La anticipación del capitalismo monopolista de Estado en la narrativa de Jack London

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Juan López Páez

 “El poder del nuevo amo no es la automatización del trabajo, sino la gestión algorítmica de la división del trabajo social”
Mario Pasquinelli [1]

Si en el anterior artículo sobre la novela y el film Metrópolis desnudamos el «sistema operativo» actual del capital cognitivo, con Jack London entramos directamente en la anatomía de la violencia del aparato represivo del Estado dibujando las líneas maestras del totalitarismo moderno.

Considerada generalmente como «la primera distopía moderna», la novela El talón de hierro (1908) de Jack London es considerada maestra de la anticipación sociopolítica anterior al 1984 de Orwell. Antes de que el siglo XX descubriera el horror del fascismo, Jack London ya había cartografiado su infraestructura económica. En el tramo de su obra que abarca de 1903 a 1908, que corre en paralelo a su militancia activa en el Socialist Party of America, encontramos al London que lee a Marx, devora El Capital. Consagrado en la cima del éxito comercial decidió abandonar la comodidad de la ficción heroica para advertir sobre una tiranía oligárquica en los propios EEUU y utiliza la narrativa como un manual de denuncia de la explotación laboral y la concentración del capital.

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A diferencia de sus otras novelas de acción y aventuras no solo anticipa el auge de una tiranía oligárquica sino que detalla cómo el gran capital corporativo aplastaría los movimientos obreros y democráticos mediante el control del Estado, los medios y la fuerza militar. Podría decirse que es la novela en la que las ideas socialistas de Jack London se manifiestan con mayor claridad.

La novela utiliza un recurso literario brillante y adelantado a su época: en una sociedad del futuro que finalmente ha alcanzado un socialismo pacífico y utópico, unos historiadores descubren el «Manuscrito Everhard» oculto y hallado siglos después que le sirve de plataforma para exponer sus ideas y predecir el colapso del capitalismo. Abarca los turbulentos años entre 1912 y 1932. La historia está narrada en primera persona por Avis Everhard, una mujer de clase alta que se radicaliza tras enamorarse del líder obrero Ernest Everhard.

A través de las vivencias de la pareja, se narra cómo las grandes corporaciones monopolísticas estadounidenses se unen para destruir las instituciones democráticas, el sistema judicial y los sindicatos. Esta despiadada alianza oligárquica tiraniza al país bajo un régimen de opresión absoluta bautizado como «El Talón de Hierro». La resistencia obrera organiza huelgas generales y revoluciones armadas como la Comuna de Chicago pero son aplastadas brutalmente por los mercenarios de la oligarquía. London demostró una tremenda clarividencia al predecir la profecía del fascismo, cómo respondería el capitalismo si se veía verdaderamente amenazado por el socialismo. Describió el surgimiento de una dictadura totalitaria corporativa basada en el terror, el nacionalismo agresivo y la propaganda masiva décadas antes del auge real del fascismo y el nazismo en Europa

La Comuna de Chicago en la ficción

En el universo creado por London, la Comuna de Chicago no significa una victoria heroica, sino una masacre deliberadamente provocada por la oligarquía para exterminar la resistencia obrera. La resistencia clandestina planeaba una gran revolución nacional. Sin embargo, los espías e infiltrados del Talón de Hierro descubren el plan. En lugar de detenerlo, la oligarquía decide adelantar el estallido social artificialmente en Chicago. Su objetivo era atraer a los líderes revolucionarios a la ciudad y aniquilarlos de un solo golpe.

 London describe con brutalidad el ghetto de Chicago, donde la clase trabajadora ha sido degradada a un estado casi animal por la miseria. Cuando estalla la revuelta, estas masas desesperadas salen a las calles en una masa enfurecida. La novela los describe como «las bestias del abismo«, un río humano atrapado en una furia ciega. La narradora, Avis Everhard, se encuentra atrapada en la ciudad y describe la batalla con realismo apocalíptico. El Talón de Hierro utiliza ametralladoras en las esquinas, bombardea la ciudad desde aeronaves (una predicción de la guerra aérea antes de la Primera Guerra Mundial) y despliega a los «Mercenarios», sus tropas de élite fanatizadas. El desenlace: La revuelta es aplastada por completo. Las calles de Chicago quedan cubiertas de cadáveres, la resistencia es desmantelada y Ernest Everhard es capturado y posteriormente ejecutado. Este evento consolida el poder absoluto de la oligarquía durante siglos.

