Creyentes

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Por Pilar Aguilar Carrasco

Los seres humanos somos seres creyentes. 

Pero, todas las palabras de ese campo semántico (creer, creyente, creencia…) son extremadamente polisémicas, de modo que para juzgar con criterios coherentes y razonables una creencia es preciso determinar su grado de conexión con la realidad, los fines que persigue y las consecuencias que acarrea, tanto personal como socialmente.

Así, pensar que es posible avanzar en igualdad, justicia y hermandad es una creencia, no una certeza. Es una hipótesis, pero una hipótesis verosímil (igual que también es verosímil la contraria: que la humanidad se hunda cada vez más).

Otras creencias son ilógicas, absurdas, claramente irracionales y contrarias a la evidencia científica. Verbi gratia: la tierra es plana; el sexo no es biología sino solo género, (es decir, construcción cultural); Jesucristo nació de una virgen fecundada por un espíritu en forma de paloma; hay razas humanas (y algunas son superiores a otras), etc. etc.

Las creencias, tanto las verosímiles como las claramente disparatadas pueden ser irrelevantes o, por el contrario, acarrear importantes consecuencias. El terraplanismo es descabellado pero intranscendente, no tiene poder para dañarnos. El sexoplanismo transactivista, por el contrario, tiene en la actualidad muchísimo poder y está dañando gravemente a niños, niñas, adolescentes y, además, dinamita la base en la que se asienta la lucha feminista.

En resumen: no todas las creencias son equiparables. Difieren en su grado de conexión con la realidad, su coherencia y su racionalidad y difieren en su potencial y su capacidad de perjudicar o beneficiar a la humanidad y al planeta que habitamos.

A mí ciertos creyentes me desconciertan. Por ejemplo, Illa, President de la Generalitat de Cataluña, cuando confesó su adhesión a lo que él denomina “humanismo cristiano”. En efecto, resulta que la Iglesia católica se opone a varias leyes vigentes en nuestro país: divorcio, aborto… Además, no es una organización democrática y, sobre todo, no respeta la Constitución que en su Artículo 14 prohíbe la discriminación por razón de  sexo. Algunas personas dirán: “Seguro que Illa sí defiende la legalidad y la igualdad de mujeres y hombres”. Entonces – dado su cargo y la transcendencia de sus palabras- ¿por qué no aclara que su “humanismo cristiano” difiere radicalmente de los “valores” oficiales de la Iglesia? Al callar, no solo otorga sino que hace propaganda de esa ideología patriarcal, anticonstitucional y reaccionaria. Claro que en oportunismo el PSOE no le va a la zaga al no exigir de Illa una explicación sobre tal arenga religiosa. 

Si viviésemos en un estado coherente, Illa no podría pregonar sus pías creencias en un acto civil oficial (aunque en privado practique la que tenga a bien). Y, por supuesto, tampoco un estado coherente financiaría con más de 13.000 millones de euros anuales a una organización anticonstitucional, ni le dejaría adoctrinar a las nuevas generaciones en los centros de enseñanza. 

También me desconciertan las creyentes del PSOE, esas que siguen manteniendo que su partido es feminista. Cierto, el PSOE legisló a nuestro favor, sí, pero hace la friolera de 20 años…  Y ahora lleva seis legislando en contra de nuestros intereses. Seis años promoviendo leyes que dinamitan la base de la agenda feminista: ser mujer (u hombre) se elige, luego, si no estás contenta con tu sexo, cámbiate al otro pues ya no se trata de dinamitar las imposiciones genéricas sino de elegirlas a la carta. Claro que detrás de esa cosificación del cuerpo está el gran negocio de las farmacéuticas y de las clínicas de cirugía estética. 

Seis años sin atacar la comercialización de nuestro cuerpo (vientres de alquiler, prostitución), ni la pobreza de las mujeres, su empleo precario, su salud, su doble jornada, la violencia sexual, física y psicológica que sufren.

Las creyentes del PSOE justifican todo por “los pactos”. Olvidan un “pequeño” detalle: en un pacto se transige con lo que se considera transigible. Pues eso: para el PSOE los derechos, la vida, el bienestar de las mujeres son transigibles. Las creyentes del PSOE no quieren ver que su partido es el principal responsable del actual estado cosas puesto que ninguna ley existe sin que la apruebe el Consejo de Ministros y el Parlamento. Y en ambas instituciones manda el PSOE.

Las creyentes del PSOE esperan tiempos mejores… Sí, eso esperamos todas las feministas, aunque la pregunta es ¿cómo conseguir que lleguen esos tiempos? ¿Refunfuñando pero aguantando y sosteniendo el entramado? Cierto, las mujeres estamos educadas para soportar el maltrato, tanto en la vida privada como en la pública: “Sí, me pega, me desprecia, me ningunea, pero, en el fondo, me quiere y algún día se dará cuenta”. 

Otras feministas, y hablo concretamente de las del Partido Feministas al Congreso, pensamos que debemos plantar cara, retar políticamente al patriarcado. Luchar por tener voz en las instituciones y el parlamento. 

Cierto, aún estamos lejos de conseguirlo, pero nuestra determinación es fuerte, no vamos a rendirnos. No vamos a quedarnos en un rincón quejándonos ni esperando a ver si el “señorito” se conmueve. 

1 COMENTARIO

  1. Pilar Aquilar, como siempre sin pelos en la lengua, hace la critica al gobierno por su posicion contraria al feminismo del que se hace abanderado y señalando como ha legislado en contra de las mujeres. Y es que estamos de acuerdo en el daño que se está produciendo a la infancia y adolescencia con la Ley Trans y no nos cansamos de recordarlo. No nos cansaremos….

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