Esta entrada se enmarca en el dosier que el diario elcomun.es presenta para este Primero de Mayo, en estos momentos en los que más que nunca necesitamos movilización. Como medio apostamos por la alianza fraternal contra toda opresión, toda explotación y por la paz. Frente al rearme, respuesta obrera.
La vivienda se contempla como el mayor problema de España según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas
(CIS), y sube a un 28,8%, casi medio punto más con respecto al barómetro de marzo tras las manifestaciones masivas por todo el territorio para denunciar la dificultades para acceder a la misma.
Alquiler y salarios
Los alquileres han subido en 2024 cinco veces más que lo que lo han hecho los salarios. El resultado de este desajuste para la clase obrera que además no es propietaria de ningún inmueble, es que el esfuerzo de los inquilinos para poder pagar por su vivienda es cada vez mayor. El año pasado, de media, tuvieron que destinar el 47% de su salario bruto, 4 puntos más que el año anterior y 9 más que en 2019.
Según sus datos en 2024, «el precio de la vivienda en alquiler en España cerró con un incremento anual del 14% y situó el precio en diciembre en 13,29 euros/m2 al mes. Esto supone que, teniendo en cuenta el salario bruto medio de España registrado por las diferentes plataformas de empleo, que en 2024 era de 27.060 euros (2.255 euros brutos mensuales si lo dividimos en 12 pagas); los españoles tuvieron que dedicar un 47% del sueldo al pago de una vivienda de 80 metros cuadrados en alquiler». El porcentaje del salario de los inquilinos destinado a pagar la vivienda ha pasado del 38% entonces a ese 47% y supera con mucho las recomendaciones. Es «una cifra muy por encima del 30% recomendado por los organismos de control oficiales»
«Además, el aumento de 4 puntos porcentuales en tan solo un año evidencia un cambio radical en el arrendamiento, lo que agrava la inaccesibilidad a la vivienda y podría generar problemas de precariedad habitacional a largo plazo” según los expertos.
En 2024, el salario medio ha subido un 3,1% en hasta alcanzar los 27.060 euros brutos. Aunque este crecimiento permite una ligera recuperación del poder adquisitivo, las elevadas tasas de inflación de los últimos años han reducido la capacidad de compra de la clase obrera, a lo que se suma el alza de precios del alquiler, que continúa su escalada.
La situación es generalizada aunque especialmente grave en comunidades como Madrid donde los inquilinos tienen que destinar el 71% de su salario bruto para poder pagar el alquiler, en Cataluña es el 64% y en Baleares más del 60%.
En la crisis de 2008 el problema fundamental en torno a la vivienda fue la hipoteca, que se volvió impagable para amplios sectores de la clase obrera. Desde de la crisis anterior, creció la demanda de alquiler, porque no había dinero para comprar, que era el fin tradicional. Se produce entonces la ruptura del modelo de compra. Además, el desempleo fue creciendo al tiempo que los salarios bajaban. Esta subida vertiginosa de los alquileres se vivió de forma especialmente intensa en zonas tensionadas de las ciudades, víctimas de los procesos de gentrificación y turistificación.
Bien de mercado y concentración de propiedad
La concentración inmobiliaria es una realidad en España. Mientras que una parte importante de la población no cuenta con propiedades, otra acapara grandes carteras de inmuebles. Así, hace diez años, España contaba con 255.197 grandes tenedores, es decir, personas con más de diez edificaciones urbanas a su nombre. Una década después, la cifra asciende a más de 307.000, más de 50.000 nuevos grandes propietarios. Por su parte, aquellas personas o sociedades que tienen entre seis y diez bienes inmuebles registrados son quienes experimentan la mayor subida: un 30% más en los últimos diez años. Finalmente, los grandes tenedores (con más de diez edificaciones) crecen algo más de un 20%.
Estamos en un contexto en que la participación de la renta del trabajo frente a la del capital sigue perdiendo peso. Lo que recibe la clase obrera en relación a la producción es cada vez menor. La vivienda es solo una parte, no menor, puesto que tener un lugar donde vivir es una necesidad, del expolio que está sufriendo nuestra clase.