Una relación analógica e histórica impresionante

 Los acontecimientos descritos en el relato son una premonición de lo sucedido en Buenos Aires en 1919. Lo que Jack London describió en 1908 como una distopía de ciencia ficción ocurrió de manera casi idéntica en la realidad de las calles de Buenos Aires en enero de 1919 durante la Semana Trágica.

1. En la novela de Jack London  los «Mercenarios» del Talón de Hierro colocan ametralladoras fijas en las esquinas de los distritos obreros y disparan de forma indiscriminada para exterminar a la masa sublevada. En la realidad, entre el 7 y el 13 de enero de 1919, el general Luis J. Dellepiane —designado por el gobierno burgués del presidente radical Hipólito Yirigoyen para restaurar el orden— desplegó al Ejército Argentino y a la policía. Por primera vez en la historia urbana del país, se instalaron ametralladoras pesadas Maxim y Vickers en puntos estratégicos de la capital  bonaerense (como las azoteas de la fábrica metalúrgica Talleres Vasena y los alrededores del Cementerio de la Chacarita) disparando ráfagas directamente contra las columnas de obreros en huelga y los cortejos fúnebres. En Buenos Aires, la violenta represión contra trabajadores metalúrgicos en huelga dejó cientos de muertos. Fue una de las numerosas huelga que caracterizan el ambiente social desde principios del nuevo siglo,  partiendo de los talleres Vasena, atrae la solidaridad de varios sectores obreros y otros, y termina paralizando parte de la ciudad: se suspende el transporte, permanecen cerrados los comercios, se vive como en estado de sitio. Para acabar con esta situación, se lleva a cabo una represión férrea a manos de la policía federal, el ejército y los bomberos a los que se juntan milicias privadas de jóvenes nacionalistas.

El comunista Floreal Mazía con su pluma ágil en su novela Enero Rojo, Semana Negra [2] utilizará imágenes que parecen arrancadas directamente de la pesadilla de London.

«Una cuadra más allá veo una iglesia. Escucho estampidos. La casa del Señor vomita fuego sobre los ateos descreídos. Han olvidado Su mandato, «ganarás el pan…» Los representantes del Señor en la tierra llevan uniformes policiales, máuseres modelo 1891, cananas repletas. Después dirán «Sacrilegio, hollaron los altares». Ahora calculan el alza y enfilan la mira y el guión. Después esperan la orden: «Fuego a discreción». Después disparan. Sobre sus cabezas, encima de las ventanas, los santos de piedra están inmóviles para siempre, con la mirada perdida en el reino de los cielos. No perdonan ni aplauden. Abajo, la vida se detiene un instante»

2. Los grupos paramilitares de la élite

En la novela: London describe cómo jóvenes de la alta burguesía e hijos de los oligarcas se organizan en «Milicias Ciudadanas» voluntarias para patrullar, romper huelgas y cazar sindicalistas clandestinos bajo el amparo del Estado. En la realidad: En el Buenos Aires de 1919 nació la Liga Patriótica Argentina. Estaba compuesta por jóvenes civiles de familias aristocráticas y de clase alta que, armados por las fuerzas de seguridad, salieron a las calles en autos descapotables. Se dedicaron a asaltar locales obreros, quemar bibliotecas socialistas y anarquistas , y perpetrar el primer pogrom en el continente americano bajo la excusa de cazar «maximalistas» y «comunistas soviéticos«.

3.  La «trampa» del estallido social

En la novela el Talón de Hierro no detiene la revuelta; permite que los obreros se exalten y salgan en masa a las calles de Chicago para tener la justificación perfecta de masacrarlos a todos y descabezar al movimiento revolucionario. En la realidad: historiadores del conflicto argentino señalan que la intransigencia de la empresa Vasena, combinada con la brutalidad policial inicial el 7 de enero (donde asesinaron a varios obreros), funcionó como un catalizador deliberado. Esto empujó a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) a declarar una huelga general masiva, lo que sirvió de excusa perfecta a la élite económica y militar para desatar una represión a gran escala que dejó cerca de 700 muertos y 4,000 heridos.

