Cuando 100 bombardeos no mueven un metro de tierra y Trump solo necesita llegar a las elecciones
Arabia Saudí, ha sido arrastrada por Estados Unidos a un frente que no puede ganar, está intentando sacar de Yemen un premio menor para el amo Trump, con el que presentarse a las elecciones de medio mandato. Después del desastre en Irán —donde están empantanados, sin medios para bombardear a gran escala, con bases propias destruidas y limitados a golpes esporádicos a traición—, la estrategia derivó en agitar el avispero yemení. No con tropas propias. Con proxies. El “gobierno oficial” yemení y sus tropas, financiados y dirigidos desde Riad, con 200 asesores militares estadounidenses coordinando objetivos.
Y les ha vuelto a salir rana.

La situación sobre el terreno
EL 5 de octubre las tropas terrestres —yemeníes respaldadas por Arabia Saudí— fracasaron en capturar zonas estratégicas. Más de 100 combatientes saudíes murieron, muchos fueron capturados, el resto huyó bajo fuego de drones FPV y misiles de Ansarolá. El aeropuerto de Zubab y el puerto de Murad fueron tomados y luego recuperados por Ansarolá.
Pero la situación no es tan simple como “Ansarolá gana y punto”. Desde el 7 de octubre, el gobierno títere yemení afirma haber lanzado una contraofensiva que “neutralizó” 1.860 combatientes Houthi . El 8 de octubre reclamaron 2.103 “operaciones de precisión” . Las fuerzas gubernamentales repelieron un ataque en al-Salu, al sur de Taiz , y lanzaron una ofensiva para retomar al-Waziiya, un distrito montañoso clave para el control de Mocha, el puerto del Mar Rojo .
Y el 8 de octubre, internet ha sido cortado en Taiz. Las diferentes informaciones apuntan a una posible ofensiva Houthi a gran escala contra la ciudad .
Taiz aún no ha caído. Está bajo asedio, con combates activos, y la situación cambia por horas. Ofensiva, contraofensiva, posible nueva ofensiva. El conflicto no se resuelve. Se atasca.
Arabia Saudí no puede ganar
Arabia Saudí no puede ganar en Yemen. Punto. Ni el Imperio Otomano pudo, y Erdogan conoce la historia lo suficiente como para no enviar tropas turcas al interior . Pakistán ofrece ayuda pero no enviará soldados a morir en el desierto yemení. Las tropas terrestres son yemeníes, y los yemeníes respaldados por Arabia Saudí están perdiendo terreno frente a una fuerza que lucha en su casa, con drones baratos, misiles y una estrategia de integración de armas que los saudíes no saben contrarrestar.
Estados Unidos no puede meter más tropas sin abrir un tercer frente. Ya tiene a Irán en el este, a Israel en el norte y ahora Yemen en el sur. Los sistemas de defensa aérea están desplegados en Jordania e Israel porque Irán los agotó durante la guerra de febrero . Arabia Saudí está completamente desprotegida: su oleoducto este-oeste ha sido atacado, no puede enviar petróleo al Mar Rojo, y Europa —especialmente Alemania, sin gas ruso desde el sabotaje de Nord Stream— siente la presión energética cada día que pasa .
Trump pidió a China que exportara más diésel. China dijo que no.
Así que la estrategia es: ataques aéreos masivos, propaganda, y esperar. Esperar a que algo cambie. A que Ansarolá se agote. A que Irán intervenga y se pueda culpar a Teherán. A que llegue el invierno y el conflicto se congele.
Pero Ansarolá no se agota. Tiene drones FPV que cuestan una fracción de lo que cuesta interceptarlos. Tiene misiles balísticos que alcanzaron Jeda y el oleoducto en un solo día. Tiene una población que lleva diez años en guerra y que no tiene nada que perder.
La verdadera razón de la escalada
Aquí viene lo que ningún medio te va contar, y por lo tanto, lo que nadie quiere decir en voz alta. Trump está en campaña. Necesita una victoria. O al menos no necesita una derrota visible. Trump declaró “no attack before vote” . No ataque antes de votar. Refiriéndose a Irán

Eso significa que la escalada no es militar. Es electoral. Arabia Saudí, como proxy de EEUU, necesita conseguir un “premio menor” —una foto, un titular, una bandera ondeando en algún sitio— para que Trump pueda decir “estamos ganando”. Y si no pueden ganar, al menos pueden no perder visiblemente. Pueden mantener el conflicto atascado, congelado, hasta que pasen las elecciones.
Pero el problema es que Ansarolá no juega al calendario electoral estadounidense. Ansarolá juega a ganar. Y mientras Trump espera a las elecciones, Ansarolá toma terreno. Turba cayó. Misrag cayó. Taiz está rodeada. Internet cortado hoy sugiere que la próxima ofensiva es inminente.
El atasco inevitable
La tendencia es clara. Otro conflicto que se atasca para Trump. Arabia Saudí no puede ganar. Ansarolá no puede ser derrotado. Estados Unidos no puede meter más tropas. Europa necesita el petróleo saudí que ya no llega. Israel no puede atacar Irán sin aviones cisterna estadounidenses . China no va a ayudar a Trump.
Lo que queda es una guerra de desgaste donde nadie gana y todos pierden un poco cada día. Los yemeníes mueren. Los saudíes pierden instalaciones petrolíferas, capacidad económica y prestigio. Los europeos se quedan sin energía. Los estadounidenses gastan recursos que no tienen. Y mientras tanto, Ansarolá controla Bab el-Mandeb, Irán controla el estrecho de Ormuz, y el mapa se reparte entre los que tienen paciencia y los que no.
La única pregunta que queda por saber es: ¿Cuánto tiempo puede Trump mantener la ficción de que “estamos ganando” antes de que la realidad le estalle en la cara?







