque las empresas de distribución la rechazan por ser demasiado explícita. Pero Larry Flint estaba convencido de que los hombres de clase trabajadora también tenían derecho a una revista a su gusto, y debió tener razón porque su revista empieza a hacerse popular. En 1976 entra en el negocio editorial y la distribución pornográfica. Ese mismo año fue llevado a juicio por obscenidad y crimen organizado, sentenciado a una pena entre 7 y 25 años, pero la sentencia fue anulada por un tecnicismo (qué “suerte” tuvieron H H y Flint en sus juicios). En 1998 produce películas pornográficas y en 2001 su fortuna se estimaba en 400 millones de dólares.

El éxito de Playboy y sus rivales, el triunfo de la aparente revolución sexual, y el auge del pensamiento liberal, son el caldo de cultivo para el despegue del cine porno en la década de los 70 en Nueva York que, financiado por la mafia, crea un bucle infinito de negocio: la mafia posee la productora que graba el porno, el local en el que se exhibe, las mujeres que “reciben” a los excitados con el porno, muchas de las cuales también aparecen en las películas, y que suministra la droga que consumían prostituidas y prostituidores; también solía ocurrir que las mujeres prostituidas fueran adictas, por lo que eran doblemente explotadas por el mismo miserable, que cobraba de ellas como proxeneta y como traficante, Porno – Prostitución – Drogas. En la actualidad hemos ampliado a Porno – Prostitución – Trata – Drogas (“Es el mercado, amigos”).

Y este es el relato del negocio sexual creado por hombres, para satisfacer las apetencias sexuales de hombres incapaces de afrontar relaciones igualitarias, que pagan para sentirse “superiores” y lo expresan con el desprecio y el trato violento y vejatorio, tanto físico como verbal, por eso en el porno y en la prostitución los mensajes son los mismos: “voy a darte lo tuyo”, “vas a recibir lo que te mereces”, “sé que en el fondo esto te gusta” y generalizado a todas las mujeres, “al final a todas os va la marcha”, “todas vais buscando lo mismo”, “todas sois unas…”. ¿De verdad esta interacción humana puede catalogarse como “relación laboral”? ¿Y a las mujeres implicadas como “trabajadoras”? ¿Qué nos impide entonces considerar a las menores tuteladas y abusadas sexualmente, “estudiantes en prácticas explorando salidas laborales”? (Por cierto, Foucault y Gayl Rubin no habrían tenido inconveniente en considerarlas así, y son considerados como dos ideólogos del erróneamente denominado posfeminismo o nuevo feminismo, para mí son fenomenismos).

Y esta violencia latente, este abuso de poder, esta segregación por la biología, ante la que sigue mirando para otro lado nuestra sociedad y sin tomar medidas realmente efectivas, es la que explota en los asesinatos machistas y sostiene la violencia de género, la pederastia, las violaciones individuales y grupales, todas se sostienen por la misma creencia: la naturaleza humana ha determinado que la mujer esté a disposición del hombre atendiendo a sus mandatos y necesidades, que varían según el punto geográfico y el momento histórico, y en las sociedades occidentales formalmente garantistas de la igualdad, el último bastión donde la desigualdad es soberana es la sexualidad. Por eso el feminismo radical y su denuncia constante de la pornografía y la prostitución exigiendo su abolición, siempre ha sido atacado, y en la actualidad desde frentes aparentemente distintos (troyanos y fenómenas) pero llegando al mismo resultado, el mantenimiento del demente sistema actual. Necesitamos el giro de 180 grados, necesitamos conseguir un modelo de convivencia, la teoría política feminista ofrece uno basado en la igualdad y la justicia social que necesita que lo construyamos entre todos, la comunidad es nuestra fuerza cuando todas/os nos reconocemos como seres humanos en situación de igualdad, y con los mismos derechos y obligaciones.

Nos han mentido y manipulado demasiadas veces, pero esta vez, cuando todo esto acabe, la información acerca de cómo hemos llegado hasta aquí tiene que impedir que vuelva a ocurrir.

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