Rafael Barrett

Mientras London teorizaba en el Norte, en Sudamérica la distopía ya era un presente empírico, en 1908, exactamente el mismo año de la publicación de El talón de hierro, el hispano paraguayo Rafael Barrett publica “Lo que son los yerbales” [3] libro de crónicas periodísticas y denuncia social que describe la esclavitud en las plantaciones de yerba mate controladas por la empresa monopolística The Industrial Paraguaya. Barrett detalla por un lado la infraestructura económica: el sistema del mensú (el peón de los yerbales). Describe cómo las corporaciones, con la complicidad absoluta del Estado, esclavizaban a los obreros mediante la deuda perpetua en los almacenes de la empresa (la proveeduría). Es la anatomía económica de la explotación pura llevada a la práctica. Y por otro la anatomía de la violencia: Al igual que London en su ficción, Barrett describe cómo el aparato represivo no es un elemento externo, sino un brazo de la corporación. Los capataces armados, la policía y el ejército funcionaban como los «mercenarios» de la empresa privada, persiguiendo, torturando y asesinando a los peones que intentaban huir o sindicalizarse.

Mientras London teorizaba en EEUU sobre cómo la oligarquía corporativa crearía una dictadura totalitaria para salvar sus ganancias, Barrett demostraba en el corazón de Sudamérica que esa dictadura ya existía de facto en los enclaves industriales y agrícolas de la periferia capitalista.

Los textos de Barrett, expulsado de Paraguay y radicado por temporadas en Buenos Aires y Montevideo, son la antesala  que alimentaron el pensamiento crítico y la agitación obrera en el Río de la Plata. La represión feroz que él denunció en los yerbales sentó las bases ideológicas y represivas que la burguesía argentina aplicaría después, a escala urbana, durante la Semana Trágica.

El puente común entre Barrett y Mazía

 Ambos autores logran desmitificar el relato oficial de la «civilización y el progreso» en el Río de la Plata. Barrett demostró que la riqueza agrícola de la región se basaba en la esclavitud oculta en el monte; Mazía con una lírica de la resistencia) reconstruye los sucesos de 1919. Utiliza personajes, diálogos y una prosa fuertemente evocativa y metafórica para capturar la atmósfera psicológica y social de la huelga y la posterior masacre de los Talleres Vasena. Demostrando que la «democracia reformista» de Yrigoyen no dudó en utilizar ametralladoras pesadas  (talón de hierro) contra las familias obreras cuando el sistema operativo del capital se vio amenazado.

El método de análisis conceptual marxista.

La distinción entre los conceptos de distopía de anticipación y crónica materialista radica en el punto de partida metodológico y en el uso del tiempo como herramienta de análisis político. Mientras una proyecta tendencias hacia el futuro a través de la conjetura, la otra desnuda la realidad inmediata analizando las relaciones de producción existentes

1. Al tiempo que la distopía de anticipación trabaja sobre el futuro potencial. Toma las contradicciones económicas y políticas del presente (la acumulación de capital, el control tecnológico) y las estira mediante la hipérbole hasta sus últimas consecuencias. El objeto es advertir sobre lo que podría suceder  (El talón de hierro), la Crónica materialista trabaja sobre el presente empírico. No imagina ni especula;  no necesita inventar personajes ni tramas de ficción, describe las condiciones de vida, los procesos de trabajo y los mecanismos de explotación física y económica que ocurren aquí y ahora en una geografía concreta, como leemos en Lo que son los yerbales de Barrett, o bien la trágica crónica de las calles bonaerenses en 1919 en Enero Rojo, Semana Negra: de Floreal Mazía en las que la ficción especulativa se transforma en realidad factual, el uso de la palabra como un arma de denuncia contra la violencia del Estado burgués en el Río de la Plata.

2.  En tanto que la distopía de anticipación utiliza la alegoría y el recurso especulativo (manuscritos hallados, saltos temporales, sociedades tecnológicas). El autor opera como un sociólogo del futuro que construye un modelo ideal de dominación para desmontar ideológicamente el «sistema operativo» del poder. al contrario la Crónica materialista aplica el método científico y el periodismo de investigación. Utiliza datos duros, testimonios de primera mano, descripción minuciosa de salarios, deudas perpetuas y jornadas laborales. Revela que la infraestructura de la opresión no es una hipótesis de ciencia ficción, sino una realidad cotidiana establecida.

