El ataque iraní a las bases de EEUU ¿Por qué los bareiníes celebran el bombardeo de su propio territorio?

0

Édisson @Edisson_hilos @Edisson_hilos

Uno de los blancos legítimos dentro de la respuesta de la República Islámica de Irán ha sido Baréin. Y esto requiere una explicación, porque fuera de la región casi nadie entiende qué es realmente Baréin.

Baréin es una pequeña isla en el Golfo Pérsico gobernada por la dinastía Al Jalifa. Esa dinastía es suní. El problema —o más bien la contradicción política fundamental del país— es que aproximadamente entre el 70 y el 75 % de la población de Baréin es chií. Es decir: una minoría suní gobierna a una mayoría chií. Y no lo hace porque haya ganado elecciones o porque exista una legitimidad democrática sólida. Lo hace porque históricamente fue sostenida por el Imperio británico, cuando Baréin era una colonia o protectorados de Londres. Cuando el imperio británico se retiró formalmente del Golfo, ese sostén pasó a manos de Washington.

Hoy Baréin es un régimen sectario y profundamente represivo con su propia población. Esa población, sin derechos, lleva décadas soportando una dinastía que la subyuga. Para ellos, las bases militares estadounidenses no representan protección, sino el sostén externo de sus opresores. Por eso la población celebra los ataques de Irán contra instalaciones militares de EEUU en la región.

A esa estructura hay que añadir otro elemento típico de las petromonarquías del Golfo: las superélites expatriadas. Ejecutivos, inversionistas, rentistas globales que circulan entre Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait o el propio Baréin. Una capa social completamente desligada de la población local, pero que funciona como base económica y política de esos regímenes. En otras palabras: una minoría gobernante, parásita, sostenida por potencias occidentales y rodeada de élites globales, administra un país donde la mayoría de la población pertenece a otra confesión religiosa y a otros intereses geopolíticos.

Y ese país, además, no es cualquier punto geográfico. En la antigüedad, Baréin era identificado con Dilmun. Para los sumerios y los acadios —es decir, para las civilizaciones mesopotámicas— Dilmun era un lugar especial, casi mítico. Un territorio asociado a la fertilidad, al origen de la vida, a la idea de un jardín primordial. De ahí viene, de hecho, la genealogía de una imagen que siglos más tarde reaparece en otras tradiciones: la del jardín del Edén. Los mesopotámicos situaban ese jardín más hacia el sur de la región del Golfo, en la península arábiga. Con el tiempo, cuando esas mitologías se reconfiguran en otras tradiciones religiosas —incluida la tradición bíblica— el imaginario del Edén se reinterpreta y se desplaza, pero su raíz está en esas cosmologías mesopotámicas.

Ese lugar —con esa carga histórica y simbólica— es hoy gobernado por la dinastía Al Jalifa. Para que nos hagamos una idea, en medio de la crisis actual ni siquiera está claro dónde se encuentra el reyezuelo Hamad bin Isa Al Jalifa. No se sabe si sigue en el país, si salió precipitadamente o si se encuentra refugiado en Arabia Saudí u otro territorio aliado. La situación misma ya dice mucho sobre la fragilidad del régimen. Muchos de los regímenes que Washington ha ayudado a construir en la región carecen de legitimidad política real. No se sostienen sobre consensos sociales profundos, sino sobre estructuras de seguridad, alianzas militares y protección externa. Eso incluye a las petromonarquías agrupadas en el Consejo de Cooperación del Golfo.

Pero además hay otro problema: la dependencia estructural. Durante décadas estos Estados han recibido enormes ingresos petroleros y han sido aliados privilegiados de Occidente. Aun así, muchas de estas economías siguen dependiendo de una sola cosa: los hidrocarburos. No han diversificado seriamente su base productiva. Entonces ocurre algo curioso cuando entran en una lógica de confrontación con Irán. Si EEUU y el sionismo atacan a la República Islámica bombardeando instalaciones petroleras, eléctricas o incluso nucleares, la respuesta simétrica de Irán puede dirigirse contra infraestructuras militares críticas del bloque contrario: del ente sionista o de sus aliados regionales.

Aquí aparece una vulnerabilidad enorme que rara vez se menciona fuera de la región: el mayor problema para Arabia Saudí no es necesariamente que sus hidrocarburos no puedan salir al mercado durante un periodo. El mayor problema es otro. El agua. Gran parte del abastecimiento de agua de Arabia Saudí depende de plantas desalinizadoras. Si esas plantas se vieran dañadas, el país podría enfrentar una crisis hídrica en cuestión de días. En una semana la situación sería extremadamente crítica. Y esto ocurre por una razón sencilla: el modelo de vida que sostienen las élites del Golfo depende completamente de esas infraestructuras. Porque agua en la península arábiga sí existe. Hay manantiales en zonas montañosas. Por ejemplo, en Omán. También en algunos emiratos montañosos de los Emiratos Árabes Unidos. Y en el noroeste de Arabia Saudí, donde hay regiones montañosas en las que incluso se han registrado nevadas. Es decir: agua hay para las poblaciones locales. Lo que no hay es suficiente agua para sostener el estilo de vida extremadamente derrochador, obsceno, de la cúpula saudí y de las élites económicas occidentales que orbitan alrededor de lugares como Dubái, Abu Dabi, Doha, Manama o incluso Kuwait. Ese modelo urbano artificial —hecho de rascacielos, consumo energético descomunal y turismo de lujo— depende de infraestructuras muy frágiles. Por eso, cuando se habla de escaladas militares en la región, la cuestión del agua se vuelve inmediatamente estratégica.

Y en ese contexto, la capacidad de respuesta de Irán genera un profundo temor en las monarquías tiránicas, que ven amenazada la comodidad y los privilegios sobre los que sostienen su poder. Más aún cuando las poblaciones que mantienen sometidas podrían, en cualquier momento, voltear la mesa y hacer caer por el suelo el festín del que hoy disfrutan.

Este hilo está basado en las reflexiones de Christian Nader sobre Baréin y las monarquías del Golfo, su historia, geopolítica y papel en el tablero internacional.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.