F A L L A M O S: Que debemos absolver y absolvemos a LUIS OCAÑA ESCOLAR, ANGEL VELASCO GOMEZ, RAFAEL MORENO PEREZ y OSCAR REINA GOMEZ, y al SINDICATO ANDALUZ DE TRABAJADORES UNIÓN LOCAL DE SEVILLA, como responsable civil directo, de los hechos objeto de acusación, con todos los pronunciamientos favorables.
Así termina un calvario de 10 años para mis compañeros del SAT. Aún hoy, tras casi dos semanas, no puedo evitar emocionarme.
El pasado 3 de marzo, después de que se aplazara una y otra vez, con el alargamiento de la condena “sin condena”, se pudo celebrar el juicio.
La Acusación Particular, la empresa Domifon, extinguida ya hace algunos años (curiosamente ese dato era desconocido hasta el mismo día del juicio), calificó los hechos (una publicación en redes sociales donde se afirmaba que empresas como esta eran los “negreros del siglo XXI”, hechos que ratificó la Inspección de Trabajo en su día con una multa de 70 mil euros) como constitutivos de:
A)- Un delito de injurias del art. 208 CP en relación con el art. 209, 211 y 212 del Código Penal.
B)- Un delito de calumnias del art. 205 y 206 CP en relación con el art. 211 y 212 del Código Penal
C)- Un delito de incitación al odio del art. 510.1. B del Código Penal., solicitando las penas siguientes por el delito:
A) la pena de 12 meses de prisión a cada uno de ellos.
B) la pena de un año y medio de prisión cada uno de ellos
C) la pena de un año de prisión a cada uno de ellos.
Igualmente, se pedía que fueran condenados a abonar solidariamente a la empresa DOMIFOM SL y a D. LUIS D. C., la (desproporcionada) cantidad de 60.000 euros que “abonarán de forma solidaria en concepto de daños morales y perjuicios económicos sufridos por el Sr Domínguez y su empresa resultando responsable civil directo el SINDICATO ANDALUZ DE TRABAJADORES/AS –SAT”.
Podríamos extendernos hablando de la vulneración de la libertad sindical, un derecho fundamental, podríamos hablar o cuestionar la manera de actuar de la acusación, podríamos hablar de la justicia.
Pero vengo a hablar de Luis, Ángel y Fali. Esos tres que, sentándose en un banquillo, con la cabeza alta, son ejemplo de lucha porque no quieren estar en primera fila. Los que celebran la absolución como si ganara el Sevilla. Los imprescindibles, los que no quieren salir en las fotos, los que prefieren entrar por la puerta trasera al juzgado porque no quieren ser carne de prensa. Los que predican con el ejemplo.
Fali, ese hombre que no tiene iguales en integridad y honestidad. Que da su vida por el sindicato y por la clase trabajadora. Su familia y su sufrimiento durante años, también han sido absueltas ese día. Ana Mari, su mujer, tan pequeña y tan grande, nunca lo deja solo. Siempre me cuenta que “se perdió la niñez de sus hijas, que no vivió cuando aprendieron a montar en bici” porque “siempre estaba en sindicato, negociando con una empresa y otra, defendiendo a una trabajadora”.
El incombustible, el comandante, EL SINDICALISTA. El que los sindicatos que son “el brazo ejecutor de este gobierno” amenazaron con matarlo, por haber demandado un convenio indecente.
Luis, siempre a su lado, creando el sindicato desde los cimientos, “el que se conoce las entrañas de la organización”, el que me dice que me saque la carrera de derecho “porque va a ser un paseo para nosotros que estamos todos el día en la pelea”.
Ese abogado humilde, que afirma que “Vivimos una realidad donde el incumplimiento laboral está generalizado. No hay más que ver el número de contratos temporales –que deberían ser excepción- o realizar una auditoría en cualquier empresa, empezando por las públicas. La precariedad es una de las caras amargas del neoliberalismo y estamos instalados ahí. En esta situación, la cosa es clara: quien incumple, gana”.
Ángel, el más callado, el más reservado, el que siempre se pone atrás para escuchar. El que siempre tiene un plan B y una propuesta para hacer funcionar las cosas. Otro que cree en el sindicalismo de verdad, en que construir una alternativa es posible.
En tiempos críticos, de absoluta atomización de la clase obrera, es una suerte poder codearse con personas como ellos tres, que siempre están con el sí por delante a cada propuesta, pero que nunca pondrían en peligro la situación de otro por una satisfacción personal o en nombre de unas letras.
Tres andaluces sencillos, pero con una conciencia de clase que es raro encontrar.
¡Hasta la victoria siempre!







