109 años de la «Declaración Balfour»: hay que exigir responsabilidades a Gran Bretaña; desde el río hasta el mar, Palestina vencerá

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Samidoun, Red de Solidaridad con las Presas y Presos Políticos Palestinos

En el aniversario de la infame y colonial Declaración Balfour del Imperio Británico, que proclamaba manifiestamente el derecho a un «hogar nacional judío» en la Palestina colonizada, la Red de Solidaridad con los Presos y Presas Palestinas Samidoun reitera su exigencia de justicia y rendición de cuentas por parte del Estado británico y sus aliados internacionales, al tiempo que conmemoramos más de un siglo de resistencia, lucha y revolución palestina. 109 años después de la firma de la declaración, la complicidad británica en el proyecto sionista es más evidente que nunca, ya sea a través de las misiones de reconocimiento de la RAF que colaboran con el genocidio en Gaza, la acogida de fabricantes de armas israelís en territorio británico, la represión generalizada contra quienes más se comprometen con la lucha palestina o la calificación de Palestine Action como organización terrorista.

La Declaración Balfour, la carta que el ministro de Asuntos Exteriores británico y ex primer ministro Alfred Balfour envió en 1917 a Walter Rothschild, un destacado líder sionista en Gran Bretaña, se comprometía a apoyar un «hogar nacional para el pueblo judío» en Palestina, que en aquel momento formaba parte del Imperio Otomano. La Declaración Balfour formaba parte de los planes imperiales y coloniales en la región, junto con el acuerdo Sykes-Picot, que establecía la división colonial del mundo árabe en beneficio de Gran Bretaña y Francia. El apoyo al proyecto sionista encajaba perfectamente en esta categoría. El propio Theodor Herzl solicitó a Cecil Rhodes apoyo para el proyecto sionista en Palestina calificándolo de «algo colonial», mientras que Chaim Weizmann se comprometió a «constituir una guardia muy eficaz para el canal de Suez». El sionismo es, y siempre ha sido, racismo, colonialismo e imperialismo.

El propio Balfour fue un claro ejemplo de estadista colonial racista y supremacista del Imperio Británico. Como secretario para Irlanda, supervisó la masacre de Mitchelstown, en la que se disparó y mató a arrendatarios que protestaban, y se opuso a la autonomía de Irlanda. En Sudáfrica, fue un activo defensor de la fallida ofensiva imperial británica durante la Segunda Guerra de los Bóers. En la Cámara de los Comunes, defendió que la «privación de derechos» de los y las sudafricanxs negrxs nativxs estaba justificada porque «las razas blanca y negra no nacen con las mismas capacidades». Lejos de ser un defensor de los derechos de los judíos que se enfrentaban a la opresión y el odio en Europa, Balfour, como primer ministro en 1905, aprobó la Ley de Extranjería, destinada específicamente a excluir de Gran Bretaña a los judíos de Europa del Este.

La declaración se convirtió en una piedra angular de la política británica durante el período del Mandato y contribuyó a crear las condiciones para la creación de Israel en 1948. Bajo la administración colonial británica, las instituciones sionistas y las organizaciones militares se expandieron, mientras que la resistencia política palestina se enfrentaba cada vez más a la represión. Las autoridades británicas facilitaron el crecimiento del proyecto sionista, entre otras cosas mediante la cooperación militar, el entrenamiento y el armamento de las fuerzas que más tarde desempeñarían un papel fundamental en la creación de Israel.

Las consecuencias resultaron catastróficas para la población palestina durante la Nakba de 1948, cuando aproximadamente 750.000 palestinos y palestinas fueron expulsadxs u obligadxs a huir de sus hogares. Cientos de pueblos y localidades palestinas quedaron despoblados o fueron destruidos, y la mayoría del pueblo palestino se vio obligada a convertirse en refugiadxs. La Nakba no fue un acontecimiento histórico aislado, desconectado de la política británica anterior. Debe entenderse en el marco del proceso histórico más amplio de la intervención colonial, el despojo de tierras y la negación sistemática de los derechos políticos de la población palestina.

La historia de Palestina desde 1917 no es solo una historia de expansión colonial y despojo. Es también una historia de resistencia constante. Desde manifestaciones populares y levantamientos masivos hasta la organización política y la solidaridad internacional, sucesivas generaciones de palestinos y palestinas han desafiado la dominación colonial. Las revueltas de 1922 y 1929, la gran revuelta palestina de 1936-1939 y la resistencia en torno a la Nakba y las décadas posteriores forman parte de una lucha continua por la libertad y la autodeterminación.

La Gran Revuelta Palestina se enfrentó a una represión británica devastadora [*]. Miles de personas fueron encarceladas, se demolieron viviendas y se ejecutó a los líderes de la resistencia. Las autoridades británicas recurrieron al castigo colectivo, la fuerza militar y las detenciones masivas para sofocar la resistencia palestina. Estas prácticas sentaron las bases de un legado de represión que continuaría bajo el dominio israelí: de hecho, la práctica de la «detención administrativa» del régimen sionista —el encarcelamiento sin cargos ni juicio, basado en un «expediente secreto» al que no tienen acceso ni el detenido o detenida ni su abogadx— tiene su origen en el mandato británico. Hasta el día de hoy, se utiliza de forma habitual contra los y las palestinas, especialmente contra líderes comunitarios, militantes y personas influyentes en sus ciudades, campamentos y pueblos. La política de demoler las viviendas de los presos y presas palestinas —y las de sus familias— también se trasladó a la entidad colonial sionista a partir de las «leyes de emergencia» británicas.

