Con la que está cayendo el Congo merece muchas miradas

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Julián Gómez-Cambronero Alcolea @CongoActual elcongoenespanol.blogspot.com

Con la que está cayendo, ¿a quién le va a importar lo que pasa ahora en el Congo… si en días más tranquilos tampoco importa? Pues debería. Siempre, por la continua tragedia humana que allí se vive -y se muere- y por la estrecha relación que ésta tiene con nuestro mundo y nuestra sociedad de consumo y, para quien le importe poco lo que les pase a otros, por su relevancia mundial.

A quien leyó mi primer artículo en este medio le sonará el M-23, Paul Kagame y un pequeño etc. que nombraré a continuación. El M-23 (Movimiento 23 de marzo) es un grupo armado tutsi congoleño que combatió durante 2012-2013 y resurgió en noviembre de 2021. No veremos en él desarrapados armados, como en tantos otros grupos congoleños, porque estamos hablando de casi un ejército de varios miles de hombres, pertrechado por Ruanda. Esto ocurre desde que hace unos años, el régimen de Kigali fue más allá de sus habituales incursiones armadas en el Este congoleño y el control del contrabando de valiosos minerales y dio un paso, o muchos, adelante con esta rebelión del M-23.

LOS OBJETIVOS DEL M-23

En una conversación por correo electrónico reciente con Debora Kayembe, congoleña expatriada en el Reino Unido y hasta hace poco rectora de la Universidad de Edimburgo, me decía sin dudar cuáles eran los objetivos de esta rebelión: Puedo confirmar que existe la intención de tomar el poder en Kinshasa mediante la rebelión; también existe un claro impulso hacia la balcanización de la República Democrática del Congo con miras a la creación de un estado hima/tutsi (en el Este de la República Democrática del Congo). Derrocar al gobierno, controlar más minerales y dar un Estado a los tutsis congoleños, en definitiva.

Y hasta ahora, hablando en términos militares, no les había ido nada mal. En frente tienen un Ejército de oficiales corruptos, que más de una vez se quedan con la paga de los soldados o venden armas al enemigo y que actúan descoordinadamente entre Kinshasa y el frente. Los soldados cobran poco, mal y tarde. Los que verdaderamente se le han enfrentado y hecho daño al M-23 son los denominados “wazalendo” -patriotas-, grupos armados habitualmente enfrentados entre sí y contra el Ejército que hicieron causa común entendiendo la nueva rebelión del M-23 como una nueva invasión ruandesa del suelo patrio. Además, el M-23 siempre ha tenido el apoyo cuando ha hecho falta de la Fuerza de Defensa Ruandesa (FDR) -el Ejército ruandés- con armas, hombres y hasta interferencias en los instrumentos de aviación de la zona desde el lado ruandés, con riesgo para la aviación civil.

Los logros del M-23 han sido muchos, ocupando grandes extensiones de terreno -primero en la provincia de Kivu del Norte y luego entrando en la del Sur-, ricas minas -incluida la mayor reserva mundial de coltán en Rubaya- y ciudades como la de Goma y Bukavu. Éstas dos últimas conquistas supusieron casi un paseo militar porque en ambas primero huyeron los jefes y después casi todos los soldados.

El M-23 desde sus inicios ha “vendido” el mensaje de que venía a liberar al pueblo congoleño de la tiranía de Kinshasa, por lo que no ha utilizado las habituales prácticas de otros de aterrorizar a la población allí por donde pasaba, pero no tiene piedad para quien se le opone -o ellos sospechan que se le puede oponer o colaborar con el enemigo- y es sospechoso de varias masacres de las que habitualmente no se investigan. Además, practica habitualmente el secuestro de decenas o cientos de jóvenes que incorpora forzosamente a sus filas y, como todos los demás grupos, incluido el Ejército, sus hombres son responsables de cientos de violaciones a mujeres. Y, aunque también ignorado, cuenta con un crimen de guerra y contra la Humanidad cuando tras tomar la ciudad de Goma obligó a cientos de miles de personas que vivían en sus arrabales en indignos campamentos de desplazados por la guerra a abandonarlo sin garantía alguna de lo que encontrarían al volver a su tierra o vagar por los caminos.

Desde el exterior el M-23 y su patrocinador Ruanda apenas han recibido presiones más allá de las típicas airadas y vacías condenas desde la comunidad internacional y algunas sanciones ineficaces a sus líderes, pues el flujo de armamento y apoyo nunca ha cesado desde el régimen de Kigali. El Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho lo que ha podido, como la conocida e ignorada resolución 2773 de febrero de 2025, tras la toma de Goma, que exigía la salida del Congo del M-23 y las fuerzas ruandesas. Las diferentes fuerzas regionales de paz que han intervenido en estos años en el conflicto han procurado enfrentarse lo menos posible al M-23 -y aún así han tenido pérdidas humanas- con la excepción del Ejército de Burundi, enemigo acérrimo de Ruanda.

Y EN ESO LLEGÓ TRUMP

Pero, como en otros lugares, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca lo cambió todo. En el Congo tenía dos objetivos: firmar -que no conseguir- un acuerdo de paz que sumar a su nómina para candidato al Nobel y conseguir todas las minas posibles y hacerle sombra a China. El acuerdo de paz se firmó (27 de junio de 2025), pero lo único que se consiguió fue que la guerra se enconara más.

Refrendado el acuerdo de paz por el propio Trump el 4 de diciembre, unos días después el M-23 hacía -como siempre, y como todos- caso omiso al alto el fuego que contenía y conquistaba una importante ciudad frente a la costa burundesa del lago Tanganica: Uvira. El M-23 y Paul Kagame dejaban claro que Trump no iba a marcar su ambiciosa agenda y éste quedaba internacionalmente ninguneado en sus procesos de paz. El gran amigo ruandés se convirtió en enemigo y militares y mercenarios norteamericanos -según fuentes tan fiables como la Agenzia Fides y Reuters- empezaron a colaborar con el ineficaz Ejército congoleño en su contraofensiva. El M-23 comenzó a sufrir derrotas -sobre todo desde el cielo, con ataques de helicópteros y drones- como nunca antes y se retiró de Uvira.

Pero había más. Una de las principales joyas que ambicionan los empresarios norteamericanos asociados con la Administración Trump para controlar las minas congoleñas es Rubaya, la mayor reserva de coltán del mundo… que no está en poder del gobierno congoleño, sino del M-23. A la par de esto, la RDC se ha convertido en socio estratégico de EEUU y le ha presentado una lista de importantes minas que sus multinacionales podrán gestionar en condiciones ventajosas… Entre ellas Rubaya, a pesar de no poseerla.

Si ya el Ejército congoleño estaba cercando Rubaya, este anuncio de que sus minas quedaban a disposición norteamericana condujo a que poco después un certero ataque con drones -que son manejados por “pilotos” extranjeros, pues los militares congoleños aún no están capacitados- acabó con la vida de parte de la cúpula militar del M-23.

Pero esta historia continúa: ni Ruanda ni el M-23 ceden. Por esas artimañas de geopolítica, Paul Kagame a través de un senador norteamericano ha frenado las sanciones contra Ruanda -que han quedado en sanciones contra algunos oficiales y las propias FDA- y sigue suministrando ayuda al M-23 para retener Rubaya y su coltán y su casiterita, a pesar de que más de la mitad del presupuesto ruandés proviene de ayuda exterior… Continuará.

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