3. La función de la violencia y el aparato estatal

En la Distopía de anticipación, la violencia estatal suele mostrarse como algo sistémico, omnímodo y perfectamente organizado desde la cúspide del poder político-corporativo. El Estado ha alcanzado su fase superior de control automatizado y represivo. En cambio en la Crónica materialista, la violencia es descrita en su brutalidad desorganizada y descarnada. Muestra los cuerpos rotos por el trabajo, la colusión explícita y corrupta entre el capataz de la fábrica y el policía local, y cómo el capital destruye físicamente a la clase obrera en el día a día sin necesidad de un andamiaje tecnológico futurista.

Cinco años antes de escribir la ficción, Jack London se había disfrazado de marinero desempleado y se sumergió durante meses en el East End londinense de 1903 para recopilar datos empíricos en el subsuelo material del Imperio Británico que luego describió en “La gente del abismo”(1903), un estudio crudo sobre la acumulación originaria y la miseria urbana. London demuestra cómo la opulencia de la metrópoli imperialista se sostiene sobre la destrucción física y moral de la clase trabajadora local, convertida en un «abismo» de deshechos humanos. En la realidad actual es el espejo exacto de ese «subsuelo digital» de moderadores y etiquetadores de datos en el Sur Global, la riqueza cognitiva de la IA actual sigue teniendo su East End invisible y precarizado.

 London describe con precisión matemática la transición del capitalismo de libre competencia hacia el capitalismo monopolista de Estado (lo que Lenin teorizaría poco después). El «Talón de Hierro» es la oligarquía financiera que, al ver amenazados sus privilegios por el auge del movimiento obrero, destruye la fachada de la democracia burguesa.

Hoy, en pleno 2026, la crudeza de London en su análisis recobra una vigencia alarmante: el «Talón de Hierro» contemporáneo no viste uniformes militares, sino que opera desde las oficinas de Silicon Valley a través de interfaces amigables, Palantir y la vigilancia algorítmica. Al centralizar los medios de producción digital y los contratos de defensa bajo el monopolio de la Inteligencia Artificial, el entramado corporativo moderno ejecuta la vieja advertencia de London: la tecnología, lejos de ser un agente democratizador, es el blindaje definitivo del aparato represivo del Estado diseñado para descabezar la disidencia de clase antes de que esta logre organizarse.

 London nos sigue interpelando no como una reliquia del pasado socialista de Jack London, sino como un mapa vigente de las dinámicas del poder. Bajo la fachada de una fantasía científica, recurre a las leyes del materialismo histórico para profetizar cómo la oligarquía financiera, al ver amenazada su tasa de ganancia por la organización obrera, destruiría la ficción de la democracia burguesa para instaurar una dictadura corporativa total. La genialidad de London radicó en comprender que la opulencia de las élites —ya sea la oligarquía corporativa de su novela, la burguesía industrial de los Talleres Vasena o los gigantes tecnológicos de Silicon Valley— exige siempre la existencia de un territorio de sacrificio. Ayer fue el East End londinense o el ghetto de Chicago; hoy es el vasto y precarizado subsuelo digital del Sur Global. La violencia ya no solo se ejerce en las esquinas de los distritos obreros, sino en la arquitectura invisible de las redes de datos.

 Leer hoy a Jack London es recordar que, tras la apariencia del progreso tecnológico y cognitivo, el viejo talón de hierro sigue pisando con la misma fuerza, recordándonos que la resistencia y la denuncia siguen siendo, ahora más que nunca, una necesidad histórica. Frente al algoritmo que pretende automatizar el olvido, nuestra única alternativa es la memoria colectiva organizada.


[1] Pasquinelli. Mario (2025) “El ojo del amo. Una historia social de la inteligencia artificial” FCE

[2] Mazía, Floreal (1974) “Enero Rojo, Semana Negra” Ed. Cartago Ba As

[3] Barrett, Rafael (2026) “ Hacia el porvenir” . Ed. Porvenir

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