Este año, la entidad sionista aprobó la «ley de ejecución» dirigida contra lxs presxs palestinxs. Esta ley pretende legitimar la práctica colonial, aún vigente, de asesinar a lxs presxs, ya sea mediante tortura, malos tratos o la denegación de asistencia médica. Estxs presxs se encuentran en primera línea de la resistencia palestina y, a menudo, son ellxs mismxs lxs líderes del movimiento de liberación; sus asesinatos constituyen un intento de asfixiar al pueblo palestino y su voluntad de resistencia. La soga del verdugo se especifica en el texto de la ley. Al igual que la «detención administrativa», esta ley recuerda la política de ejecuciones británica contra los palestinos que se resistían. Fouad Hijazi, Mohammad Jamjoum y Ataa al-Zeer, tres presos revolucionarios palestinos ejecutados por los británicos en 1930, se convirtieron en iconos del movimiento de lxs presxs, mientras que la canción en su honor, «Desde la prisión de Akka», ha seguido siendo uno de sus himnos durante casi un siglo.

Gran Bretaña nunca ha asumido ni reconocido su responsabilidad histórica por la colonización de Palestina. El Gobierno británico emitió la Declaración Balfour, administró el Mandato, facilitó la expansión del proyecto sionista y reprimió violentamente la resistencia palestina. Los británicos han seguido siendo cómplices de la ocupación sionista y del genocidio durante los 109 años transcurridos desde la declaración: las fuerzas armadas británicas han prestado apoyo directo a los crímenes de genocidio cometidos por la entidad sionista en Gaza desde el «Diluvio del Aqsa»; hoy en día, Gran Bretaña alberga numerosas fábricas de armas israelíes y la industria armamentística israelí está profundamente entrelazada con el ejército británico; Gran Bretaña ha llevado a cabo una campaña de represión contra quienes se solidarizan con Palestina, que culminó con la designación de Palestine Action como organización terrorista en 2025.

En 2026, cuatro militantes de Palestine Action fueron condenadxs a una pena total de más de 25 años de prisión, después de que un juez dictaminara que podían ser consideradxs terroristas por haber causado graves daños a una fábrica de armas israelí en Bristol en 2024. Hay docenas de presos y presas solidarixs con Palestina y activistas de Palestine Action a la espera de juicio en los tribunales británicos por llevar a cabo acciones contra fábricas de armas sionistas e imperialistas, así como numerosxs palestinxs encarceladxs en prisiones británicas a raíz de solicitudes de extradición extranjeras basadas en información de los servicios de inteligencia «israelíes». Desde la ilegalización de Palestine Action, más de 3.000 personas han sido detenidas por expresar su apoyo al grupo, y esta semana, los días 4 y 5 de noviembre, el Tribunal Supremo británico examinará el recurso judicial contra dicha ilegalización. Cabe señalar que militantes de Palestine Action destruyeron un retrato de Arthur Balfour en el Trinity College de Cambridge en 2024 y se llevaron dos bustos de Chaim Weizmann de la Universidad de Mánchester, enfrentándose tanto al simbolismo como a la realidad material de la responsabilidad y la complicidad británicas en los crímenes sionistas.

Por supuesto, la ilegalización de Palestine Action se inscribe en el marco de la ilegalización de las organizaciones de resistencia palestinas y de muchas organizaciones de resistencia regionales: Hamás, la Yihad Islámica Palestina, Hezbollah y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, entre otras. Según la legislación británica —tal y como se ha aplicado de forma contundente en el caso de Palestine Action—, el mero hecho de expresar apoyo verbal a una organización proscrita constituye en sí mismo un delito punible con años de prisión. Gran Bretaña no solo es responsable del proyecto genocida sionista en Palestina, tanto históricamente como en la actualidad, sino que además criminaliza incluso las expresiones verbales de apoyo a quienes dan su vida para poner fin al genocidio, independientemente de que se trate de grandes movimientos políticos de masas e incluso de instituciones estatales.

La Declaración Balfour sigue siendo un símbolo perdurable de la responsabilidad colonial británica en el despojo del pueblo palestino. Más de un siglo después, Gran Bretaña aún no ha reconocido de manera significativa su papel. Como potencia imperialista, hoy aliada de Estados Unidos, sigue apoyando firmemente el proyecto sionista, al tiempo que participa en los ataques contra Irán, Yemen y Líbano. La historia de la Declaración Balfour no es, por lo tanto, simplemente un capítulo del pasado colonial de Gran Bretaña, sino una representación continua de su realidad imperialista. Forma parte de una lucha que no cesa, que vincula la resistencia de la población palestina bajo el Mandato británico con lxs presxs, lxs refugiadxs, las comunidades y la resistencia que se enfrenta hoy al colonialismo sionista.

Desde la horca de la prisión de Akka hasta las cárceles actuales, desde los pueblos destruidos durante la Nakba hasta las comunidades que hoy resisten el desplazamiento, la lucha palestina ha perdurado a lo largo de generaciones. Al conmemorar los 109 años de la promesa ilegítima de Balfour, reafirmamos nuestro compromiso con los presos y las presas palestinas y con la liberación de Palestina, desde el río hasta el mar. Un siglo de colonialismo no ha quebrado la determinación del pueblo palestino de resistir, y ninguna declaración, ley o prisión puede extinguir su lucha por la liberación y el retorno.

Fuente: Comunicado Samidoun

[*] Nota El Común: Notas al pie de Palestina 36

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